Mientras buena parte de la atención de las autoridades estuvo concentrada en la captura y localización de los principales cabecillas del Tren de Aragua y la dada de baja de Niño Guerrero, un nuevo mapa criminal comenzó a tomar forma en Bogotá.

Varios documentos de seguridad conocidos por este medio advierten que, tras el asesinato del máximo exponente del Tren de Aragua, Héctor Rustherford Guerrero Flores, la estructura podría haber iniciado una estrategia de reacomodo en la capital del país para conservar su influencia en varias localidades.
Esa nueva etapa incluye el reajuste del posicionamiento en los corredores criminales construidos durante los últimos años, que le valieron a la ciudad la ola de violencia urbana más aguda de los últimos 7 años.
Asesinatos, torturas, desmembramientos, sicariatos y embolsados fueron las características de esa guerra a sangre y fuego del Tren de Aragua con más de 30 bandas locales.

Kennedy, Bosa y Santa Fe aparecen como los principales puntos de interés dentro de ese reacomodo. Allí convergen mercados asociados al narcotráfico, la extorsión, la explotación sexual, el tráfico de armas y el lavado de activos.
Los reportes también identifican tensiones con estructuras como los Caucanos, en Kennedy y Hades; en Bosa, así como la presencia de otras organizaciones criminales que compiten por los mismos territorios y corredores de distribución.
Pero la pelea en territorio es a otro precio. Los diferentes reacomodos que ha tenido el Tren de Aragua luego de los diferentes golpes propinados por las autoridades han dejado disputas abiertas con bandas de tradición local como los ‘Costeños’, los ‘Boyacos’, los residuos de los ‘Camilos’ que, a su vez, se dispersaron luego de las operaciones contra Camilos I y II y que pasaron a integrar las filas de los ‘Maracuchos’ y otras facciones menos robustas del Tren de Aragua colombiano.

También hay disputas abiertas con los paisas que controlan toda la localización de Suba y partes de Usaquén y Chapinero. Es quizá uno de los competidores más robustos de los de ‘Aragua’ por ser un brazo urbano en la capital del ‘Mesa’ y de la Oficina de Envigado. ‘Moises’, ‘Maracuchos’, ‘Pedro Pablo’ y ‘Chontaduros’ son otros de sus acérrimos contrincantes.
El documento resulta especialmente relevante porque retrata el estado actual de la organización después de los golpes propinados contra varios de sus máximos referentes. Lejos de describir una estructura unificada, los informes muestran un entramado compuesto por mandos históricos, operadores territoriales, redes de apoyo y facciones que mantienen presencia en distintos puntos de Bogotá.

La retoma
Para las autoridades, el principal riesgo no radica únicamente en los nombres que integran esa estructura, sino en la capacidad que todavía conserva para intervenir en mercados ilegales que generan ingresos permanentes.
La principal preocupación de los investigadores se concentra en Kennedy. Allí se encuentra uno de los corredores criminales más importantes de la ciudad.

Los barrios María Paz, El Amparo, Bellavista, Patio Bonito, Chucua de la Vaca y Llano Grande aparecen señalados en los reportes como las zonas en disputa más complicadas. Además, se podría agudizar la ola de asesinatos por cuenta de la retoma del Tren de Aragua sobre las líneas de la droga.
La importancia de estos sectores está directamente relacionada con la dinámica de Corabastos. La central de abastos, según reportes, funcionaría como punto de conexión entre rutas regionales de abastecimiento, redes de distribución urbana y mercados ilegales que operan en distintos puntos de Bogotá. Quien logra consolidar influencia en ese entorno obtiene ventajas logísticas para el almacenamiento, transporte y comercialización de estupefacientes.

Por esa razón, los informes advierten sobre disputas entre el Tren de Aragua y otras estructuras con presencia en la zona. Entre ellas aparecen los caucanos, organización que figura en varios análisis de inteligencia relacionados con el control de expendios y corredores de distribución en Kennedy, que tomaron fuerza tras el desplazamiento de los ‘Camilo’ y de la captura de Brayan la 38, el máximo jefe del Tren en el sur de Bogotá.
Líneas invisibles
La segunda línea de interés identificada por las autoridades se encuentra en Bosa. Allí los reportes se concentran en sectores como San Bernardino y Villa Ema, donde se han detectado actividades asociadas al almacenamiento de droga, utilización de inmuebles para reuniones clandestinas y funcionamiento de pagadiarios utilizados como puntos de coordinación criminal.

En esa localidad, la estructura conocida como Hades aparece mencionada de manera recurrente dentro de los escenarios de disputa por las rentas ilegales.
Los investigadores consideran que Bosa continúa siendo uno de los territorios más sensibles debido a su cercanía con corredores estratégicos utilizados para el movimiento de estupefacientes, como el municipio de Soacha, que conduce a las vías que desembocan en Cundinamarca, Tolima, Huila y Valle del Cauca.
Sin embargo, la presencia del Tren de Aragua en Bogotá va mucho más allá del narcotráfico. Los expedientes consultados muestran que durante los últimos años la organización buscó diversificar sus fuentes de financiación.
Los investigadores de inteligencia documentan actividades asociadas a extorsiones contra comerciantes, vendedores informales, propietarios de establecimientos nocturnos y trabajadoras sexuales.

También aparecen referencias en los informes a economías ilegales relacionadas con la explotación sexual, el tráfico de armas y el lavado de activos.
Esa diversificación de rentas explica por qué el barrio Santa Fe, en Los Mártires, no solo es la joya de la corona del Tren de Aragua, sino una pieza clave criminal identificada por las autoridades. La zona concentra algunas de las economías ilegales más rentables de la ciudad.
Allí convergen expendios de droga, establecimientos nocturnos, entornos de prostitución y redes de extorsión que históricamente han sido disputadas por distintas organizaciones criminales. Además de eso, centros de sicariato y las mal llamadas casas de pique.

Los informes indican que en esa zona confluyen estructuras como los Maracuchos, los ‘Paisas’ (que tienen el control), un brazo robusto del Tren de Aragua y facciones reducidas de Zancudo y otras bandas de menor envergadura que tradicionalmente están en el centro de Bogotá luego de la dispersión del Bronx en 2016.
Para los investigadores, Santa Fe continúa siendo uno de los territorios más atractivos debido a la diversidad de rentas ilegales que pueden explotarse en pocos kilómetros cuadrados y donde el crimen puede andar a plena luz del día sin mayor injerencia de las autoridades.
Una nueva estrategia
Además de Kennedy, Bosa, Santa Fe y Los Mártires, los antecedentes judiciales y los informes de inteligencia mencionan actividad o presencia de integrantes vinculados al Tren de Aragua en Chapinero, Ciudad Bolívar, Suba, San Cristóbal, Usme, Puente Aranda, Antonio Nariño, La Candelaria y Usaquén. Una red criminal que, en tan solo cuatro años, logró apoderarse de casi todos los mercados delictivos de la ciudad.
La distribución territorial muestra una característica que preocupa a las autoridades: la organización no depende de un único enclave criminal.

Por el contrario, construyó redes de influencia en diferentes puntos de la capital, lo que le permite participar en distintos mercados ilegales y adaptarse a los golpes judiciales con una rápida reestructuración caracterizada por un sistema de relevos y entrenamientos delictivos a nuevos fichajes de, incluso, 14 años de edad.
Así las cosas, las investigaciones adelantadas tanto por la Policía como por la Fiscalía no apuntan a una organización derrotada ni completamente desarticulada.

Lo que describen los documentos es una estructura que atraviesa un proceso de reacomodo, en medio de disputas por corredores estratégicos y mercados ilegales que continúan produciendo hasta 1.000 millones de pesos mensuales para el Tren de Aragua, en distintas localidades de Bogotá.
Ahora, el desafío para las autoridades consiste en determinar quiénes terminarán ocupando esos espacios vacíos y hasta dónde llegarán las disputas a muerte por las rentas criminales que siguen convirtiendo a Kennedy, Bosa, Santa Fe y Los Mártires en algunos de los territorios más codiciados por las organizaciones delincuenciales que operan en la capital.
