SEMANA: Se le nota muy feliz recorriendo Colombia. ¿Cómo surgió la idea de este viaje?
Boris Johnson: Estoy en Cartagena. Es absolutamente bellísimo. Soy muy afortunado porque soy un gran amigo del expresidente Iván Duque, y él me invitó hace muchísimos años para que viniera a hablar con su fundación en Bogotá. Este domingo estaré allá. Él me dijo: “¿Por qué no traes a tu familia?”. Y yo le dije: “Eso es lo que haré”. Y me la traje. Tengo cuatro hijos pequeños; organizarlo fue difícil. Pero Colombia es realmente un país hermoso.

SEMANA: ¿Qué lugares de Colombia ha visitado?
B.J.: Llegué a Bogotá a un bellísimo hotel. Y nos dieron la bienvenida con un plato de quesos fantástico. No tenía ni idea de que Colombia tenía un queso tan magnífico. ¡Nosotros deberíamos comprar este tipo de queso en el Reino Unido! Después subimos a Monserrate y fuimos al Museo del Oro. Fue increíble, asombroso, nunca había visto tanto oro. Y cenamos con el expresidente Duque y su familia en un restaurante fantástico: Andrés. Las personas llegaron, tocaron música y nos dieron una serenata. Fue un gran honor. Fui a Guatapé y subí unas escaleras gigantescas que no se podrían construir nunca con las normas de Europa, porque allá es obligatorio que todo tenga rampas y otras cosas. Fue bellísimo y poético. Y conocí a un artista callejero que pinta las paredes de Medellín. Estar en Colombia realmente me abrió los ojos a la magia de este país.

SEMANA: Usted ha hablado del queso en varias entrevistas. ¿Sabe cuál era?
B.J.: Era duro… No sé cuál es el nombre, quisiera comprar más. Mire, yo amo a Estados Unidos, pero fue mucho mejor que cualquier queso que se compra allá. Con el expresidente Duque firmamos un acuerdo de libre comercio, uno de los primeros que hizo el Reino Unido después del brexit, y fue un gran tratado; pero podemos hacer muchísimo más con la agricultura, los productos y los servicios colombianos. Llegué a Bogotá en un gran vuelo de Avianca, pero tuve que parar en Madrid. ¿Por qué? Eso es algo irónico: Colombia en la historia fue colonizada, obviamente, por los españoles; lo entiendo, pero el vuelo a Londres debería ser directo, digo yo.
SEMANA: Quiero hacerle unas preguntas sobre el mundo actual, que se ve tan complejo. ¿Siente que se vive un panorama más incierto y peligroso que el que usted vivió cuando fue primer ministro?
B.J.: Yo creo que las cosas se pueden sentir un poco inciertas en el momento, pero soy bastante optimista. Miremos los problemas del mundo. Por ejemplo, Gaza. Eso es una pesadilla, es una tragedia completa, pero creo que Hamás también tiene que llegar a negociar, rendirse y entregar sus armas. Aprendimos esa lección en el Reino Unido y en Colombia también: si uno quiere llegar a un acuerdo de paz, los terroristas tienen que entregar sus armas. Miremos a Ormuz, que está presionando los precios del petróleo, la inflación, las tasas de interés; está haciendo que todo sea más difícil para todos los países en el mundo. En un mundo ideal, ya hubiéramos resuelto que los iraníes no pudieran cerrar ese estrecho por donde pasa el petróleo. Eso se va a resolver, de una manera u otra, creando, por ejemplo, nuevos oleoductos. Los iraníes no pueden mantener secuestrado a todo el mundo alrededor de un problema logístico. La humanidad es muy inteligente y encontraremos otras soluciones.

SEMANA: ¿Usted está de acuerdo con las acciones de Donald Trump en Irán? ¿Cree que el Reino Unido debería respaldarlo?
B.J.: Creo que probablemente fue un error tratar de cambiar el régimen de Irán sin tratar de negociar el tema de Ormuz. Eso fue un error táctico, en mi opinión, y estamos viviendo las consecuencias de ese error. Sin embargo, creo que el Reino Unido y otros países en Europa deberían tratar de ayudar a los estadounidenses a salir de este desastre. Ese es el trabajo del resto de la Otan. Cuando Trump dijo: “Señores, ¿nos pueden ayudar a que abramos el estrecho de Ormuz?”, él sí tenía el derecho a decir eso. Los estadounidenses sí le proveen seguridad a Europa. No hay que estar en la campaña de Trump en Irán, pero sí se hubiera podido hacer mucho más para poder liberar el estrecho de Ormuz cuando Estados Unidos pidió ayuda. Es el deber de los aliados ayudarlos y rápido.
SEMANA: ¿Y la intervención de Donald Trump en Venezuela?
B.J.: Yo fui a ver al entonces presidente Maduro hace un tiempo. Estuve en una misión diplomática muy loca tratando de persuadir al presidente Maduro de que fuera un demócrata. Él me dijo: “¿Cómo puedo tener mejores relaciones con el Reino Unido?”. Yo le dije: “Si quieres mejores relaciones con el Reino Unido, tienes que ser un demócrata, permitir tener elecciones justas y que participe María Corina Machado”. Y él dijo: “No, no puedo permitir que esas elecciones sucedan, ella es una traidora a este país”. Yo le dije: “Bueno, pero si crees que es traidora, entonces eso es algo muy bueno que puedes decir en una campaña contra ella”. Pero él no quiso hacerlo. Y, bueno, no estoy lleno de lágrimas por lo que le sucedió a Maduro. Él tiene que afrontar las consecuencias de sus propias acciones, pero creo que es importante que las personas de Venezuela comiencen a ver el cambio, que vean las mejoras y un movimiento hacia la democracia y los derechos humanos. Si no hay un cambio real, será una gran lástima.

SEMANA: Hoy en día, con el régimen cubano temblando de esa manera, ¿siente que el comunismo está desapareciendo en el mundo o simplemente se puede reinventar hacia otro tipo de regímenes?
B.J.: La tragedia es que los jóvenes no se dan cuenta de lo terrible que es realmente el comunismo en todo el mundo. Muchas personas jóvenes en Europa están creciendo sin esa memoria del comunismo en los setenta y en los ochenta. De pronto, usted tampoco vivió los tiempos de la Unión Soviética o ha estado en un país realmente comunista. Muchos jóvenes son idealistas, pero lo cierto es que el comunismo es terrible y realmente no funcionó. El comunismo involucra una represión gigantesca del Estado, la represión de la empresa... Es un desastre realmente. Miren a Venezuela, este es el tipo de cosas que suceden. Y a mí me preocupa que las personas de la izquierda estén cometiendo los mismos errores. Es importantísimo siempre vender la causa de la libertad. Estoy aquí en Colombia y mi impresión es que este es un país bastante libre y maravilloso, de hecho, donde existe una cultura empresarial. Realmente creo que nosotros en Europa podemos aprender de Colombia.
SEMANA: Quisiera preguntarle por Colombia. Nosotros tenemos unos grupos armados muy antiguos. ¿Cómo combatirlos?
B.J.: Creo que es importantísimo, cuando uno es amigo de un país y cuando uno visita un país, ser muy cauteloso con lo que se dice sobre temas difíciles. Entonces, realmente no quiero decir mucho sobre el conflicto armado en Colombia y cómo terminarlo o eliminarlo. Sé que se ha hecho progreso, pero también sé que algunas personas tienen sus dudas. Creo que estos son dilemas muy difíciles. Puedo hablar sobre mi propio país, donde tuvimos un persistente y trágico problema con el movimiento terrorista republicano irlandés. Entraron al Gobierno, pero entregaron las armas. En general, sí fue algo bueno, pero hubo algunos efectos negativos. Estas personas siguieron involucrándose en drogas, en pandillas, matando personas, disparando contra las poblaciones. Efectivamente, hubo impunidad, les dieron un tipo de amnistía, se salieron con la suya y eso es algo muy triste. Pero estos son dilemas bastante difíciles. Creo que en unos casos uno tiene que llegar al fin de una guerra a través de un pacto, sentándose todos sobre la misma mesa. En otros, la mejor opción sería simplemente suprimir a los terroristas e imponer la ley y el orden.

SEMANA: ¿Y en el caso de nuestro país?
B.J.: Creo que sería equivocado que yo comente la situación de Colombia sin primero entenderla completamente. Es controversial y siento que es un tema para los colombianos, que ustedes tienen que decidir. Pero lo que sí voy a decir es que este es un país que me parece que está haciendo increíbles progresos, es un lugar maravilloso y me parece bastante seguro y pacífico. Mi familia está aquí, tengo niños pequeños y hemos caminado libremente. No puedo opinar sobre los conflictos con las Farc, etcétera, porque son dilemas difíciles. Para alguien que ama a Colombia como yo, es obvio que el país está en el camino correcto y está progresando. Y creo que los problemas de Colombia probablemente son muy similares a los del Reino Unido: cómo mantener el presupuesto restringido, controlar la inflación, las tasas de interés... Esos temas económicos tienen que afrontarlos todos los Gobiernos.
SEMANA: Otro dilema es qué hacer con las drogas, especialmente con la cocaína. Colombia produce casi el 80 por ciento en el mundo, pero muchos países, como el Reino Unido, la siguen consumiendo.
B.J.: Creo que puso el dedo en la llaga. Este es un problema, en parte, sobre la demanda. Hoy entiendo que hay más cocaína de la que hubo en muchos años, se está produciendo más. En el Reino Unido, tristemente, la cocaína se ha vuelto una droga muy común en todas partes. Yo no apruebo esto. Obviamente, estoy en contra. Creo que las drogas son muy malas y que deben estar prohibidas. Y es verdad que, mientras sigamos teniendo demanda, los países como Colombia van a tener un problema por esa demanda. Colombia es cinco veces más grande que el Reino Unido. Es muy difícil detectar cada lugar donde se produce cocaína. Pero creo que la Biblia dice: “Antes de mirar la paja en el ojo ajeno, saca la viga del ojo propio”.

SEMANA: ¿Qué piensa del Escudo de las Américas, que lidera el presidente Trump y del que Colombia forma parte?
B.J.: No sé realmente qué significa completamente el Escudo de las Américas... No sé qué va a suceder realmente. No creo en esa doctrina tipo Monroe en la que Estados Unidos debería tener algún tipo de soberanía sobre Latinoamérica. Creo que Colombia tiene un gran futuro como líder y como aliado también con sus amigos en Suramérica. Yo lo que quiero ver son más intercambios entre Colombia y el Reino Unido, mejores acuerdos comerciales, ambientales, en temas como la inteligencia artificial. Colombia puede tener un enfoque independiente con el Reino Unido. Esa es una de las razones por las cuales en el Reino Unido hicimos el brexit y salimos de Europa.
SEMANA: Ya que habla del brexit, usted ha dicho acá en Colombia que no se arrepiente de haberlo liderado. Hoy se ven muchas tensiones en la Unión Europea. Italia quiere cerrar sus fronteras. ¿Qué cree que ha fallado?
B.J.: Creo que la Unión Europea es un concepto noble; el problema es que no es democrático y produce demasiadas normas y regulaciones. Es decir, frena a los países para que no puedan hacer cosas independientemente. Hablamos sobre la IA, que es la tecnología del futuro, y Europa está legislando la IA y regulándola, cuando ni siquiera tienen una industria de la IA en Europa. Y la razón por la cual no existe esa industria es por la sobrerregulación. Fue importante que el Reino Unido saliera de ese sistema. Por ejemplo, en el covid pudimos tener vacunas antes, la de AstraZeneca, y como no estábamos en la UE, sí pudimos vacunar a nuestra población cinco o seis semanas más rápido que los 27 países de Europa. Era un momento en que teníamos casi 1.000 muertes todos los días. Eso se logró por el brexit. Muchas personas pensaron que el brexit era algo nacionalista. No lo es. Tiene que ver más con la democracia y con la flexibilidad en una economía global. Creo que para el Reino Unido fue la decisión correcta.

SEMANA: Todos estos días usted ha compartido con el expresidente Duque y este domingo estará en su fundación dando una charla. ¿Cuándo se volvieron tan amigos?
B.J.: A nosotros nos unió el medioambiente. Iván Duque es un visionario en este tema. Él y yo trabajamos juntos en las COP de cambio climático. En 2021, agrupamos al mundo en Glasgow. Obviamente, esto no es algo tan popular hoy con los partidos conservadores. Soy conservador, creo en el libre mercado, no me gustan las regulaciones, creo en la empresa privada, en que los impuestos deben ser bajos. Me gusta el capitalismo, pero también creo en el medioambiente. Y yo creo que tenemos solamente una Tierra, un solo planeta. Mire lo que está sucediendo este año, mire las increíbles temperaturas en Europa, los incendios en todo el planeta y lo que sucedió en el Tíbet y en Nepal. Con Iván Duque hemos trabajado en proteger los bosques, los mares. Creo que los conservadores sí tenemos que proteger el medioambiente. El conservadurismo trata sobre proteger el planeta, tener buenas condiciones y dejárselo a la siguiente generación; de eso se trata.
SEMANA: Colombia es un país inmensamente bendecido en recursos naturales. ¿Qué papel cree que podemos desempeñar en esa lucha?
B.J.: Colombia tiene un gran papel. Tiene una gigantesca biodiversidad. Creo que tienen 400 especies diferentes de ranas, cuando en Inglaterra debemos tener siete. Colombia es uno de los grandes santuarios naturales para la vida silvestre y eso es parte de su potencial tan gigantesco. Creo que la protección del medioambiente en Colombia y de su Amazonas son parte esencial de su futuro. Tuve un ancestro que desapareció en el Amazonas y queremos visitar la región y encontrarlo a él o a sus descendientes si están allá; mis descendientes, de pronto unos misteriosos blancos en el Amazonas. Creo que ustedes pueden hacer dos cosas con el medioambiente: primero, como obligación moral, proteger nuestro planeta, pero también tiene sentido económico protegerlo para países como Colombia, donde es parte de su belleza natural y de la oferta que tienen para darle al mundo.
SEMANA: Usted fue periodista. ¿Qué piensa del oficio en estos tiempos?
B.J.: Las presiones que afrontan los periodistas hoy en día son una locura. Sin embargo, sigue siendo importantísimo que tengamos personas que cuenten la verdad y se la digan en la cara al poder. Yo sé que ustedes tienen esto en Colombia. Es crucial. Creo que los periodistas son esenciales para la sociedad. Si las personas no pueden decir lo que piensan, no tendremos cambios ni mejoras. Por eso es tan crucial el periodismo. Es una profesión honorable, en mi opinión.

SEMANA: ¿Y de este mundo gobernado por las redes sociales?
B.J.: Creo que de todo sale algo positivo. No quisiera que mis hijos estuvieran todo el tiempo en redes sociales; quiero que lean libros. No creo que ni siquiera necesiten celulares hasta que estén más grandes. Pero lo que veo como un problema son los algoritmos que saben quién eres, te alimentan con cosas que te encantan, y eso refuerza tus prejuicios. Tenemos que buscar una manera de resolver esto porque eso nos está llevando a una sociedad muy polarizada.
SEMANA: Usted ha ocupado posiciones de mucho poder. Ahora que puede ver los toros desde la barrera, ¿qué les recomienda a quienes llegan a gobernar? Por ejemplo, a nuestro presidente Abelardo De La Espriella.
B.J.: Creo que le daría el consejo que la reina Isabel me dio cuando fui primer ministro. En ese entonces, todas las semanas la visitaba una hora. Teníamos conversaciones muy largas que eran completamente privadas. Le podía contar cualquier cosa, era como hablar con mi abuelita favorita. Se le podían decir las cosas que uno no le puede contar a su mamá ni a su papá. Ella era una mujer maravillosa. Cuando teníamos desastres, siempre me decía: “Hagan las cosas que sean útiles para las personas”. Creo que se necesitan proyectos que despierten la imaginación y generen progreso. Por ejemplo, de infraestructura, de educación. Ese es mi consejo: que él encuentre las cosas que sean útiles, que le dé esperanza a la gente mostrando los beneficios prácticos de su gobierno.
SEMANA: ¿Qué se lleva de Colombia?
B.J.: Muchas cosas. La comida es increíble, la arepa... Me voy a llevar el asombro absoluto que tuve cuando miré el paisaje urbano en Bogotá y cuando visualicé la belleza de la combinación entre la vegetación y el arte callejero. No hay nada como esto en Europa, realmente no lo hay. Y los recuerdos felices. Queremos regresar.
