La administración de Donald Trump le ha insistido a los negociadores cubanos que el presidente Miguel Díaz-Canel debe dimitir como condición para avanzar en cualquier acuerdo entre ambos países, informó este lunes The New York Times, citando a cuatro personas familiarizadas con las conversaciones. El mensaje, según el diario, no se ha formulado como un ultimátum, sino como “un paso positivo que allanaría el camino para acuerdos productivos”.
La exigencia no busca desmantelar el régimen comunista que gobierna Cuba desde hace más de 65 años. Según el Times, Washington no está presionando para tomar medidas contra los miembros de la familia Castro, quienes siguen siendo los principales actores del poder en la isla.

El objetivo, de acuerdo con las fuentes consultadas por el diario, es obtener una victoria simbólica que permita a Trump decirle al público estadounidense que derrocó al líder de un gobierno de izquierda, como ya hizo en Venezuela, mientras se abren las puertas a reformas económicas que el actual mandatario cubano, considerado un intransigente por funcionarios estadounidenses, difícilmente apoyaría.
“Estados Unidos ha dado a entender que no se puede llegar a ningún acuerdo mientras él esté al mando”, señaló una de las fuentes al Times.

Díaz-Canel, de 65 años, preside Cuba desde 2018 y es también el jefe del Partido Comunista. Fue la primera persona sin el apellido Castro en gobernar la isla desde el triunfo de la revolución en 1959. Considerado por analistas como una figura decorativa sin control real sobre los asuntos políticos o económicos del país, fue designado sucesor por Raúl Castro precisamente por su perfil conservador.
“El capitán se hunde con el barco, y este barco se está hundiendo”, dijo al Times Ricardo Zúniga, exfuncionario del Consejo de Seguridad Nacional de la administración Obama que participó en las negociaciones secretas que derivaron en el deshielo diplomático de 2014. “Para mí tiene todo el sentido del mundo; eso es lo que yo habría hecho.”

El propio Díaz-Canel reconoció el viernes, por primera vez, que ambos gobiernos mantienen conversaciones, y atribuyó la crisis energética que vive la isla al bloqueo petrolero impuesto por Trump. “La culpa recae en el bloqueo energético que se nos ha impuesto”, afirmó. El lunes, un día después de esas declaraciones, la red eléctrica colapsó y todo el país quedó a oscuras. Cuba lleva tres meses sin importar petróleo, admitió el mandatario.
Según el Times, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y conocido como Raulito o El Cangrejo, ha sido uno de los principales negociadores con Estados Unidos y ha hablado directamente con el secretario de Estado Marco Rubio. De producirse la salida de Díaz-Canel, Rodríguez Castro seguiría ejerciendo poder entre bastidores mientras otra persona, que no llevaría el apellido Castro, ocuparía formalmente la Presidencia, según una de las fuentes consultadas por el diario.

El Times señala que el gobierno cubano parece estar barajando candidatos para la sucesión. Como indicio, el diario destaca que Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro nombrado viceprimer ministro a finales del año pasado, concedió el lunes una inusual entrevista a una cadena estadounidense en la que habló sobre la apertura de Cuba a la inversión extranjera.
La estrategia estadounidense apunta, según el Times, a convertir Cuba en una suerte de estado satélite con economía abierta a empresas y empresarios de Estados Unidos, a cambio de victorias políticas simbólicas para Trump. Como parte de esa agenda, Washington también presiona por la liberación de presos políticos y la destitución de funcionarios veteranos vinculados al legado de Fidel Castro.

El Gobierno cubano declinó hacer comentarios al New York Times. El Departamento de Estado remitió las preguntas a las recientes declaraciones de Trump sobre la isla. “Creo que tendré el honor de tomar Cuba”, dijo el presidente el lunes.
Al ser consultado sobre si se trataría de una acción diplomática o militar, respondió: “Creo que puedo hacer lo que quiera con ello”.
