Pese a los esfuerzos realizados por la administración, Bogotá sigue siendo un lugar inseguro para la mayoría de los actores viales. No por falta de acciones de la Secretaría de Movilidad, sino por múltiples factores que, en lo que va de este 2026, provocaron que las fatalidades en accidentes de tránsito hayan incrementado en un 21 por ciento frente al mismo periodo del año pasado.

Revisar las cifras en detalle ayuda a entender la magnitud de este fenómeno de salud pública que, por encima de los homicidios, es el que más vidas arrebata en la capital. Entre el primero de enero y el 16 de marzo, en la ciudad se contabilizaron 125 muertos en las vías.

Veintiún peatones murieron en medio de un accidente con motocicleta; cuatro, atropellados por algún transporte de carga; otros ocho, por vehículo liviano; siete, en medio de un siniestro con buses de transporte de pasajeros, y otros siete, de los que no se tiene información certera sobre lo que ocurrió en medio de la vía. En total, 47 peatones han perdido la vida.
Pero a la hora de entender quiénes son los actores más involucrados en medio de un siniestro, la conclusión es simple y se refleja en los números: el motociclista y las motos son los que más aparecen en los registros.

Entre enero y la mitad de marzo, cinco de ellos murieron en accidentes con otros conductores de moto; 16 quedaron a merced de percances con transporte de carga; 12 murieron en siniestros con vehículos livianos; otros ocho con buses de transporte de pasajeros y cinco en medio de un volcamiento, choque contra objeto fijo o caída del ocupante. Finalmente, hay dos casos de los que no se tiene claridad. En total, han fallecido 53 motociclistas en lo que va de este año.

Si se suman las fatalidades de peatones, motociclistas, ciclistas y los accidentes múltiples, se encuentra que hay un incremento del 21 por ciento en los casos, pasando de 103 registros a 125, lo que representa un alza de 22 casos entre los trimestres comparados. El aumento en fatalidades de motociclistas entre enero y marzo es del 50 por ciento.
Las causas son múltiples. Desde una ciudad que se está transformando y cuya infraestructura de vías está atravesada por centenares de frentes de obras, pasando por un grave problema de cultura ciudadana, imprudencia y falta de respeto por las normas de tránsito, hasta la laxitud de la regla para expedir las licencias de conducción que certifican la idoneidad de los sujetos que están detrás del volante.
Para Claudia Díaz, secretaria de Movilidad de Bogotá, este es un fenómeno multicausal que se sostiene, en gran medida, en la falta de entendimiento de los actores sobre la corresponsabilidad a la hora de estar en la vía. “En el momento en el que yo decido ser imprudente o que mi afán es más importante que respetar las normas, lo que estoy haciendo es tomar una decisión sobre el riesgo de mi vida y la de otros actores”.

En esa misma línea, hay otros dos factores que, al combinarse con la falta de corresponsabilidad, se convierten en un cóctel fatal: la imprudencia y el exceso de velocidad. Para entender la magnitud de las implicaciones de la velocidad como precursor de la fatalidad, no hay que explicarlo en términos de horizontalidad, sino, más bien, en un plano vertical o de altura.
El límite de velocidad de las vías rápidas de Bogotá es de 50 km/h y este número se explica justamente cuando las cosas se miden en términos de altura. Si una persona o cualquier otro actor vial es atropellado por un vehículo o motocicleta que viaja a esa velocidad, la probabilidad de que sobreviva es de hasta el 85 por ciento, pues se asemeja a una caída libre desde una altura de dos pisos de un edificio convencional.
Sin embargo, según las pruebas técnicas, si un sujeto es atropellado por un conductor que va a 60 km/h, la proporción del impacto del golpe es similar a una caída libre desde un sexto piso. Ahí, la probabilidad de fallecer es del 96 por ciento. “La velocidad elimina el campo visual del conductor y elimina la capacidad de detectar factores de riesgo en la vía”, explicó la secretaria de Movilidad.
Darío Hidalgo, experto en movilidad y docente de la Universidad Javeriana, ve con preocupación las cifras de este primer trimestre. Para él, es necesario que, desde el Congreso, se avance en la Ley de Licenciamiento Responsable, que está pendiente de tercer debate, y que haya que “imponer restricciones a conductores novatos y establecer la sanción por puntos para penalizar reincidentes en conductas de riesgo”.
