Investigación

Tato y Beto: la historia de la pareja gay que fue brutalmente golpeada en el sur de Bogotá

Insultos como “pobres maric*s, pobres locas”, que a diario reciben estos dos jóvenes en el conjunto cerrado en el que viven, en San Cristóbal Sur, escalaron a violencia física cuando fueron agredidos por salir a la calle con su gato. Lo peor es que los atacantes son sus vecinos.

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Revista Semana
19 de abril de 2021 a las 2:12 p. m.
Tato y Beto: la historia de la pareja que fue golpeada por intolerantes en el sur de Bogotá.
Tato y Beto: la historia de la pareja que fue golpeada por intolerantes en el sur de Bogotá. Foto: Revista Semana

Luis Hernando Cortés Camacho, de 29 años, y Carlos Alberto Espitia González, de 27, tienen una relación sentimental desde hace dos años y medio, lo que los llevó a hacer una vida juntos.

Como a miles de bogotanos, el coronavirus afectó sus finanzas. “Antes vivíamos solos, pero por la pandemia tuvimos que pedirle a mi mamá que nos recibiera en su apartamento”, comenta Cortés Camacho, apodado por su novio como ‘Tato’.

El apartamento donde Tato creció junto a su hermano adolescente y la madre de ambos está ubicado en el conjunto residencial El Diamante, en San Cristóbal Sur.

“Cuando nos vinimos a vivir a este conjunto le advertí a mi novio que aquí la gente era muy homofóbica. Fue incómodo, porque viví 17 años de mi vida aquí y siempre fui señalado por ser gay. Recibí mucho bullying. Pero no teníamos más opción. Esperaba que, siendo adultos y cambiando los tiempos, las cosas fueran diferentes esta vez”, cuenta.

Su relación es formal y pública. “La gente aquí sabe que nosotros somos novios, porque solemos sacar a nuestro gatico Atish a caminar por el conjunto. Tratamos de ser un poco reservados siempre”, explica por su parte Espitia González, apodado cariñosamente como ‘Beto’.

“Hablamos y decidimos que lo mejor era ser reservados con nuestras expresiones de afecto”, concuerda Tato.

Luís Hernando Cortés Camacho, de 29 años (derecha) y Carlos Alberto Espitia González, de 27, fueron atacados frente a su propia casa por su condición de pareja homosexual.
Luis Hernando Cortés Camacho, de 29 años (derecha), y Carlos Alberto Espitia González, de 27, fueron atacados frente a su casa por ser una pareja homosexual. Foto: Revista Semana

A pesar de su prudencia, en varias ocasiones recibieron insultos de corte homofóbico, provenientes de varios jóvenes cercanos a su edad que viven en el mismo conjunto residencial. La palabra “maricas” siempre estuvo presente en dichas agresiones, que hasta ese momento se habían limitado a lo verbal.

Una situación que cambió para empeorar el pasado domingo 11 de abril, cuando la pareja salió con su gato a las zonas comunes de El Diamante hacia las 3:00 a. m.

“Nosotros somos muy noctámbulos, y solemos sacarlo de noche para que el gatico pueda andar libremente y que no lo vaya a atacar un perro o algún otro animal”, explica Tato.

Pero el atacado no fue Atish.

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La línea salvavidas que previene el suicidio de jóvenes LGTBI en Colombia

“Estábamos caminando con el gatico y mi novio se antojó de un cigarrillo; entramos al gato y seguimos dando una vuelta cuando vimos a estos sujetos que estaban tomando trago muy cerca de la piscina del conjunto. Yo escuché cuando uno de ellos dijo en voz alta, como para llamarnos la atención,: ‘Ahí van las dos locas maricas con las que tenemos el problema’”, recuerda el joven.

“Yo fui y le dije: ‘Bueno papi, ¿cuál es el problema?, ¿cómo así?’, pero no se lo dije alterado o tratando de buscarle pelea, sino que sinceramente quería saber por qué nos gritaba eso. El tipo, mucho más joven que yo y más bajito, pero macizo, no lo pensó dos veces y de una me lanzó un puño a la cara. Yo lo esquivé y lo empujé y ahí empezó la gresca”, cuenta Beto, quien no entendía cuál era el problema con él, pues vivía allí apenas unos meses atrás.

“Ellos estaban tomados y por eso les dije que se calmaran, que si querían podían pasar al día siguiente a mi casa, ya sobrios, y hablar de lo sucedido. Nos dimos la vuelta y nos fuimos, pero nos seguían gritando ‘pobres maricas, pobres locas’, repetidamente. Apenas habíamos avanzado dos metros cuando uno de los tipos se lanzó contra nosotros por la espalda y nos golpeó, a lo que yo reaccioné y comenzó un forcejeo entre varios”, relata Tato.

“Otro de los sujetos saltó desde una grada cercana y le dio una patada a Beto, que le abrió la cara e inmediatamente lo dejó inconsciente. Lo que hice fue tirármeles encima a los sujetos y desesperadamente les gritaba: ‘Mire cómo me lo volvieron, malditos’, pero entre los tres me tiraron al piso y comenzaron a darme patadas en la mandíbula, en el rostro, en la espalda, en las piernas”, recuerda aún adolorido Luis Hernando.

“En un momento los tipos paran de pegarme, no sé por qué, y mi instinto me hizo pararme del piso y agarrar a Beto, que ya había despertado, pero estaba muy mareado y lleno de sangre. Como pudimos, salimos corriendo hacia la casa de mi mamá, cerramos la puerta y mi hermano llamó a la policía”, relató Tato.

“Dejé a Carlos solo en mi apartamento y junto a mi mamá y mi hermano fuimos al encuentro de los patrulleros. Juntos subimos hasta la vivienda de uno de los tipos que reside aquí, pero el sujeto salió como si nada, portándose superevasivo. Negó estar escondiendo a sus compañeros en el apartamento y, como no llevaban una orden de allanamiento, les dijo que se fueran, porque él es abogado. Finalmente no se pudo hacer nada en su contra, porque aparte de verificar sus antecedentes por la cédula, la Policía no podía actuar, porque nos explicaron que debían haberlos agarrado en flagrancia”, relata indignado Tato.

Luego de la indignación por la golpiza, atender las heridas recibidas era la prioridad. “Beto solo gritaba ‘mi cara, mi cara’, así que la Policía nos trasladó de urgencia al hospital de La Samaritana, cerca de mi casa. Ahí nos valoraron y nos hicieron radiografías, para luego hospitalizarnos. A mi novio le tuvieron que hacer cirugía plástica ambulatoria para arreglarle el labio superior, porque estaba muy dañado, aparte de los golpes en la mandíbula”.

Fractura de costillas, labio seriamente afectado y múltiples moretones es el resultado del ataque a una pareja gay en el sur de Bogotá.
Fractura de costillas, labio seriamente afectado y múltiples moretones es el resultado del ataque a una pareja de la comunidad LGBTI en el sur de Bogotá. Foto: Revista Semana

“Tato estaba mucho peor que yo: tenía la tensión superbaja, y le fracturaron la novena y décima costilla del costado derecho. Las rodillas y codos estaban lacerados y tenía muchos moretones en gran parte del cuerpo. La oreja izquierda y el mentón estaban ennegrecidos por los hematomas”, cuenta Beto.

“Estuvimos hospitalizados dos días y al salir teníamos muchísimo miedo de volver a ese conjunto cerrado. No solo nos lastimaron físicamente, sino el daño psicológico y el pánico que sentimos es constante”

Ambos jóvenes fueron entonces a Instituto de Medicina Legal, donde Beto recibió valoración y una incapacidad médica de 25 días. Por su parte, y teniendo en cuenta la gravedad de sus heridas, Tato fue incapacitado por 40 días, decisión tomada por el médico legista.

En Medicina Legal, Beto recibió incapacidad médica de 25 días tras la golpiza recibida. Por su parte, Tato fue incapacitado por 40 días.
En Medicina Legal, Beto recibió incapacidad médica de 25 días tras la golpiza recibida. Por su parte, Tato fue incapacitado por 40 días. Foto: Revista Semana

También interpusieron una denuncia formal ante la Fiscalía General de la Nación, seccional San Cristóbal, contra sus tres atacantes por los delitos de discriminación y lesiones personales, investigación que ya está en curso por parte del CTI.

Al no tener otra alternativa, la pareja tuvo que volver al lugar donde casi los asesinan y aguantar las miradas burlonas e inquisidoras de sus “vecinos”, quienes ahora los tratan con rechazo.

“Incluso hablamos con la administradora del conjunto para buscar una solución, garantías para poder vivir aquí, pero la señora pareciera ser aún más homofóbica que esos tipos. Nos ignoró por completo e incluso trató de insinuar que fuimos los culpables de esa agresión”, explica con pesar Tato.

Extracto de la denuncia interpuesta por Luís Hernando Cortés y Carlos Espitia contra sus atacantes, por discriminación y lesiones personales.
Extracto de la denuncia interpuesta por Luís Hernando Cortés y Carlos Espitia contra sus atacantes, por discriminación y lesiones personales. Foto: Revista Semana

“Ya no salimos de la casa para nada, ni siquiera podemos ir a trabajar. La Fiscalía de San Cristóbal nos recomendó evitar a esa gente a toda costa, pero nos sentimos prisioneros aquí, mientras que nuestros atacantes están libres y campantes por la calle”, explica Tato.

“Estoy convencido de que ese ataque fue motivado por nuestra orientación sexual, porque nosotros ni conocíamos a esos tipos”, asegura Beto. “Este es un acto de homofobia más, sobre todo por los insultos que nos gritaban y la forma despectiva en la que siempre nos han tratado en este conjunto. Es horrible”, complementó su pareja.

Tras conocerse la denuncia, diversas ONG en defensa de los derechos de las personas LGBTI se comunicaron con Tato y Beto, “así como la Secretaría de Gobierno de Bogotá, el programa Bogotá Diversa de la alcaldía, etc., que les ofrecieron asesoría jurídica, así como apoyo psicológico.

Pero nadie les ofrece un refugio donde vivir, para evitar así a sus agresores. “Nosotros somos trabajadores independientes y por la pandemia no podíamos casi obtener ingresos. Ahora menos que mi novio no se puede ni sentar en una silla y yo que soy comunicador no puedo aparecer en un video todo reventado. Nos afectaron física, psicológica y económicamente”, denuncia desesperado Beto.

In this file photo taken on June 19, 2016 a Turkish anti-riot police officer steps on a rainbow flag during a rally staged by the LGBT community on Istiklal avenue in Istanbul. - LGBT associations denounce a "hate campaign" by Turkish President aimed at making his conservative voters forget the economic problems, at the risk of encouraging violence against a particularly vulnerable community. (Photo by OZAN KOSE / AFP)
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Lo que más necesita esta joven pareja ahora es poder irse junto a su familia del sector, pues Luis Hernando teme por su señora madre y su hermano. “Estamos seguros de que este no fue el único ataque, y seguramente al haber denunciado a esa gente se van a querer vengar de nosotros. Nos sentimos asustados y desprotegidos por las autoridades”, asegura.

“Nosotros nos sentimos muy incómodos por tener que contar todo esto en público, pero lo hacemos porque estamos seguros de que no somos las únicas víctimas de homofobia y discriminación en este sector. Queremos alzar nuestra voz y que se conozca nuestra historia, para que otras víctimas se llenen de valor y denuncien”, puntualizó Beto.