Tras los ataques del 28 de febrero contra Irán por parte de Israel y Estados Unidos, la república islámica respondió con bombardeos sobre múltiples puntos en Oriente Medio.
La escalada reconfiguró el eje político de la región, dejando en evidencia nuevos respaldos para el Estado judío y el limitado margen de alianzas estratégicas con el que cuenta Teherán.
Irán ha construido durante décadas una red de aliados y grupos armados en Oriente Medio que le permite proyectar influencia en la región y enfrentar a sus principales rivales, especialmente Estados Unidos e Israel.
Esta estructura, conocida como el Eje de la Resistencia, está integrada por gobiernos aliados y organizaciones armadas que comparten objetivos políticos o estratégicos con Teherán.

Uno de los actores más importantes dentro de esta red es Hezbolá, el movimiento chií libanés fundado en 1982 tras la invasión israelí al Líbano.
Con apoyo financiero, militar y logístico de Irán, se ha convertido en uno de los grupos armados más poderosos de la región y en una pieza clave para presionar a Israel desde la frontera norte.
Otro aliado relevante es Hamás, el movimiento islamista palestino que gobierna la Franja de Gaza.
Aunque es suní y no chií como el régimen iraní, ambos comparten una fuerte oposición a Israel, lo que ha llevado a Teherán a brindarle respaldo político y militar en distintos momentos del conflicto palestino-israelí.

En Yemen, Irán mantiene vínculos con los hutíes, una milicia que controla gran parte del noroeste del país y que ha ganado protagonismo en los últimos años. Este grupo ha recibido apoyo iraní en el marco de la guerra civil y representa otro punto de presión regional para Teherán.
Asimismo, cuenta con el apoyo indirecto de otros países como Rusia, que criticó los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán de este sábado, y acusó a ambos países de “hundir Medio Oriente en un abismo de escalada descontrolada”.
En contraste con la red de aliados y grupos armados que respaldan a Irán en la región, Israel mantiene principalmente el apoyo de potencias occidentales y algunos socios estratégicos en Oriente Medio.

Estas alianzas se basan en cooperación militar, política y de seguridad frente a amenazas comunes en la región.
El principal aliado de Israel es Estados Unidos, que durante décadas ha sido su socio más cercano en materia de defensa y diplomacia, y que además lideró junto a Israel el reciente ataque contra Irán.
Washington mantiene una estrecha coordinación militar con el gobierno israelí, además de brindarle respaldo político en escenarios internacionales y asistencia en tecnología y seguridad. Junto a Estados Unidos, varias potencias europeas también han expresado respaldo a Israel.
Entre ellas destacan Francia, Reino Unido y Alemania, países que suelen coordinar posturas con Washington frente a la escalada de tensiones en Oriente Medio y han apoyado la defensa israelí ante ataques provenientes de grupos cercanos a Irán.

En el ámbito regional, el estado judío también ha fortalecido relaciones diplomáticas con varios países árabes, entre ellos Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Arabia Saudita.
Aunque estas relaciones no siempre implican cooperación militar directa, reflejan una creciente coordinación política y de seguridad frente a la influencia de Irán en Oriente Medio.
