Este 10 de enero de 2026, Yeison Jiménez falleció en un trágico accidente de avioneta en inmediaciones del aeródromo Juan José Rondón, en el sector comprendido entre Paipa y Duitama, en Boyacá. La aeronave, de matrícula N325FA, se accidentó en la vereda La Romerita, dejando al cantante y a otros cinco ocupantes sin vida.
En 2022, Yeison Jiménez abrió su corazón en una entrevista con Vicky Dávila y Jairo Lozano, contando con detalle la dura realidad que enfrentó durante su niñez y adolescencia.
Entre pobreza, violencia y experiencias cercanas a la muerte, el cantante relató cómo logró salir adelante gracias a su fe, la música y un esfuerzo constante que hoy lo han convertido en uno de los artistas más exitosos del género popular colombiano.

De las calles de Bogotá a la música
El intérprete recordó su llegada a Bogotá desde Manzanares (Caldas) y los primeros trabajos que tuvo siendo apenas un adolescente.
“Yo siento que viví dos vidas. Tuve una vida peligrosa cuando joven. Entré a Corabastos con 13 años a llevar unas arepas. Todos los días de tres de la mañana a once de la mañana, y estudiaba en la tarde. Vengo de una familia que no tenía televisor ni nevera, menos casa propia. Realmente, salí de abajo”, contó.

Su paso por los puestos de venta en la plaza de mercado le enseñó a ser vendedor y a luchar por sus sueños.
“Siempre me gustó mantener platica. Yo decía: ‘No quiero morir pobre, no quiero morirme en una plaza’. No porque no sea digno, sino porque la vida es muy bonita y vale la pena luchar por cosas mejores”, afirmó Yeison.
El artista también recordó las dificultades familiares y los padrastros que marcaron su adolescencia:
“Yo tuve todos los tipos de padrastros: borrachos, morbosos, cochinos, el que no hace nada… Mi mamá quedó soltera con 32 años y, pues, a los 32 uno intenta rehacer su vida amorosa. Se sufrió mucho. Yo era un chico muy problemático”.

La fe, la música y el camino hacia la salvación
Las experiencias extremas marcaron su niñez y adolescencia. Sobre un episodio violento cercano a su casa, relató:
“Un día estábamos en mi cama, tomándonos unos guaros. Pasó un señor con una zorra de chatarra y se asomó por la ventana y me dice: ‘Basta, hijuetantas’. Entonces yo le dije: ‘No, cálmese, weón’. Él me contesta: ‘No, paisa, a mí me respetan’. Tendría ese pelado 17 años. Cargaba el revólver en el bolsillo de atrás, y sale de mi cuarto, baja las escaleras, abre la puerta... y le pega dos tiros en la esquina de mi casa. Entra, sube a mi cuarto y dice: ‘Uy, marica, lo mataron’, y yo: ‘Sí, lo mataron’. Él me decía: ‘Paisa, usted cante, porque si usted sigue por aquí, lo van a matar’. A él lo mataron a los 19 años”.
Sobre su propia vida en ese tiempo, Yeison reconoció:
“Yo alcancé a estar metido, muy metido. Sentía rabia y esa rabia me permitía hacer muchas cosas. Una vez llegué con una puñalada debajo del brazo y mi mamá nunca se enteró. Fue una vida muy triste. Fue una niñez que no quisiera repetir. De sobremesa, mi mamá alimentaba a reinsertados de la guerrilla, entonces mis mejores amigos eran exguerrilleros, y quienes pasaban conmigo los 24 a los 31 eran sicarios. Y siempre andaba armado”.

Entre el caos y la violencia, Yeison encontró un refugio en la fe cristiana y en la música.
“Tenía un revólver... Fue una vida curiosa. Pero en el colegio conocí a una peladita cristiana y me hablaba de Dios. Por echarle los perros a esa peladita empecé a ir a una iglesia cristiana y un día me estrellé contra el mundo y conocí a Dios, lo real que es. De hecho, yo hoy en día lo vivo. Es una cosa muy fuerte. Todo lo que le pido me llega. Cambié demasiado, dejé de fumar y tomar, dejé algunas drogas que consumía”, confesó.

El cantante también habló de la transformación que vivió gracias a su carrera musical:
“Resulta que llegué a los 19 años. Estaba mamado de todo. Solo iba a trabajar y volvía a mi casa. ‘Pero usted canta muy bien, usted canta muy bien’, me decían. Y pensé: ‘Lo voy a intentar y si no lo logro, me voy para el Ejército’. Y empezó ese proceso. Yo sacaba CD, afiches… Empecé de cero”.
Para el momento de la entrevista con SEMANA, Jiménez señaló:
“En ese tiempo estaba Pipe Bueno muy fuerte, entonces yo decía: “Si ese pelado pudo, pues yo también puedo”. Después llega Rafael Muñoz, que fue mi mánager hasta el año pasado, 11 o 12 años duramos juntos. Me dice: “¿Tú dónde vives?”, yo le digo: “En Patio Bonito”. Nos vamos a tomar a mi casa. Nos bajamos del taxi y salen dos muchachos a robarnos. Él siempre cuenta esa historia: dice que él corría, se escondió en un carro y yo enfrentado con la correa y con la chaqueta contra un tipo con una navaja en la mano... Hoy tengo nueve empresas”.










