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Colombia y Estados Unidos: María Claudia Lacouture explica cuáles son las claves para recomponer la relación entre ambos países

La presidenta de la Cámara de Comercio Colombo Americana, AmCham Colombia, María Claudia Lacouture, habla de los retos que tendrá el nuevo presidente frente a la deteriorada relación con los Estados Unidos.

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22 de junio de 2026 a las 4:48 a. m.
La relación entre Colombia y Estados Unidos será uno de los mayores retos del próximo Gobierno. ¿Cómo fortalecer la alianza sin perder autonomía?
La relación entre Colombia y Estados Unidos será uno de los mayores retos del próximo Gobierno. ¿Cómo fortalecer la alianza sin perder autonomía? Foto: SEMANA

La relación de Colombia con Estados Unidos no empieza de cero con un resultado electoral. No pertenece a un presidente, a un partido ni a una coyuntura. Es una relación de Estado, de economía real y de seguridad cotidiana: una alianza estratégica para el desarrollo, la seguridad y los ingresos del país, a través de exportaciones, inversión, turismo y remesas. También fortalece capacidades institucionales frente al narcotráfico y las redes criminales transnacionales.

El próximo Gobierno recibirá una relación que no está en su mejor momento. Los canales existen y los intereses de fondo permanecen, pero la confianza política se ha desgastado y la relación opera con más cautela y mayor exigencia de resultados. La cercanía política ayuda, pero no sustituye el cumplimiento de compromisos ni la capacidad de producir beneficios mutuos. Colombia no puede limitarse a evitar deterioros: debe poner esta alianza al servicio de sus propias prioridades para generar más seguridad, inversión, comercio y oportunidades.

MARIA CLAUDIA LACOUTURE.
FOTO ALEJANDRO ACOSTA
Seguridad, comercio, inversión y empleo: los desafíos que marcarán el futuro de la relación entre Colombia y Estados Unidos tras las elecciones. Foto: le - stock.adobe.com

El mundo cambió. El orden internacional se volvió más transaccional, más regional y dominado por la seguridad económica. Washington mira el hemisferio a través de una mezcla de urgencia doméstica y cálculo estratégico: drogas, migración, crimen transnacional, Venezuela, China, puertos, datos, salud, minerales y comercio. Para Colombia, el riesgo es que esos temas se mezclen sin control: una crisis de narcotráfico puede golpear la reputación financiera, una disputa comercial puede escalar políticamente. La oportunidad es seguir siendo un aliado estratégico confiable si se actúa con método, agenda propia y resultados.

Por eso, vale la pena volver a poner la autonomía estratégica en el centro de la política exterior colombiana. La soberanía no se defiende con distancia retórica, sino con estrategia nacional, instituciones fuertes y capacidad de ejecución. Hablar duro no hace más soberano a un país. Lo hace saber cuándo coincidir, cuándo marcar límites y cómo convertir una relación estratégica en beneficios concretos. La subordinación aparece cuando Colombia llega sin estrategia. La autonomía se ejerce cuando Colombia pone el interés nacional por encima de las ideologías y usa sus relaciones internacionales para generar bienestar sin renunciar a sus prioridades.

María Claudia Lacouture
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La relación con Estados Unidos es indispensable para Colombia, pero Colombia también es importante para Estados Unidos. Para Colombia, es una red de ingresos: cerca de 1 de cada 4 dólares del comercio internacional está vinculado a ese mercado; sostiene más de 5 millones de empleos; representa el 29 por ciento de la IED y el 24 por ciento de los turistas internacionales.

Para Estados Unidos, Colombia no solo es un socio clave en seguridad hemisférica, migración y crimen transnacional; también es un mercado estratégico para sus exportaciones. En 2025, sus ventas de bienes al país alcanzaron 19.400 millones de dólares, con un superávit de 1.600 millones; sus exportaciones agrícolas sumaron 5.100 millones de dólares y cadenas como la de flores colombianas sostienen más de 200.000 empleos allá. Es una relación de beneficios mutuos.

La línea debe ser nítida: una relación más estrecha no implica menos autonomía. La cooperación debe ampliarse en los intereses comunes, siempre preservando la capacidad de decisión de cada uno.

Aranceles Colombia EEUU
El próximo presidente recibirá una relación con Estados Unidos marcada por tensiones, pero también por grandes oportunidades para el país. Foto: Marius Faust - stock.adobe.com

La agenda bilateral es amplia, pero no impredecible. En seguridad, el narcotráfico ya no puede leerse solo como cultivo o incautación: está conectado con lavado, precursores, armas, puertos, minería ilegal, trata de personas y redes digitales. En comercio e inversión, el TLC sigue siendo un activo estratégico, pero ahora pesan aduanas, trazabilidad, origen verificable, seguridad logística y cumplimiento laboral y ambiental. En seguridad económica, temas como infraestructura crítica, tecnología, datos, salud, energía, minerales estratégicos y ciberseguridad deben formar parte de la conversación. El reto de Colombia es atraer inversión que deje procesamiento, innovación, centros de servicios, talento formado y proveeduría local.

La pregunta no es si acercarse o alejarse de Washington. Es cómo convertir esa relación en más seguridad, empleo e inversión para Colombia.

El primer gesto poselectoral debería ser una señal de Estado. Desde el inicio, el nuevo Gobierno debe marcar un tono claro: Colombia busca una relación seria, recíproca y basada en intereses comunes; defenderá su soberanía, cumplirá compromisos y propondrá resultados. Ese mensaje debería acompañarse de un canal reservado con la Embajada, una sola vocería y un enlace de alto nivel para coordinar la agenda sensible.

María Claudia Lacouture
Gustavo Petro 
Donald Trump
“La relación ya no se estabiliza por inercia”: María Claudia Lacouture tras la distensión entre Donald Trump y Gustavo Petro

Después se debe pasar del gesto al método. Una relación de esta densidad no se maneja con intuición: exige arquitectura. El Gobierno podría crear una secretaría técnica interinstitucional, con tablero de seguimiento, protocolo de respuesta rápida y métricas en seguridad, drogas, frontera, migración, comercio, inversión, turismo, datos e infraestructura crítica.

En los primeros 100 días, Colombia podría asumir una posición más estratégica y regional, basada en beneficios mutuos y resultados verificables. Esto exige participar en el Escudo de las Américas con propuestas que integren seguridad, desarrollo económico y fortalecimiento institucional; crear una mesa nacional de seguridad con indicadores en cultivos ilícitos, interdicción, precursores, finanzas ilícitas, puertos y judicialización; avanzar en un paquete de acceso real al mercado que proteja el TLC y resuelva situaciones irritantes antes de que escalen, y presentar una cartera de proyectos financiables en infraestructura, energía, tecnología, seguridad y desarrollo productivo.

María Claudia Lacouture, presidente Amcham y de Aliadas
"Ser aliado no significa obedecer". María Claudia Lacouture, presidenta de Aliadas y de AmCham Colombia, propone una relación bilateral basada en autonomía, confianza y beneficios mutuos. Foto: Aliadas

El sector privado no reemplaza al Estado ni debe ser una cancillería paralela, pero sí puede sostener los puentes cuando la política los debilita. Ese ha sido nuestro papel desde el 26 de enero de 2025: preservar una relación que se traduce en empleos, salarios, inversión, turismo y oportunidades para ambos pueblos, y activar una diplomacia subnacional con el Congreso, gobernadores, cámaras de comercio, gremios, puertos, fondos de inversión y empresas.

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Colombia debe llegar a Washington no a pedir ayuda, sino a ofrecer soluciones: cooperación contra el crimen transnacional, cadenas confiables, alimentos, energía, minerales con trazabilidad, servicios digitales, turismo de calidad, talento y estabilidad regional. La nueva competencia no se gana con discursos de amistad, sino con propuestas comerciales cerrables, sectores priorizados, estados objetivos y cumplimiento verificable.

La relación comercial no puede aislarse de la agenda política, pero sí protegerse de la improvisación. Para ello se necesitan tres frentes: defender y fortalecer el TLC y el acceso al mercado estadounidense; resolver proactivamente los temas que generan fricciones bilaterales antes de que afecten empleo, exportaciones e inversión; y reforzar la seguridad y la confianza para los negocios, combatiendo economías ilícitas y protegiendo la estabilidad jurídica y la confianza inversionista.

El cambio de fondo es dejar de administrar la relación con improvisación y asumirla como una política pública de prosperidad, seguridad y diplomacia estratégica. Ser aliado no significa obedecer, significa ser un socio confiable y con criterio propio. Colombia no debe actuar como aliado automático ni como actor marginal: debe ser indispensable, con agenda propia y capacidad de decisión. Fortalecer esta relación no implica depender más, sino ampliar las fuentes de ingreso, seguridad y bienestar del país y, por esa vía, fortalecer su autonomía.

Seguridad y defensa nacional AmCham Colombia
La presidenta de Aliadas y de AmCham Colombia, María Claudia Lacouture, asegura que Colombia debe convertir su relación con Estados Unidos en una política de Estado, más estratégica y menos ideológica. Foto: GUILLERMO TORRES REINA-SEMANA

Dos naciones, un interés común: convertir la relación en seguridad, inversión, empleo e innovación. Colombia ya conoce el costo de improvisar; ahora debe actuar con método. La tarea no es volver al pasado, sino construir una relación menos gestual y más efectiva; menos ideológica y más estratégica; menos defensiva y más productiva. No basta con sostener la alianza: hay que multiplicar sus beneficios.