Alejandro Almanza, un joven de 25 años de edad, está solicitando la eutanasia debido al dolor crónico con el que vive hoy en día y que se produjo por cuenta de distintas afecciones de salud, que también lo tienen en una silla de ruedas.
El joven contó su historia en el podcast ‘Vamos Pa’ Eso’, donde habló abiertamente de todo lo que le sucedió después de que comenzara a sentir malestar en un oído.

Almanza explicó que desde niño sufrió algunas afecciones de salud, pero a lo largo de su vida se refugió en el deporte y eso le ayudó. Tras estudiar, comenzó trabajando como auxiliar de enfermería, pero poco después se fue a un call center debido a que allí ganaba más dinero, fue entonces cuando todo comenzó.
Según relató, empezó a sufrir afecciones en sus oídos debido a que siempre tenía que tener los audífonos puestos. “Yo no escuchaba muy bien, entonces yo le ponía el volumen al 100 %”, contó.

Tras un tiempo, renunció y poco después comenzó a trabajar con una línea médica, ahí fue cuando le volvió a molestar su oído y le dio otitis. “Me seguía enfermando y me seguía incapacitando, eso para mí fue algo muy duro”, dijo.
El médico simplemente le recetaba acetaminofén y le daba un día de incapacidad, por lo que después tenía que volver al trabajo, pero la situación en su oído no mejoró y, además, la convivencia con su jefe no fue la mejor.

En un punto, le ordenaron unos exámenes, pero nunca consiguió una cita con la EPS, por lo que decidió pagar una clínica particular. Sin embargo, antes de esto le mandaron a hacer una limpieza en los oídos, algo que fue hecho por una auxiliar de enfermería.
“Yo creo que eso fue lo más traumático de mi vida. Yo entré al consultorio y lo primero que me dijo fue: ‘Siéntese que tengo más pacientes afuera’. (…) Cogió el agua y me hizo duro con la jeringa, pero me dijo que la glicerina no me había movido mucho, entonces que me tenía que hacer más duro", manifestó.

En ese momento, sufrió por primera vez de vértigo y, posteriormente, en la clínica particular le confirmaron que el oído estaba muy mal. “Yo llevé eso a la empresa y me dijeron que no era válido por ser particular y no la EPS, entonces no me reubicaron”, relató.
Después, le diagnosticaron síndrome vertiginoso, una afectación que lo llevaba a caerse de un momento a otro. Pese a todo esto, intentó continuar con su vida normal.
Sin embargo, en ese punto apareció una nueva afectación: nistagmo, un trastorno ocular caracterizado por movimientos involuntarios. “Ya me tocaba poner en un carnet mi nombre y un número para que llamaran por si algo me pasaba”, dijo.

En una ocasión, sufrió una dura caída y tuvo que ser hospitalizado, desde ese momento comenzó a no sentir una de sus manos y una de sus piernas. No obstante, allí una trabajadora de la salud le dijo que en verdad que él no tenía ninguna afección, sino que se trataba de algo psicológico y psiquiátrico.
Poco después, le ordenaron cuidados paliativos crónicos en la casa y el dolor cada vez crecía más, hasta que finalmente le diagnosticaron el síndrome de Ménière.
“Cuando yo estaba pasando por todo esto, yo le dije a mi familia que no quería vivir más, que quería pedir la eutanasia”, explicó, pero en ese momento sus allegados no lo apoyaron.
Alejandro, en estos momentos, sigue con la batalla legal para que la EPS y el trabajo respondan por las supuestas negligencias, aunque continúa con la idea de someterse a la eutanasia.










