La captura de Nicolás Maduro no derrotó el miedo en Venezuela y aumentó la incertidumbre por el destino que tomará la nación de la mano de Estados Unidos. Hay un sabor agridulce en las calles y el sueño de alcanzar la libertad se hace lejano por el voto de confianza de Donald Trump al chavismo.
Los militares guardan silencio, restringen las tareas de la prensa y evitan preguntas sobre lo sucedido el 3 de enero, cuando los norteamericanos se tomaron Caracas y se llevaron a su comandante: “No estamos autorizados para decir nada”, responde un general de la fuerza bolivariana a SEMANA.

Los alcaldes y gobernadores juran fidelidad a Maduro frente a cámaras estatales mientras son custodiados por uniformados. Cuando termina la grabación, tampoco permiten cuestionamientos y atemorizan con aplicar la traición a la patria, según el testimonio de comunicadores.
Un conductor de servicio público que moviliza a migrantes entre Cúcuta y Ureña, un pequeño pueblo del estado de Táchira, muestra alegría por la captura del dictador, pero revela que el miedo se incrementó entre sus vecinos ante el fantasma de un posible conflicto interno.
Con la promesa de omitir su identidad, él comenta a un equipo de SEMANA: “La situación en Venezuela está más con miedo que con libertad. Se dice que después que agarraron a Maduro eso se va a poner feo. La población está encerrada, con miedo a que vaya a haber una guerra”.
Misael Romero vive hace 45 años en el vecino país y es conocido entre la población por cargar alimentos y víveres en el puente Francisco de Paula Santander. Su lectura no es optimista y cree que el futuro de Venezuela todavía está amarrado a la doctrina del chavismo.
“No está pasando nada, todo está lo mismo. Dicen un cambio, pero no, es lo mismo. Se llevaron el cáncer, pero las raíces se quedaron. El país es de las fuerzas armadas, todo seguirá igual. Ahí tenían que dejar al que ganó las elecciones (Edmundo González)”, detalla Romero.
Otro ciudadano venezolano habla con SEMANA con la condición de guardar su identidad. Si bien cree que habrá un cambio, muestra recelo con la intervención de Estados Unidos y denuncia una supuesta violación de normas internacionales de la Casa Blanca.
“Trump está violando la Constitución de un país, está violando todas las normas. Sea un dictador o lo que sea, ninguna potencia está en la obligación de ir a sacar a un presidente, eso les corresponde a organizaciones internacionales o al propio país internamente”, comenta el hombre.
Las fuentes consultadas por SEMANA emiten sus declaraciones esquivando ser captados por la Guardia venezolana, pues aseguran que cualquier acercamiento con extranjeros, cámaras y micrófonos los pone en un alto riesgo, y podrían ser interrogados y detenidos injustificadamente.
En el lado colombiano hay expectativa por lo que viene. El Gobierno prevé una crisis migratoria que, por ahora, no se ha materializado. Un posible “éxodo” de criminales a Norte de Santander y Arauca, principalmente del ELN, también tiene las alarmas encendidas entre la Fuerza Pública.
La respuesta de las autoridades ha sido aumentar el pie de fuerza en la frontera. Según las cuentas del Ministerio de Defensa, al menos 30.000 uniformados están ubicados en toda la zona limítrofe para blindar al país y mitigar cualquier escenario que amenace el orden público.

Todo esto sucede mientras Venezuela está en estado de excepción, las cabezas del Ejecutivo negocian con Estados Unidos, Delcy Rodríguez toma posesión como presidenta y Nicolás Maduro, en un tribunal de Nueva York, se declara inocente de los señalamientos de la justicia norteamericana.