En Mejor Colombia creemos en las historias que construyen país, que transforman. En las que nacen entre montañas, trochas, en los pueblos donde el progreso no siempre se mide en cifras sino en memoria y comunidad. Por eso hoy lanzamos un programa periodístico que en cada episodio muestra una Colombia distinta: Relatos del Camino, una travesía en bicicleta que recorre el territorio nacional mostrando la mejor versión que tiene nuestro país, su gente.
El protagonista es Camilo Medina, un bogotano que cambió la comodidad de la ciudad por la incertidumbre de la carretera. Sobre dos ruedas ha recorrido decenas de municipios del país. Pedalear es su forma de vivir Colombia y cada puerto de montaña se convierte en una puerta abierta a la memoria colectiva. En Relatos del Camino Camilo no solo viaja: conversa, escucha y conecta.
La primera parada de esta ruta es Guasca, un municipio enclavado entre la sabana y el páramo, a más de 2.700 metros de altura. Aquí el paisaje no es un fondo decorativo sino una estructura viva que define la identidad del territorio. Camilo llega en busca del Alto de la Cuchilla, un puerto de montaña descrito como una fortaleza de niebla y frailejones. Pero antes de conquistar la cima, decide buscar a un hombre que encarna el espíritu del lugar: don Abelino.

Don Abelino se define como paramero. Su vida ha estado ligada a la montaña y al agua que brota de ella. Habla del páramo como una fuente de vida que merece respeto y protección. “No se puede entender Guasca sin sus páramos”, dice. Y tiene razón. El municipio está atravesado por el sistema del Parque Nacional Natural Chingaza y por el páramo grande de la región, ecosistemas que regulan el agua y el clima de buena parte del centro del país.
La ruta continúa por la trocha hacia la capilla de Siecha, una construcción que data del siglo XVII y que alguna vez hizo parte de una antigua hacienda con casa cural y convento. Hoy, entre ruinas y viento frío, el lugar guarda la memoria de un pasado colonial que dialoga con la espiritualidad del paisaje. En Guasca, las montañas no son solo paisaje. Son religión, misión y escuela ambiental.
El ascenso al Alto de la Cuchilla es exigente. El cuerpo siente la falta de oxígeno, el frío corta la respiración y cada pedalazo pesa. Pero arriba, donde nace el agua, también nace el respeto. Camilo deja la bicicleta a un lado y se interna en el páramo para comprender cómo ese ecosistema desciende hacia la región del Guavio. Entonces entiende que quienes habitan estas montañas no solo viven del territorio, lo defienden.

En el camino aparece otro guardián del lugar, Armando, un guía y educador ambiental que resume la esencia de esta historia: somos la voz de quienes no la tienen. Proteger el páramo no es una opción, es una responsabilidad. Esa convicción convierte a Guasca en mucho más que un destino turístico de montaña. Es un aula viva para aprender de sostenibilidad y pertenencia.
El recorrido termina al atardecer, frente al Embalse de Tominé, donde el agua refleja el cielo y sintetiza el sentido del viaje. Camilo comprende que las voces de Guasca guardan la memoria del camino y que cada historia recogida en bicicleta es una pieza más del rompecabezas nacional.
Relatos del Camino nace como un puente entre territorios y audiencias. Es periodismo en movimiento y en Mejor Colombia en SEMANA seguiremos apostándole a estas historias que inspiran, que educan y muestran otras formas de construir país.
