Entrevista
“Nadie quiere inmolarse por Maduro”: director de La Gran Aldea da detalles de lo que se vive dentro de Venezuela por la presión de Donald Trump
Alejandro Hernández, director del medio opositor venezolano La Gran Aldea, explica lo que se vive en Venezuela por cuenta de la presión de Donald Trump. Habla de lo que puede pasar en el vecino país.
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SEMANA: Desde hace varias semanas, se siente a Estados Unidos respirándole en la nuca a Nicolás Maduro. ¿Estamos ante los días definitivos?
Alejandro Hernández: Estas medidas de la administración Trump son consecuencia de la burla que Maduro hizo de la administración Biden con el tema electoral de 2024. Desde 2023, la administración Biden, a través de la Embajada de Estados Unidos para Venezuela que opera desde Colombia, intentó generar condiciones y garantías para una elección transparente que Maduro respetara. Hizo lo contrario: se robó las elecciones, engañó a los estadounidenses haciéndoles creer que tendría un comportamiento responsable y, después del 28 de julio, encarceló a más de 2.000 personas, incluso menores de edad, e instauró en Venezuela un estado de terror, encabezado por Diosdado Cabello, sin precedentes y que se mantiene hasta hoy, bloqueando cualquier manifestación o crítica. Cuando llega Trump, después de meses de análisis, se decide este despliegue militar. Oficialmente, es para abordar el narcotráfico.
SEMANA: ¿Y extraoficialmente?
A.H.: Especialmente por impulso de Marco Rubio, un objetivo político: promover un cambio democrático en Venezuela. Maduro y Petro han intentado manipular esto diciendo que Estados Unidos quiere invadir Venezuela o provocar una guerra. No es cierto. Además del narcotráfico, lo que busca Washington es presionar a Maduro, que ha demostrado una y otra vez que no entiende por las buenas, a negociar de verdad. Estados Unidos no quiere intervenir militarmente: tiene intereses económicos y esos intereses se materializan mejor con un país democrático, estable y con reglas claras para la inversión.

SEMANA: ¿Pero entonces ve improbable que Trump tome acciones más directas?
A.H.: No me atrevo a decir eso. Una de las cosas más complicadas ahora es realmente saber cuáles son los planes de Trump. Lo que sí está claro es que Estados Unidos no quiere que esa sea la opción. La intención fundamental es que esta presión sirva para que Maduro se siente a negociar pacíficamente una transición. Eso es lo que se ha planteado hasta ahora y lo que han dicho figuras como Marco Rubio, que es el jefe de la diplomacia estadounidense. Dicho eso, no descarto que algo así pueda ocurrir, porque Maduro podría creer que es buena idea jugar con el temperamento de Trump y provocar un escenario que nadie quiere. Ojalá esta presión sirva para que acepte establecer garantías mínimas.
SEMANA: ¿Cuál es la posición del Gobierno legítimo venezolano?
A.H.: La oposición, liderada por María Corina Machado y Edmundo González, ha dicho que no tiene problema en negociar esas garantías para Maduro. Lo fundamental es lograr un cambio político. Después, con instituciones y Justicia, se resolverán los desastres acumulados en 25 años. Ellos han dicho claramente que están dispuestos a acordar las garantías necesarias para que haya alternancia en el poder. Hay mucho temor, pero no miedo a Estados Unidos. El temor es a lo que vive Venezuela.

SEMANA: ¿Qué se vive?
A.H.: Desde hace más de un año está instaurado un estado de terror. Un mensaje de texto o un comentario en WhatsApp criticando al Gobierno puede llevarte a la cárcel. La susceptibilidad del chavismo es extrema y eso tiene al país amedrentado. Desde el Gobierno se intenta mostrar normalidad. Ves al chavismo en actos callejeros, a alcaldes que simulan ser opositores haciendo eventos culturales para que la gente salga y se proyecte la idea de que todo está en paz. Pero la realidad es que Venezuela es un país secuestrado por el régimen de Maduro, que se sostiene en los militares y no permite ninguna expresión crítica desde las elecciones del 28 de julio.
SEMANA: ¿Cree que los miembros del régimen tienen miedo?
A.H.: Sí, deben tenerlo. No creo que sean tiempos serenos para la cúpula del chavismo. Pero son personas con mucho entrenamiento y formación, especialmente los cuadros influenciados por Cuba. Los cubanos llevan 70 años manejando crisis así y Maduro es un discípulo de ese sistema. Claro que hay temor: nadie quiere entrar en un conflicto ni inmolarse por Maduro. Sin embargo, una vez más la cúpula chavista ha cerrado filas alrededor de él. Ya lo demostraron al robarse las elecciones: el ministro de Defensa, el fiscal, todos se alinearon sin fisuras en los días críticos posteriores al 28 de julio. Ahora estamos viendo algo similar, aunque la procesión va por dentro. Una de las cosas que más nervios genera es que nadie puede leer a Trump.

SEMANA: ¿Y entonces no saben qué puede llegar a hacer?
A.H.: Sí. La imprevisibilidad de Trump angustia a Maduro y a la cúpula, cosa que no ocurría con Biden. Maduro estaba seguro de que Biden jamás tomaría decisiones que implicaran el uso de la fuerza, porque la fuerza no es bien vista y Estados Unidos no quiere revivir el discurso antiimperialista. Maduro estaba cómodo. Cuando tuvo que sacar las uñas, las sacó: se robó la elección, encarceló a 2.000 personas, mató a más de 30 en cinco días y siguió adelante.
SEMANA: ¿Cómo es informar en un ambiente tan tenso como el actual?
A.H.: Es un temor permanente. Los periodistas no quieren firmar las notas, no quieren mostrar la cara, nadie quiere hablar de temas militares. Hay miedo, porque Maduro ha demostrado que no le tiembla el pulso para apresar, matar y reprimir. Los periodistas y los medios que siguen intentando hacer su trabajo correctamente merecen reconocimiento por su valentía y por la decisión de seguir informando, pese a todos los riesgos.
SEMANA: ¿Qué piensa de la posición de Gustavo Petro frente a Venezuela?
A.H.: Vergonzosa. Es increíble el doble discurso de Petro. Por un lado, habla de la vida, los derechos humanos y la humanidad, y, por el otro, apoya a alguien como Maduro, con miles de presos políticos en 12 años, cientos de asesinados, una crisis humanitaria que involucra a ocho millones de personas. Es un ejemplo de lo acomodaticio que termina siendo el discurso de la izquierda latinoamericana. Lo de Maduro no tiene excusa ni justificación. Y Petro, por los intereses que tenga, tratados de paz que no va a lograr, complicidad con el contrabando o lo que sea, se ha puesto del lado de un dictador investigado por la CPI y señalado por la ONU por crímenes de lesa humanidad. Ese es el señor al que defiende alguien que se la pasa hablando de la vida y la paz. Es decepcionante y lo deja muy mal parado.

SEMANA: ¿Qué piensa de este audio filtrado de la canciller, y publicado por Bloomberg, sobre el supuesto pacto en el que Maduro le prometía a Estados Unidos renunciar en dos años?
A.H.: No sé hasta qué punto eso sea así. Sabemos que la canciller habló de esa posibilidad, porque Bloomberg lo demostró. Pero no tiene nada de extraño en este Gobierno. En Colombia son comunes los malos entendidos y los choques de declaraciones dentro del alto Gobierno. Para los colombianos no debe sorprender lo que pasó con la canciller. Desde Venezuela siempre supimos que estas contradicciones eran normales. El canciller anterior, Luis Gilberto Murillo, llegó a tener una postura distinta a la de Petro. María Corina Machado incluso dijo que el problema con Colombia era que una cosa decía el canciller y otra hacía el presidente, lo que hacía muy difícil avanzar. Después del fraude, el propio Petro intentó mediar con Lula para que hubiera un reconocimiento de lo ocurrido o alguna solución que respetara la voluntad de los venezolanos. Pero Maduro ni siquiera atendió el teléfono ni a Petro ni a Lula. También metieron ahí a López Obrador, que en el mejor de los casos envió un mensaje. Se decía que Murillo hablaba con María Corina y con representantes importantes de la oposición, y que más de una vez intentó mediar, pero nunca pudo porque Petro estaba casado con Maduro.



