Estados Unidos e Israel atacaron este sábado 21 de marzo el complejo nuclear iraní de Natanz, informó la organización de energía atómica de la república islámica.
“Tras los ataques criminales de EEUU y del usurpador régimen sionista contra nuestro país, el complejo de enriquecimiento de Natanz fue blanco de un ataque esta mañana”, señaló la organización en un comunicado difundido por la agencia de noticias Tasnim.

La agencia añadió que “no se ha detectado ninguna fuga de materiales radiactivos” en la zona, situada en el centro de Irán.
Simultáneamente, el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, advirtió el sábado 21 de marzo que “la intensidad de los ataques” sobre Irán “aumentará considerablemente” en los próximos días.

Desde el domingo, “la intensidad de los bombardeos que llevarán a cabo las fuerzas israelíes y el ejército estadounidense contra el régimen del terror iraní y las infraestructuras en las que se apoya aumentará considerablemente”, dijo Katz.
Su mensaje contrasta con las declaraciones en la víspera del presidente estadounidense, Donald Trump, quien dijo que contemplaba “reducir gradualmente” las operaciones contra Irán.

Aunque uno de los objetivos de esta guerra es disminuir la capacidad nuclear de Irán, hay polémica por el ataque a sus instalaciones de este tipo, pues se teme que se repita un desastre similar al ocurrido en Chernóbil o Fukushima.
Si bien los expertos aclaran que atacar una planta nuclear no produce una explosión tipo bomba atómica, sí puede causar liberación de material radiactivo, contaminación del aire, agua y suelo e impactos en salud (cáncer, enfermedades a largo plazo).

Además del complejo de Natanz, han sido atacadas otras plantas nucleares como las de Fordo, Isfahan y Bushehr. No obstante, la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha declarado que, hasta la fecha, no observa “indicios de que haya sido alcanzada ninguna instalación nuclear clave” ni de radiación fuera de lo normal, aunque reconoce que la situación es compleja y parcialmente opaca.
Varios análisis de prensa y think tanks señalan que los ataques han retrasado y debilitado parte del programa de enriquecimiento del país islámico, pero Irán mantiene capacidad para reconstruir y reconfigurar su infraestructura, sobre todo en instalaciones subterráneas protegidas.

Esta guerra en Oriente Medio completó cuatro semanas y, además de la crisis humanitaria y las pérdidas de vida, sigue aumentando el impacto económico, pues el estrecho de Ormuz permanece prácticamente cerrado, al tiempo que los precios del petróleo se mantienen elevados.
