La investigación sobre el accidente ferroviario ocurrido en Adamuz, Córdoba, avanza mientras las autoridades intentan esclarecer las causas del choque entre dos trenes de alta velocidad que dejó 39 personas muertas. El siniestro involucró al tren Iryo 6189, que cubría la ruta hacia Madrid, y a un tren Alvia de Renfe que circulaba en sentido contrario.
Según explicó el presidente de Renfe, Álvaro Fernández de Heredia, en entrevistas concedidas a la Cadena SER y a RNE, el choque se produjo después de que el tren de Iryo descarrilara por causas que aún no han sido determinadas y terminara ocupando la vía contraria. De acuerdo con su versión, transcurrieron apenas 20 segundos entre el descarrilamiento y el impacto, un lapso que, según indicó, no permitió la activación efectiva de los sistemas de seguridad ferroviarios.

Fernández de Heredia señaló que el maquinista del tren Alvia, quien falleció en el accidente, no tuvo margen de reacción para frenar el convoy, que circulaba a más de 205 kilómetros por hora, una velocidad inferior a la permitida en ese tramo. Tampoco hubo tiempo suficiente para que entraran en funcionamiento los mecanismos automáticos diseñados para detectar una vía ocupada y forzar la detención del tren.

El ministro de Transportes, Óscar Puente, calificó el siniestro como un accidente “raro y difícil de explicar” y aseguró que los trabajos en el lugar se concentran ahora en determinar qué falló en un tramo que, según Adif, es recto y había sido renovado recientemente. La infraestructura fue objeto de trabajos de mantenimiento en mayo de 2025, como parte de las labores ordinarias de la red ferroviaria.
En el plano técnico, la investigación será asumida por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), organismo adscrito al Ministerio de Transportes. En paralelo, el aspecto judicial quedará en manos de la Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia, plaza 2 de Montoro, en la provincia de Córdoba. Además, técnicos de Renfe, Adif e Iryo participan en las primeras evaluaciones sobre el terreno.

El tren de Iryo implicado en el accidente es un modelo ETR 1000 Frecciarossa 1000, fabricado por Hitachi en Italia. Se trata de un convoy de unas 500 toneladas que transportaba a 317 pasajeros, además de cuatro tripulantes y el maquinista. Según la información facilitada, el tren fue construido en 2022 y había pasado su última revisión de mantenimiento el pasado 15 de enero en los talleres de Santa Catalina, en Madrid, donde Hitachi cuenta con instalaciones y personal propio cedidos por Renfe.

Iryo opera en el mercado español de alta velocidad desde noviembre de 2022 y es actualmente el segundo operador ferroviario en la mayoría de los corredores. La compañía está controlada en un 51 % por el Estado italiano a través de Ferrovie dello Stato, mientras que la aerolínea Air Nostrum posee el 25 % del capital y la concesionaria Globalvía el 24 % restante.

El accidente se produce, además, en un contexto de alta presión sobre el corredor Madrid-Andalucía, después de que Ouigo, el tercer operador, retirara el pasado 9 de enero sus trenes por causas operativas no detalladas. Renfe reforzó entonces su oferta para absorber la demanda en uno de los corredores con mayor volumen de viajeros del país.










