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Egan Bernal, entre la ciencia y el milagro: la historia de cómo volvió a competir en Dinamarca

Egan Bernal campeón del Giro de Italia y el Tour de Francia volvió a competir en Dinamarca. Gustavo Uriza, quien operó al ciclista, explica por qué su caso es único en el mundo del deporte.


Lejos de su consultorio, el cirujano Gustavo Uriza prendió el televisor para ver la segunda etapa del Tour de Dinamarca. En su pantalla vio a Egan Bernal montado en la bicicleta corriendo la contrarreloj. De inmediato pensó en aquel 24 de enero de 2022, día en el que enfrentó el mayor reto de su carrera.

“Egan es un milagro”, describió el neurocirujano de la Universidad Nacional y hombre clave en el equipo de 15 especialistas que atendieron al ciclista luego de que chocara con un bus a 62 kilómetros por hora durante un entrenamiento.

“Sentí miedo, estaba muy preocupado”, le confesó a SEMANA. Durante esos 12 kilómetros recorridos en la prueba que Egan enfrentó, a la memoria del doctor llegaron recuerdos de las sirenas, llamados de urgencia, paramédicos de la ambulancia, cirujanos, ortopedistas y fisiatras que estuvieron atentos al arribo del campeón, en estado reservado, a la Clínica Universidad de La Sabana.

“Tenía dos fracturas graves en la columna, hubo dos cirugías. Una en forma urgente para garantizar que volviera a caminar y otra para lograr la unión de la cabeza con la columna cervical”, dijo el médico.

Mientras Egan rodaba a una velocidad de 49 kilómetros por hora en suelo danés, el galeno recordó que siete meses atrás lo tuvo en una camilla y con nostalgia rememoró el choque emocional al que se enfrentaba.

Cuando Egan ganó el Tour de Francia, Uriza recibió una foto del campeón por un compañero del colegio que fue fotógrafo en ese momento épico del deporte colombiano. De la sonrisa del joven, con maillot amarillo y brazos arriba de victoria, no quedaba ni la sombra. A la clínica llegó un ser humano vulnerable e irreconocible por el dolor.

“Cuando lo vi en esa situación de indefensión, con las heridas abiertas y anestesiado, sentí dolor de patria y la necesidad de ayudar a ese muchacho lo más pronto posible. Mi responsabilidad era acomodarle la columna sin daños neurológicos”.

Los momentos devastadores quedaron atrás. La competencia contrarreloj en Dinamarca dejó al pedalista, que tuvo 20 huesos rotos, lesiones de fémur, rótula, perforación de los pulmones y hasta dientes rotos, en el puesto 65 de la competencia.

“Es el primer deportista con lesiones tan serias. Lo recomendable era que no volviera a competir”, dijo Uriza.

Bernal contó con la ayuda de su médico para retomar la bicicleta poco a poco. Con lo que no contó el especialista en neurocirugía es que aquellos que denominan al ciclista “de otro planeta” no estaban equivocados.

“Con el grave accidente, normalmente una persona se demora en salir hasta 15 días de la uci. Egan lo logró a los tres días”.

Quedó demostrado que, pese a estar lleno de tornillos y plaquetas, el cuerpo no ha sido impedimento para Egan, que incluso ya no siente dolor de espalda y de quien los médicos del equipo reportaron recuperación satisfactoria de los huesos.

Uriza es cauteloso al responder si Egan peleará de nuevo una grande del ciclismo. Como fan ya comprobó que mentalmente es indestructible y lo puede lograr.

“Desde el punto de vista mental, él es capaz. Desde el médico, es una incógnita porque continúa con un seguimiento médico estrecho”.

Para la cuarta etapa del tour danés, en la que Egan se cayó (19 de agosto), Uriza estaba en cirugía.

“Menos mal no lo vi porque me angustio”.

Sin embargo, después de operar y enterarse de que logró seguir en carrera, reafirmó su admiración por él. Al terminar el Tour de Dinamarca, lo primero que hizo el médico fue tomar su celular para escribirle a Egan y felicitarlo.

“Es tan puesto en su sitio que no le importó el resultado. Lo único que me dejó claro es que no siente dolor”.

La relación con su paciente se consolidó a tal punto que le gustaría defenderlo en las redes como lo hizo en el quirófano.

“Me molesta ver comentarios deseándole la muerte por el accidente. Las personas no estuvieron ahí y no saben la gravedad de lo que se vivió”.

No obstante, como no tiene la cura para la intolerancia de unos cuantos, se ocupará, como muchos, de acompañar a Egan en cada paso de esa nueva vida que un milagro y su labor desde la ciencia, ayudaron a recuperar.