Chile

¿Traidor o demócrata? Gabriel Boric deja el poder en Chile tras enfrentarse a la izquierda y a la derecha radical

Este miércoles asume el nuevo presidente de Chile, José Antonio Kast, en medio de una confrontación con el saliente Gabriel Boric. A pesar de las polémicas, el mandatario deja el poder como un destacado demócrata para todos los sectores.

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7 de marzo de 2026, 2:07 a. m.
Gabriel Boric deja el poder tras un periodo convulso, pero del que supo desmarcarse de la izquierda más reaccionaria.
Gabriel Boric deja el poder tras un periodo convulso, pero del que supo desmarcarse de la izquierda más reaccionaria. Foto: Getty Images

Hace cuatro años llegó al Palacio de La Moneda un líder de izquierda que generaba temores en la sociedad chilena más conservadora y una ilusión renovada en los movimientos más progresistas. Se trataba de Gabriel Boric, quien tras vencer en la segunda vuelta al líder de derecha José Antonio Kast se hizo con el poder para revolucionar el país. Pero hoy, ad portas de su salida, el panorama terminó siendo totalmente distinto.

La figura de Boric nació en los movimientos estudiantiles, pero se consolidó en el conocido estallido social de 2019, cuando miles de chilenos salieron a las calles a pedir una nueva constitución que reemplazara la heredada desde la dictadura de Augusto Pinochet. El fervor se llevó a las urnas, donde se aprobó la redacción de una nueva carta magna y se eligió a un líder representativo de la izquierda y el progresismo que marcaba la promesa de ruptura con el modelo chileno.

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Chile logró imponer al hijo del estallido social, representado en un presidente de apenas 36 años que prometía cambiarlo todo. Pero la realidad fue la de un mandatario demócrata, prudente y muy distante de los movimientos sociales y revolucionarios que lo apoyaron, como el Partido Comunista. Esto lo llevó a las críticas de la izquierda más reaccionaria del país y de la región, algo que muchos nunca le perdonaron.

Un punto clave fue su reacción frente a las votaciones constitucionales. Tras el rechazo a la nueva Constitución en el plebiscito constitucional de 2022, Boric reconoció inmediatamente el resultado y convocó a un nuevo proceso político. Esa actitud contrastó con otros líderes regionales de izquierda que suelen desconocer derrotas electorales o deslegitimar los resultados conseguidos por sus opositores.

gabriel boric Presidente de Chile
gabriel boric Presidente de Chile Foto: AFP

Además, aunque Boric llegó con un programa de reformas profundas, su Gobierno adoptó una línea más prudente en política económica. El ministro de Hacienda, Mario Marcel, mantuvo disciplina fiscal y evitó políticas de gasto masivo o nacionalizaciones amplias. Para sectores de izquierda más radical, esto fue visto como una renuncia al proyecto transformador.

“Tal vez el recuerdo del Gobierno del presidente Boric podría resumirse como el de un proyecto transformador que no fue. Con un Congreso sin mayoría oficialista, el rechazo al proyecto constitucional y el fracaso de la reforma tributaria llevaron a que las posibilidades de llevar adelante el programa de gobierno se volvieran muy complejas”, analiza en SEMANA Christian Viera, exmiembro de la Convención Constitucional de Chile. Destaca logros como la reforma de pensiones, la ley de máximo 40 horas laborales semanales y la integración del sistema de cuidados.

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El Gobierno de Boric incomodó a los demás mandatarios regionales de izquierda, que al principio abrazaban su victoria, pero que poco a poco fueron hablando cada vez menos de él. Mientras que líderes regionales como Lula da Silva, Gustavo Petro, Andrés Manuel López Obrador o Alberto Fernández se posicionaron muchas veces en posturas más radicales, en Chile se hablaba de reformas graduales, ampliación de derechos sociales y el fortalecimiento institucional.

Su mayor punto de ruptura con los otros Gobiernos de izquierda de la región fue su condena generalizada y constante a las dictaduras de Venezuela y Nicaragua. Mientras sus homólogos mantenían la ambigüedad, él no dudó en designar las cosas como pensaba. Señaló directamente a Nicolás Maduro de ser un dictador que lideraba un régimen que cruza “fronteras para imponer el miedo”, al declararlo como sospechoso del asesinato de Ronald Ojeda, militar exiliado en Chile.

Gabriel Boric y José Antonio Kast
Gabriel Boric entregará el poder a José Antonio Kast este miércoles 11 de marzo. Foto: AFP

“En Chile se le ha criticado bastante su posición frente a Cuba, que nunca fue del todo clara, en parte porque gobernó con el Partido Comunista dentro de su coalición, que siempre ha apoyado al Gobierno de Nicolás Maduro y mantiene una relación muy cercana con el régimen cubano. Boric sí tomó posiciones críticas frente a Venezuela, pero tampoco tuvo la capacidad de liderar una postura regional más amplia contra el fraude electoral o contra el régimen venezolano”, le dice a SEMANA la exministra de Educación de Chile Mariana Aylwin.

Pero su crítica no se limitó al chavismo. Boric también cuestionó a la propia izquierda internacional por lo que considera un doble estándar frente a las violaciones de derechos humanos. “Realmente, me molesta cuando eres de izquierda y condenas violaciones de derechos humanos en Yemen o en El Salvador, pero no puedes hablar de Venezuela o Nicaragua”, afirmó.

El presidente chileno fue aún más lejos al cuestionar directamente a sectores de su propio campo político: “Hubo gente en la izquierda en Chile que dijo que no se podía hablar de nuestros amigos, y eso está completamente mal”. Con ello, pidió a los movimientos progresistas de la región adoptar un solo estándar moral frente a los abusos del poder.

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Dentro de su país, la situación no fue distinta, ya que se recuerda su actuación tras la muerte del expresidente Sebastián Piñera. “Él fue un fuerte adversario político de Boric. A pesar de esas diferencias, el expresidente Piñera recibió un funeral de Estado con toda la dignidad institucional que corresponde. Eso demuestra que Boric tiene un respeto muy fuerte por la institucionalidad democrática y por la tradición constitucional chilena”, explica Viera.

“Hoy Boric tiene entre un 30 y un 35 por ciento de aprobación. Su gobierno ha tenido niveles algo más bajos, pero en América Latina eso tampoco es un apoyo particularmente reducido. Él es un líder con futuro. Es una persona inteligente y tiene una conexión especial con la gente joven y con las nuevas generaciones”, dice Aylwin sobre el futuro del mandatario, quien podría ser una figura fuerte para las elecciones dentro de cuatro años, cuando tendría aval para volver a participar.

José Antonio Kast asume esta semana como nuevo presidente, enfrentado con el actual mandatario.
José Antonio Kast asume esta semana como nuevo presidente, enfrentado con el actual mandatario. Foto: Corbis via Getty Images

La otra cara de La Moneda

José Antonio Kast asumirá el poder este miércoles, pero no estará lejos de la polémica, ya que un proyecto para instalar un cable submarino de fibra óptica entre Chile y Asia con participación china ha sido el caldo de cultivo para el enfrentamiento entre los dos líderes. El conflicto estalló después de que Estados Unidos anunciara sanciones contra tres funcionarios chilenos vinculados al proyecto, al considerar que podría tener implicaciones estratégicas y de seguridad.

Boric defendió a sus funcionarios y la gestión al respecto, mientras que Kast cuestionó la opacidad con la que se manejó el proyecto. Acusó al Gobierno de Boric de no haber entregado información suficiente durante la transición y aseguró que al llegar al poder investigará el episodio, al igual que otros contratos firmados durante la presidencia del mandatario de izquierda. Esto rompió la cordialidad que había caracterizado los traspasos de poder en la nación austral.

Para Mariana Aylwin, “tanto el presidente Boric como el presidente electo Kast reaccionaron de forma muy emocional, defendiendo sus ideas y sus egos más que el interés del país. Ha sido un espectáculo bastante bochornoso ver a dos autoridades de ese nivel intercambiando acusaciones. Ni siquiera la transición entre Augusto Pinochet y Patricio Aylwin, que fue el paso de una dictadura a una democracia, tuvo este tipo de enfrentamientos públicos”.

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Sobre qué puede esperar Chile con la llegada al poder de Kast, Christian Viera señala que “hay preocupaciones respecto de su posición política. Kast se inscribe dentro de lo que hoy podríamos llamar el fenómeno de las ultraderechas en el mundo. No es extraño encontrar sintonías entre su proyecto político y fuerzas como Vox en España, el presidente Javier Milei en Argentina, Donald Trump en Estados Unidos o Nayib Bukele en El Salvador. Desde esa perspectiva existen algunas propuestas que generan preocupación, especialmente en materia de derechos sociales”.

Al final, el legado de Boric no será el de un líder que transformó radicalmente el modelo chileno, sino el de un presidente que optó por administrar los cambios dentro de los márgenes de la democracia liberal. Ahora el turno será para Kast.