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¿Misma estrategia? Las similitudes entre las protestas en Ecuador y el paro nacional en Colombia

Las protestas en Ecuador contra el presidente Guillermo Lasso dejan un mal sabor y muestran algunas similitudes a lo que vivieron Colombia y otros países de América Latina. 


Tras varios días de protestas, caos e incertidumbre, una luz conciliadora pareció prenderse en Ecuador a finales de la semana.

Los grupos indígenas llegaron a un acuerdo con el Gobierno de Guillermo Lasso y pusieron, por ahora, fin a la oleada de manifestaciones que tenían en vilo al país.

“Hemos alcanzado el valor supremo al que todos aspiramos: paz en nuestro país… Terminó el paro. Ahora empezamos juntos la tarea de transformar esta paz en progreso, bienestar, y oportunidades para todos”, dijo el primer mandatario con entusiasmo.

La realidad es que Lasso había vivido semanas de angustia. Las manifestaciones estuvieron manchadas por una oleada de violencia que dejó seis personas muertas y otras 600 heridas. Más de 1.200 personas fueron detenidas en el curso de los hechos vandálicos que tenían aterrorizada a una parte de la población. Lo citaron al Congreso y estuvo a poco de perder, ante la oposición, una moción de destitución.

La razón presentada para estallar al país de esa manera era simple: el valor de los combustibles. Los precios en este país no han escapado a la trepada que se vive en varias latitudes. El galón de diésel subió 90 por ciento (a 1,90 dólares) y el de gasolina súper, 46 por ciento (a 2,55) en casi un año. Esto, a pesar de que el Gobierno ecuatoriano no los había subido como en otros países, justamente por miedo a las revueltas.

Los manifestantes aprovecharon esa causa sencilla de entender para el pueblo y también presentaron todo un pliego de peticiones en diversas áreas del Gobierno.

Las imágenes de lo que vivió Ecuador parecían un espejo de lo que ha sucedido en casi todo el continente.

Los indígenas manifestantes pusieron al país en jaque. Llegaron más de 10.000 a la capital y otros 4.000 a otras regiones. Cerraron las carreteras. Las ambulancias no podían pasar. Los precios de la comida se encarecieron. El turismo se frenó. La crisis fue total.

Mujeres indígenas y estudiantes se manifiestan para mostrar su apoyo a las recientes protestas y el paro nacional contra el gobierno del presidente Guillermo Lasso, frente a la Universidad Central, en Quito, Ecuador, el sábado 25 de junio de 2022. Foto: AP/ Dolores Ochoa.
Mujeres indígenas y estudiantes se manifiestan para mostrar su apoyo a las recientes protestas y el paro nacional contra el gobierno del presidente Guillermo Lasso, frente a la Universidad Central, en Quito, Ecuador, el sábado 25 de junio de 2022. Foto: AP/ Dolores Ochoa. - Foto: Foto: AP/ Dolores Ochoa.

El presidente declaró el estado de excepción. En Colombia, algunas voces políticas compararon lo que estaba pasando con las revueltas populares vividas en 2021 con el argumento de frenar la reforma tributaria del presidente Duque.

Como consecuencia, se retiró el proyecto, pero el caos no cesó. Tampoco menguó cuando decretó la matrícula cero para estudiantes de bajos recursos. Retirada la reforma, el pliego de peticiones se amplió y ya incluía de todo, en especial, la exaltación del derecho a la protesta social.

No solo en Colombia las nutridas y violentas protestas ciudadanas antecedieron el giro del país hacia la izquierda. Lo mismo había pasado en Chile antes del triunfo de Gabriel Boric. Comenzaron por el aumento del precio del pasaje del metro de Santiago y al cambio de Constitución.

Sebastián Piñera, también proveniente del sector privado, como Lasso, aumentó las pensiones y aseguró un ingreso mínimo a los más desfavorecidos, pero el descontento en las calles siguió.

América Latina, mientras tanto, vuelve a girar a la izquierda. Y el próximo en tomar este rumbo parece ser Brasil.

Tras el polémico Gobierno de Jair Bolsonaro, es muy probable que Luiz Inácio Lula da Silva (aún con las graves acusaciones de corrupción que pesan en su contra) gane las elecciones.

Ecuador, hasta ahora, es una excepción. Lasso es el primer presidente de derecha en 18 años. Y apenas lleva 13 meses en el poder. Se anticipa que el tiempo que le resta será muy difícil.