María Cecilia Botero, hija del libretista y director Jaime Botero Gómez, viuda del cineasta David Stivel y madre del director Mateo Stivel Botero, es un pilar del arte escénico colombiano con más de cinco décadas de trayectoria en televisión, cine y teatro. En 2026 su voz resuena con autoridad al hablar de retos del gremio. Desde su personaje en su próxima película, La tía Maga, hasta reflexiones sobre maternidad y empoderamiento en la industria, Botero disecciona el oficio que ha marcado a tantas generaciones. SEMANA conversó con ella.
María Cecilia Botero acaba de desprenderse del rodaje de La tía Maga, ópera prima de Luna Palacios con ecos autobiográficos de su propia directora. “Acabamos de terminar de rodar. Estamos todavía en pañales, vamos a ver para cuándo sale. Es una película que Luna Palacios escribió y dirigió, y que tiene cosas medio autobiográficas de ella. Es una película dura, muy dura, fuerte, pero creo que es bien bonita”, revela la actriz con la cautela de quien conoce el montaje final.
Su rol centraliza el drama: “Soy la mamá de una niña que sufre cosas muy horribles y soy una mamá un poco rara, porque no fui la mamá que esa niña necesitaba y las consecuencias se ven. No quiero hacer spoiler. Mi hija, que es la sobrina de la tía Maga, se encariña mucho con esta tía, se envuelve mucho con ella y eso trae unas consecuencias horribles”.
Temas como abuso y dinámicas tóxicas prometen impacto, en un cine colombiano que sigue haciéndoles contrapeso a taquillas hostiles. Este proyecto subraya su versatilidad.

Después de más de 50 años en la industria, la actriz clama por dignificar el arte escénico frente a crecientes reclamos. “Los actores y actrices merecemos toda la legalidad en el gremio como cualquier otro trabajo. Llevamos tantos años en esa lucha. Por eso ahora vienen nuevas generaciones que quieren apretar más y ver si ellos logran lo que nosotros no hemos podido”, sentencia.
Además, asegura: “Este es un momento en el que se está haciendo mucho cine y buenas películas en Colombia. Acá el tema es que la gente no las ve. Llevamos años con esa cosa de sentir que porque es colombiana entonces es mala. Si estrenan una película colombiana y al lado hay otros cuatro o cinco teatros con películas gringas más sofisticadas, la gente va a ver esas, no la colombiana, porque tiene la sensación de que, como es colombiana, no es buena”.

Ante ello, Botero propone incentivos. “Sigo diciendo lo mismo: el Estado debería comprometerse directamente con el cine colombiano, porque el cine es una ventana al mundo donde podemos mostrar lo que somos, quiénes somos, cómo somos. Debería ayudar patrocinando de alguna manera que la gente vaya a ver. No sé cómo, subvenciones a la mitad de la boleta. Si al público le cuesta la mitad, de pronto va porque le cuesta menos y es un incentivo, y que esa otra mitad la ponga el Estado por un tiempo mientras la gente se acostumbra. No sacamos nada con hacer películas si la gente no las ve”.
También destaca una realidad dura y crítica:
“A los teatros los obligan a proyectar la película, pero la dejan un fin de semana y, si no hizo taquilla, la sacan. Me da mucha tristeza ver un esfuerzo tan grande de actores, productores, directores por hacer buen cine y que se quede apreciar”.

Además del cine, María Cecilia también se ha encontrado en otras facetas. En Mujeres sin filtro ha descubierto un lugar donde su voz es más que respetada. En el programa comparte pantalla junto con Flavia Dos Santos, Kika Nieto y Natalia Sanint.
“Nos basamos, fundamentalmente, en el respeto del pensamiento de cada una. No tenemos que estar de acuerdo y, de hecho, es mejor que no estemos. A veces hay temas en que todas estamos de acuerdo y puede ser aburrido. Siempre encontramos la manera de darle miradas diferentes al mismo tema. No ha sido nada difícil, ha sido muy suave, hemos engranado bien”, explica.
Sobre el reto de los programas en vivo, María Cecilia es clara en asegurar que “es chévere que la gente vea que dentro del respeto se pueden tener opiniones diferentes y no dejamos de ser amigas, compañeras. Si esto se aplicara en tantas otras partes en este país, donde la diferencia nos acerca en vez de alejarnos”.

Sobre su participación en la exitosa película de Disney, Encanto, la actriz rememora: “Fue una sorpresa y un regalito en medio de la pandemia que cayó del cielo. Es hermoso ver cómo mi voz se quedó ahí para toda la vida, porque las películas de Disney se quedan para siempre.
Lo mejor fue armar el personaje originalmente en inglés y después hacer el doblaje al español. Haber creado el personaje con los directores, haberle puesto cosas mías, de mis abuelas, fue muy lindo, porque es una película tan vista en el mundo entero que uno no capta la dimensión. Nunca le había puesto la luz a un dibujo animado, fue algo nuevo en mi carrera”.
En medio de anécdotas llenas de alegría, Botero también recuerda aquellas que la marcaron desde el dolor cuando su esposo, el director y guionista argentino David Stivel, fue diagnosticado con cáncer.
“Empecé a presentar noticias en el Noticiero CM&; fue un momento muy duro porque coincidió con la enfermedad de David. Me había retirado de la televisión para estar con él y apareció esta posibilidad. Estaba esa cosa de ‘soy actriz, la gente no me va a creer, me van a atacar’, como sucedió. Pero David me convenció. Le dije: ‘Probemos. Si funciona, bien, y si no, fresco, no tengo expectativa porque no soy periodista, soy actriz’. Algo hizo clic y dije: ‘Sí, como actriz lo puedo hacer’. Fue muy chévere, muy difícil aprender sobre la marcha y al mismo tiempo hacía teatro, la última obra que dirigió David. Ahí se murió David unos meses después. Fue muy duro, había mucho dolor por la ausencia, el niño chiquito sufriendo. Gracias a esos trabajos logré salir rápidamente o manejarlo mejor, porque si no hubiera sido más difícil”.

En cuanto a la relación con su hijo, el director Mateo Stivel Botero, María Cecilia celebra con un orgullo maternal visible. “Mateo desde muy niño siempre fue muy independiente. Hoy es un director muy bueno en lo que hace, que me ha dirigido. Me dirigieron mi papá, mi marido y ahora mi hijo en la serie La primera vez, de Netflix. Si uno respeta los roles, la cosa fluye. Más allá de que sea familia, es trabajo y en el set él manda. Así sea mi hijito, mi bebé, pero él es la cabeza del grupo”, cuenta con gran emoción.
Sobre el olvido de las grandes figuras de la televisión colombiana, Botero es muy crítica.
“Nos ha tocado ver cómo todo cambia tan rápido. Cuando empecé a hacer televisión, ni había videotape, todo era en vivo. El cambio ha sido muy rápido. Con los actores nos pasa lo mismo. Los que venimos de hace años hicimos cosas fuertes. La gente se reunía en familia a ver una telenovela, teníamos el poder de unir a la familia. Hoy todo es individual; lo que dure más de 4 minutos no sirve para las nuevas generaciones. Esta globalización diluye la identidad. Hace poco se murió Gustavo Angarita, maestro maravilloso, actor, ser humano, y su muerte pasó sin pena ni gloria. No se hizo el reconocimiento que se debía. Ojalá las nuevas generaciones logren más de lo que pudimos nosotros”.

En pleno 2026, María Cecilia Botero lleva su vigencia en el medio como mantra. “Creo que mi secreto es que no soy solo una actriz. He hecho noticias, magazines, realities. Me le mido a todo. Siempre digo: ‘Probemos a ver’. Me he diversificado. La gente se acuerda de mí como María Cecilia Botero, no solo de mis personajes”.
