Para llegar a la celda donde está recluido Olmedo López Martínez, hay que caminar el equivalente a cuatro o cinco cuadras de un barrio de Bogotá. Pero esa tarde no camino por la ciudad, sino dentro del complejo militar de Puente Aranda, mientras una tensión leve y persistente me recorre el cuerpo. Avanzo por ese lugar mientras repaso las preguntas que le voy a hacer y anticipo los cabos que no puedo dejar sueltos. De pronto, aparece una certeza: no va a ser fácil estar frente a frente con el hombre preso ahí, precisamente porque yo, como periodista, lo denuncié.
Minutos antes, cuando llegué a la guardia del batallón, lo primero que me preguntó el centinela militar fue: “¿Usted es la esposa de quién?”. Quedé desconcertada y no respondí nada. El soldado me volvió a preguntar, en tono perentorio: “¿La esposa de quién?”. (...) El centinela también me interroga: “¿Para dónde va?, ¿cuál es su nombre?, ¿quién la autorizó?”. Mis respuestas son suficientes para que corra los pasadores y me deje avanzar por una cancha de fútbol improvisada en un pequeño prado. Ingreso al edificio donde están los detenidos; la mayoría, militares encausados por la justicia militar por delitos como ejecuciones extrajudiciales (los famosos “falsos positivos”), abuso sexual, secuestro y asesinato, entre otros.


En unos minutos tendré el primero de varios encuentros con Olmedo López, uno de los cerebros del desfalco a la Unidad para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). (...) También puedo notar que en el lugar hay revuelo porque Olmedo López montó un espacio de oración cristiano y ya ha conseguido un número importante de seguidores. Ese “emprendimiento de fe” no cayó bien en algunos internos que, aunque creyentes, no creían adecuado que ese espacio fuera utilizado para el culto. En esas estoy, observando con detenimiento, cuando el exdirector de la UNGRD aparece en la tienda.

—Don Olmedo López… —le suelto, en tono seguro, y le doy un apretón de manos.
Su aspecto físico es radicalmente opuesto al del hombre que copaba titulares, primero, como encargado de las emergencias del país y, después, como el responsable de la compleja trama corrupta para robar dineros públicos. Está más delgado, con el pelo blanco y visiblemente avejentado. Su mirada, por momentos, parece perdida. Eso sí, está bien peluqueado. Busca un lugar en la cafetería y elige el más alejado, en un rincón.
—Hágase al lado mío, así podemos conversar mejor —le digo, en tono cercano, en un intento por romper cualquier tensión.
—Paula… Paula…, con la que comenzó todo —masculla López con algo de sarcasmo en el tono—. Dicen que usted tiene una fundación en La Guajira y que por eso la molestia —comenta.

Le explico que ese es un cuento falso, que mi trabajo como periodista es denunciar los hechos, pero que, en ningún caso, se trata de un tema personal. Le recuerdo que su responsabilidad, al manejar recursos públicos, incluye eso: el escrutinio ciudadano y de la prensa.
—Su fuente lo informó mal —le digo.
(...)

El activista
Le pregunto a Olmedo López, de nuevo, por sus libretas y por el hecho de que en ellas quedaron las pruebas, algunas apuntadas de puño y letra por los mismos implicados.
—Cuando vi la libreta, me sorprendió —reconoce Olmedo López—. ¿Cómo que la representante del movimiento social de las víctimas de Arauca (Karen Manrique) está pidiendo contraprestación por votarle a este Gobierno? No me cabía en la cabeza que una persona que representaba a víctimas del conflicto estuviera condicionando sus votos a cambio de dinero. ¿Y para qué una obra en Saravena si iban a entrar más de 80.000 millones de pesos en maquinaria amarilla para atender eso mismo? —se empeña en explicarme con detalle las anotaciones de sus agendas y la relación de esos apuntes con las reuniones que fueron desmenuzadas durante las audiencias en la Corte Suprema de Justicia.

Después de un silencio, deja salir una frase con una idea que, dice, le surgió producto de la intuición, sin evidencias, como por instinto, y que también se le oyó en una de las audiencias: “Yo creo que detrás de la libreta y buscando la libreta hay un grupo armado colombiano, el ELN”.
Cuenta que, luego de que Gustavo Petro ganara la presidencia, él seguía apoyándolo en el año 2023, principalmente en temas de paros y revueltas alrededor de la minería. Por ejemplo, en el paro minero que se presentó en Caucasia, Antioquia, López lo asesoró sobre cómo podía negociar con las comunidades, según su relato.
—Yo estaba en Centroamérica cuando me encargaron una tarea gubernamental; fue ahí cuando conocí por primera vez y por teléfono a (Luis Fernando) Velasco, recibí una llamada —dice.


La tarea gubernamental estaba relacionada con la situación de orden público que había en Hidroituango, en noviembre de 2022. La disputa se había generado por el supuesto incumplimiento de los acuerdos de las Empresas Públicas de Medellín (EPM) con las comunidades campesinas de Ituango, Briceño, Toledo y San Andrés de Cuerquia (Antioquia). En protesta, los campesinos bloquearon vías de acceso y en las concentraciones arengaron en favor de proyectos productivos, compensaciones y reparación de daños ambientales.
Desde el lugar donde pasaba su descanso, Olmedo López informó que no podía asistir; por lo tanto, lo comunicaron con Sneyder Pinilla para que, desde la distancia y por teléfono, hiciera la negociación. Pinilla era el encargado del lado de los campesinos. —Fue ahí cuando supe de Sneyder Pinilla; porque no nos vimos, pero él fue allí a asesorar a los campesinos en el acuerdo. López asegura que, poco tiempo después de sus gestiones a distancia, recibió una llamada de Laura Sarabia en nombre del presidente Petro.
—Me llamó para que organizara un evento también en el departamento de Antioquia; yo le dije: “No, en este diciembre no se puede porque estamos en Navidad”. Fue cuando cuadramos la fecha para hacerlo el 14 de enero de 2023. Al parecer, Petro decidió atender personalmente los reclamos de las comunidades, y López fue fundamental en ese proceso. La visita presidencial a Jericó se cumplió, en efecto, ese 14 de enero de 2023 y el evento incluyó invitaciones con logos de la Presidencia de la República.
Según Olmedo López, el objetivo era calmar los ánimos de la población, que estaba muy decepcionada porque Petro no había cumplido lo que había prometido en campaña respecto a acabar con la minería en la región.
—Ningún ministro funcionaba, y viendo que el municipio dependía de AngloGold Ashanti… Si la empresa no se mete la plata en el bolsillo, no hay fiesta de Navidad; si las acciones comunales pedían arena, la daba AngloGold. Todo giraba alrededor de esa empresa. Yo le decía (a Petro): “Aquí la Alcaldía es AngloGold Ashanti y eso no puede seguir así”.
De eso trató el encuentro que organizó López en el teatro Santa María, de Jericó. Ese sábado, Petro endureció su discurso y anunció la suspensión de los proyectos mineros en el municipio, incluyendo el de Quebradona. “Queremos agua, queremos maíz. ¡AngloGold Ashanti, fuera del país!”, fue la consigna que se oyó desde las graderías.
Allí también estuvo presente monseñor Noel Londoño Buitrago, uno de los grandes detractores de la minería en la región. Alrededor del teatro hubo mucho revuelo porque varias personas se quedaron por fuera, a pesar de haberse inscrito por internet. Por su parte, los campesinos prominería aseguraron que era una forma de discriminación en contra de ellos.
—Sneyder llega a ese evento del 14 de enero y es ahí cuando yo lo conozco en físico; el evento se llamó “Agua sí, minas no” —recuerda López. Le interrumpo a López su relato sobre las manifestaciones que organizó y le lanzo de nuevo la pregunta. Es el quinto intento con el que ya es el interrogante central de la entrevista:
—Pero ¿por qué lo eligen como director de la UNGRD? Se me fue por la tangente, Olmedo.
—Yo tenía otro nombramiento, para otro cargo.
—¿Para cuál?
—Superintendente solidario. La designación de López en esa superintendencia alcanzó a ser anunciada en la página web de la Presidencia de la República, pero la posesión en el cargo nunca ocurrió. Días después, asegura López, lo contactaron desde el despacho presidencial.
—Laura Sarabia me llamó y me dijo: “UNGRD”. Yo le pregunté: “¿Es una orden del presidente?”. Ella respondió: “Sí”. A lo que yo respondí: “Donde el presidente designe, ahí es”.
—¿El presidente lo llamó? —preguntó.
—No hubo reunión, no hubo agenda, no hubo nada… no hubo un “venga a mi despacho” —responde López.
—Pero, ¿qué hizo usted para que lo nombraran en la UNGRD? —insisto.
Olmedo López se queda en silencio, toma de nuevo la agenda de las Fuerzas Militares, abre en una página en blanco y escribe: “Financiación, campaña presidencial, Cámara y Senado”. Encierra las cinco palabras y dice:
—Eso es otro mundo…
—¿Esas palabras qué significan?
—Son misiones de militante.
—Cada una de sus frases las deja salir entre silencios largos. No puede ocultar que no está cómodo hablando del tema. Dice que se trata de algo demasiado delicado, que hablar de la razón de su nombramiento como director de la UNGRD pone su vida y la de varias personas en riesgo.









