La sensación de inseguridad está instalada en la noche bogotana. Esta vez, el testimonio de Valerie Gutiérrez, una joven que este 24 de febrero denunció haber sido drogada y despojada de sus pertenencias tras salir de un bar en la calle 85, reforzó las preocupaciones de los bogotanos tras los sonados casos de secuestro que vivieron el profesor Neill Felipe Cubides y la diseñadora Diana Ospina.

Su relato, publicado en redes sociales, reconstruye una secuencia confusa, marcada por vacíos mentales, desorientación y miedo. Según contó, la noche transcurría con normalidad durante el cumpleaños de una amiga. Al final, junto a otra joven, decidió pedir un vehículo a través de una aplicación para volver a casa. Minutos después de iniciar el trayecto, todo se volvió oscuro.
“Fuimos víctimas de droga y de hurto”, resumió la joven, quien explicó que alcanzó a avisar por mensaje que estaban cerca de su destino antes de perder completamente el conocimiento.

Lo siguiente que recuerda es haber despertado abruptamente dentro del vehículo, sin claridad de lo ocurrido y sin sus celulares. El conductor, según su versión, les exigía que descendieran de inmediato, insistiendo en que nunca habían subido con teléfonos.
Desorientadas y aún bajo los efectos de lo que presumen fue alguna sustancia, fueron dejadas en la calle 127 con carrera Séptima, en el norte de la ciudad. Allí, sin saber con certeza cuánto tiempo había pasado, intentaron pedir ayuda.

La escena, según el testimonio, era tan desconcertante como alarmante. Las dos jóvenes sin pertenencias, confundidas, tratando de entender cómo habían llegado hasta ese punto. Finalmente, lograron refugiarse en una portería y contactar a familiares que acudieron en su auxilio.
Valerie calcula que permanecieron cerca de una hora en estado de indefensión, tiempo suficiente para que, al parecer, los responsables cometieran el hurto.

Su denuncia surge en medio de la indignación que provocó el reciente caso de Diana Ospina, víctima de un ‘paseo millonario’ tras salir de un establecimiento nocturno en Chapinero. “Esto no puede seguir pasando”, advirtió la joven.
Ambos episodios, distintos en su desarrollo pero similares en su patrón, reflejan un temor creciente entre los bogotanos que disfrutan de la rumba en la noche; y es que el trayecto a casa se ha convertido en uno de los momentos más vulnerables.
