El pasado 10 de agosto, a las 7:34 de la mañana, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió a Colombia. El epicentro fue en San José del Palmar, departamento del Chocó, y la emergencia que generó se convirtió en una de las mayores catástrofes naturales de las últimas décadas en el país.

Varias fueron las ciudades afectadas. Cali registraba decenas de víctimas y cientos de heridos, mientras que Pereira, Manizales, Quibdó y Dosquebradas comenzaron a reportar edificios destruidos con el paso de los minutos.
En pocas horas, las imágenes comenzaron a aparecer en las redes sociales, donde se podía apreciar parte de la magnitud de la tragedia.
Bomberos, Policía, Fuerzas Militares, Defensa Civil y Cruz Roja iniciaron inmediatamente las labores de búsqueda.

Edificios que ahora eran escombros, carros aplastados por el derrumbe de las edificaciones y decenas de personas consternadas al ver la magnitud del terremoto, eran las primeras imágenes que llegaban desde distintos rincones del país.
Los daños se extendieron a 450 municipios del país, Cali y Pereira fueron las ciudades con gran foco de destrucción de viviendas, hospitales, colegios y edificios colapsados.
Quibdó y San José del Palmar afrontaron dificultades adicionales por su ubicación geográfica y problemas de comunicación.
Manizales y Armenia sufrieron daños importantes, entre los que se encuentra la famosa catedral de Manizales. Los primeros videos compartidos por la arquidiócesis mostraban los daños que se observaban dentro y fuera del recinto religioso.

La ayuda internacional comenzó a materializarse durante los primeros días.
Estados Unidos amplió su contribución hasta 26,5 millones de dólares y envió especialistas en gestión de desastres. También llegaron o fueron movilizados equipos de Ecuador, Israel y El Salvador, mientras otros países ofrecieron asistencia.
La llegada de los Topos mexicanos a Colombia generó una polémica paralela a las labores de rescate.

Mientras brigadas voluntarias como Topos Azteca lograron entrar y trabajar en Cali, otros equipos mexicanos, incluido personal especializado del Ejército, tuvieron dificultades para obtener autorización del Gobierno colombiano.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aseguró que Colombia estaba exigiendo una certificación adicional.

Por su parte, el canciller Omar Bula descartó que Colombia estuviera rechazando ayuda por razones ideológicas. Ante las críticas, explicó que los ofrecimientos estaban siendo canalizados y aseguró: “No hemos excluido absolutamente a ningún país”.
Pese a la polémica generada por el expresidente Gustavo Petro, por la llegada de ayuda del ejército de Israel, el capitán Roni Kaplan, portavoz de las Fuerzas de Defensa de ese país, destacó desde una zona de derrumbes de Cali el trabajo de los equipos colombianos.

“Estoy impresionado con el profesionalismo de los cuerpos colombianos y la resiliencia de la gente y las familias”, dijo.
En cuanto a las donaciones, la solidaridad ciudadana fue masiva: Barranquilla envió unas 180 toneladas, Pereira reunió más de 120 toneladas y Bogotá recibió unas 40 toneladas en un solo día.

A ello se añadieron grandes aportes empresariales: la familia Santo Domingo comprometió 32 millones de dólares, mientras Jaime Gilinski anunció 150.000 millones de pesos para reconstruir hospitales y colegios en Cali.
El alcalde de Cali, Alejandro Eder, ha sido el principal gestor tras la situación que vive su ciudad, y ha realizado varias reuniones en el Puesto de Mando Unificado, desde donde ha pedido el apoyo a nivel nacional para continuar con las labores de recate.
“No solamente desde la institucionalidad. Necesitamos también del apoyo de la ciudadanía, de los organismos de socorro y de todos los sectores que hoy están trabajando para responder a esta emergencia”, dijo Eder en uno de sus primeros pronunciamientos tras el terremoto.
La dimensión de la tragedia también quedó reflejada en las declaraciones de las autoridades nacionales, alcaldes y organismos de rescate.

Desde las primeras horas, el presidente Abelardo De La Espriella asumió públicamente la coordinación de la emergencia y ordenó instalar un Puesto de Mando Unificado.
En un mensaje difundido el mismo 10 de agosto, afirmó: “He asumido directamente el liderazgo de la atención por la emergencia en San José del Palmar”.
Cuatro días después, cuando el número de víctimas ya se acercaba a 300, De la Espriella desplazó parte del discurso hacia la reconstrucción del Chocó, epicentro del terremoto.
Desde Quibdó anunció un “plan especial para el Chocó” y sostuvo que la emergencia podía convertirse en una oportunidad para corregir décadas de abandono institucional.

“En medio de esta tragedia tan grande, tenemos una oportunidad histórica de saldar la deuda que por tantos años ha tenido el Estado colombiano con este departamento”, dijo el presidente.
Balance general
A una semana del terremoto de 7,4 registrado en San José del Palmar, Chocó, la emergencia deja un balance de 287 personas muertas, 4.147 heridas y 194 desaparecidas, mientras 355 más han sido rescatadas.
El sismo ha afectado a 15 departamentos y 472 municipios, dejando 120.671 familias y 185.996 personas damnificadas.
En materia de vivienda, se contabilizan 127.608 inmuebles averiados y 26.392 completamente destruidos, además de 197 edificios colapsados.

La infraestructura crítica también presenta daños importantes: 304 centros de salud, 3.207 instituciones educativas y 4.059 centros comunitarios han sido afectados.
Asimismo, hay 410 vías, 95 acueductos, 48 puentes vehiculares, 13 peatonales y cinco aeropuertos afectados.
