Con solo 26 años, Antonio Medellín Fajardo empieza a escribir una historia que trasciende el logro individual para convertirse en símbolo de una generación de músicos colombianos que ya no piden permiso en la industria global. Formado con honores en el programa de Screen Scoring (Music for Film & Television) de la University of Southern California (USC), una de las grandes canteras de compositores para Hollywood, hoy suma un nuevo hito a su trayectoria: ser contratado como asistente de compositor en la nueva serie de Harry Potter producida por HBO.
Su rol, explica, no es menor dentro de una producción de esta magnitud. “Consiste básicamente en facilitar que los compositores puedan concentrarse 100 % en el proceso creativo, para lo cual desarrollo tareas musicales y técnicas que faciliten la comunicación con el estudio y los productores”.
En una franquicia cuyo universo sonoro marcó a millones de personas, la responsabilidad es enorme. “Entrar al mundo de Harry Potter es un reto inmenso lleno de emoción. Admiro muchísimo el mundo sonoro creado por John Williams, Patrick Doyle, Nicholas Hooper y Alexandre Desplat. Formar parte de este tipo de producciones, que millones de personas van a ver, nos impulsa a hacer un trabajo de altísimo nivel. Tenemos una gran responsabilidad con los aficionados de este mundo”.

Medellín Fajardo no llegó por azar. Su nombre ya había empezado a resonar en escenarios internacionales. Fue el primer compositor colombiano en realizar arreglos orquestales oficiales para Pablo Alborán, creando seis adaptaciones sinfónicas para el primer concierto del artista español con orquesta, en el marco de su trabajo junto al productor ganador de múltiples Grammy Julio Reyes Copello.
Recientemente estuvo a cargo del arreglo orquestal y la grabación del tema Somos Más para la transmisión oficial del sorteo del Mundial de la FIFA 2026, emitido por NBC y Telemundo. También trabajó como orquestador y copyist en la serie Queen of Chess, producida por Bleeding Fingers Music, la compañía fundada por Hans Zimmer y vinculada al circuito de Sundance.

Medellín Fajardo aseguró que todas esas experiencias lo prepararon para asumir el desafío de HBO. “Ha sido una gran combinación de todo lo que he aprendido en mi carrera y en mi vida personal. Trabajar con gente como Julio o los músicos de Bleeding Fingers realmente ayuda a prepararse mental y espiritualmente para afrontar diferentes retos. En esta empresa se espera un nivel musical y técnico muy alto”.
A esa exigencia se suma la formación reciente en USC, que, según dice, le dio “herramientas adicionales para cumplir con altos estándares de responsabilidad”, pero también la convicción de que el equilibrio emocional es clave: “Se requiere mucha calma, paciencia y mesura para estar a la altura del reto. La industria del cine puede ser bastante pesada en ocasiones y es ahí cuando me conecto conmigo mismo, mis raíces y experiencias, y cuando mejor trabajo puedo hacer”.

Su tránsito entre el mundo sinfónico, la música popular y el audiovisual revela una postura clara frente a los prejuicios del sector. “No encuentro una gran diferencia entre un concierto sinfónico y una producción audiovisual. La academia siempre ha priorizado lo intelectual frente a lo emocional, pero ese nunca ha sido mi propósito. Mi intención es hacer que la música sinfónica sea lo más accesible para todo el mundo”.
Ese espíritu de puente también atraviesa su mirada sobre Colombia. En 2021 compuso una obra para el Bicentenario de la Constitución en colaboración con la Orquesta Sinfónica Nacional y, durante la pandemia, produjo maquetas orquestales que permitieron a los músicos ensayar desde sus casas.
Hoy, desde Los Ángeles, reivindica el talento nacional. “Con mucho orgullo puedo decir que el talento colombiano es gigante y que no se queda atrás frente a industrias como Hollywood”. La diferencia es estructural: “La capacidad económica de cada industria y cómo eso se refleja en oportunidades y en la dimensión de las producciones”.

También ha percibido contrastes culturales: “Acá se trabaja con más intensidad, dejando un poco de lado la vida personal. Yo intento traer lo que más puedo de mi país, donde somos más amables. Siempre que aflora la amabilidad, se siente uno más en casa”.
Su meta, insiste, sigue clara: “Ser compositor de música para cine, pero no descarto moverme en diferentes campos. Me gustaría que, independientemente del género o estilo, predomine la calidad del trabajo y la calidez humana”.
En una industria que suele medir el éxito en cifras y créditos, Antonio Medellín apuesta por algo más profundo: que su nombre, donde aparezca, sea sinónimo de excelencia técnica y humanidad. Y desde Colombia, esa historia apenas comienza.
