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Hallazgo en Sudáfrica: ocho yacimientos de huellas de 194.000 años revelan la presencia de un ave sin registros fósiles conocidos

El descubrimiento abre la puerta a nuevas investigaciones sobre el comportamiento de la fauna en esta zona.

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23 de abril de 2026 a las 10:04 a. m.
El número de yacimientos de huellas aviares en la región asciende a 49.
El número de yacimientos de huellas aviares en la región asciende a 49. Foto: Getty Images

Al sur de África se ha producido uno de los hallazgos fósiles más relevantes de los últimos años. En Sudáfrica, un grupo de investigadores descubrió varias huellas fosilizadas en la costa meridional del país.

El hallazgo, publicado en la revista Ostrich, no solo amplía el registro paleontológico de la región, sino que también aporta pistas clave para resolver un enigma que llevaba décadas abierto sobre una misteriosa ave africana.

Las marcas fueron encontradas en antiguos depósitos de dunas cementadas en el Cabo sur, un entorno donde el viento y la humedad actuaron durante milenios como una cámara natural de conservación.

Durante el Pleistoceno —la última edad de hielo—, esta zona costera no era como la conocemos hoy. Se trataba de una amplia llanura por la que transitaban grandes mamíferos, reptiles y diversas especies de aves.

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Los registros de huellas abarcan desde el Triásico (hace 200 millones de años) hasta la megafauna más reciente. Foto: Getty Images/iStockphoto

Con este descubrimiento, el número de yacimientos de huellas aviares en la región asciende a 49, una concentración sin precedentes en el sur de África.

Sin embargo, uno de los conjuntos hallados llamó especialmente la atención de los investigadores. Consiste en una secuencia de cinco huellas conservadas en el techo de un saliente rocoso. A primera vista, recordaban a las de una garza con tres dedos orientados hacia adelante y uno hacia atrás. Pero había un detalle inesperado.

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Entre los dedos se distinguía una membrana parcial, más marcada en uno de los lados del pie. Esta característica no es habitual en muchas aves zancudas, pero sí en una especie africana muy específica.

A partir de esta pista anatómica, y tras comparar las medidas y la morfología con registros actuales, los investigadores llegaron a una conclusión notable y es que las huellas pertenecen, con alta probabilidad, al avemartillo (Scopus umbretta), un ave africana de aspecto inconfundible, conocida por su gran cresta y por construir algunos de los nidos más voluminosos del mundo aviar.

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El avemartillo es una de las especies más antiguas del continente africano. Foto: Getty Images

La identificación resulta especialmente significativa, ya que determinar con precisión qué especie dejó una huella fósil suele ser extremadamente difícil. En este caso, la combinación de la disposición de los dedos, la anchura de las pisadas y la presencia de membrana permitió una atribución mucho más sólida de lo habitual.

Además, el rastro presenta deformaciones producidas al descender por una pendiente arenosa, lo que ofrece información valiosa sobre cómo se modifican las huellas con el movimiento y por qué algunas pueden confundirse con las de otras especies.

Paradójicamente, aunque estos yacimientos han perdurado durante miles de años, su conservación actual es frágil. La erosión marina, los temporales y los derrumbes de acantilados amenazan con borrar en cuestión de días unas huellas que han sobrevivido desde la prehistoria.

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