El campo colombiano atraviesa un momento de transformación. Aunque el sector agropecuario creció 3,1 % durante 2025 frente al año anterior, de acuerdo con cifras del Dane, uno de los grandes desafíos está en garantizar que las nuevas generaciones encuentren oportunidades suficientes para desarrollar allí sus proyectos de vida.

El panorama cobra especial relevancia por los cambios que tendrá la población colombiana durante las próximas décadas. Mientras en 2018 el 54,8 % tenía menos de 30 años, las proyecciones indican que para 2050 el 63,2 % de la población tendrá 30 años o más.
A esto se suma una transformación que puede abrir nuevas oportunidades en las zonas rurales: el acceso a internet en centros poblados y lo rural disperso pasó del 20,7 % en 2019 al 56,9 % en 2025.
Esto amplía las posibilidades de acceder a educación virtual, incorporar nuevas tecnologías a los procesos productivos y desarrollar actividades que antes estaban concentradas principalmente en las ciudades.
Cinco claves para el futuro del campo
Para Claudia Romero, coordinadora de Proyectos Sociales de Compensar, el reto no consiste solo en que los jóvenes sustituyan a quienes históricamente han trabajado la tierra, sino en generar un intercambio entre generaciones.
“No hablamos de un relevo generacional, en el que una generación reemplaza a la otra, sino de un empalme generacional”, explicó Romero, quien destacó la importancia de combinar las nuevas ideas y capacidades de los jóvenes con la experiencia acumulada de quienes han dedicado su vida al campo.
En ese escenario, la experta plantea cinco aspectos fundamentales: incorporar tecnología e innovación a las actividades agrícolas y pecuarias; avanzar en la formalización del empleo rural; fortalecer la creación de mipymes y empresas en el campo; ampliar la formación técnica y profesional, y mejorar la planeación territorial, las vías, la comercialización y el acceso a mercados.

El objetivo de estas medidas apunta a uno de los mayores desafíos de la ruralidad: lograr que permanecer en el campo también represente una alternativa económica viable para las nuevas generaciones.
“Cuando existen mejores condiciones de producción, comercialización, acceso a mercados y calidad, el trabajo rural puede ser rentable y sostenible”, aseguró Romero.
Más allá del crecimiento registrado por el sector, el desafío está en convertir ese potencial económico en oportunidades concretas de educación, empleo, emprendimiento e innovación que permitan que los jóvenes no solo vean futuro en las ciudades, sino también en el campo colombiano.
