En un discurso el 13 de enero de 2026 durante una visita a una planta de Ford en Michigan, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T‑MEC) “no tiene ninguna ventaja real” para su país y es “irrelevante” en la agenda comercial estadounidense.
Según Trump, Canadá sería el principal interesado en mantener el acuerdo, mientras que, a su juicio, Estados Unidos no necesita los productos manufacturados en México y Canadá, en particular automóviles, porque su administración busca traer la producción de vuelta al país.

Trump genera incertidumbre en la industria y el comercio con México y Canadá
El marcado tono de indiferencia hacia un pacto que fue reconocido como un logro diplomático y económico tras su primer mandato y que entró en vigor en 2020 como sucesor del TLCA.
No se trató solo de un mensaje retórico. El propio presidente defendió sus políticas de aranceles y presentó su visión económica ante el Detroit Economic Club, aunque analistas han señalado que estas mismas políticas han tenido efectos mixtos en la industria y en los costos para consumidores.
🇲🇽🇺🇸🇨🇦‼️ | ATENCIÓN — Donald Trump señaló que el T-MEC es irrelevante para Estados Unidos y cuestionó su utilidad real para el país, apenas un día después de su conversación con la presidenta Sheinbaum. Trump no dudará en priorizar sus intereses nacionales por encima del tratado… pic.twitter.com/5viK1pwK1l
— UHN Plus (@UHN_Plus) January 14, 2026
Reacciones inmediatas: de la industria automotriz al calendario de revisión del tratado
La respuesta del sector privado fue inmediata. El director ejecutivo de Ford, Jim Farley, sostuvo que un acuerdo trilateral como el T‑MEC sigue siendo “crítico” para la competitividad de la industria automotriz, que depende de cadenas de suministro regionales profundamente integradas.
Farley subrayó que Canadá, México y Estados Unidos funcionan como un sistema de manufactura interconectado, y que la certidumbre normativa es fundamental para mantener la competitividad de la producción norteamericana.
Las declaraciones empresariales llegan justamente cuando el T‑MEC entra en uno de sus momentos más delicados desde su firma: la revisión obligatoria de 2026, en la que los tres países deben decidir si renuevan el acuerdo por otro ciclo largo, si hacen ajustes o si lo dejan expirar.
La posibilidad de extenderlo, revisarlo anualmente o entrar en negociaciones más profundas genera incertidumbre entre inversionistas y grandes sectores productivos que han beneficiado de reglas de origen, aranceles reducidos y mercados integrados.

Lo más reciente muestra, entonces, que el debate sobre la relevancia del T‑MEC no es solo una disputa política, sino un choque de narrativas entre la Casa Blanca y sectores económicos claves, que ahora deberán negociar con México y Canadá en un año electoral y comercialmente determinante.
El resultado de ese proceso no solo influirá en el comercio trilateral, sino en las decisiones de inversión y las cadenas globales de valor que han unido a los tres países por más de una década.










