El pico y placa solidario, creado como un instrumento para gestionar la demanda de transporte y aliviar la carga de movilidad en Bogotá, se ha convertido en uno de los mecanismos de recaudo más importantes en la ciudad.
Mientras la congestión vial aumenta, las cifras oficiales muestran un crecimiento sostenido en la compra de permisos que permiten a los conductores circular durante los días en que tendrían restricción.
El mecanismo, denominado Permiso Especial de Acceso a Áreas de Restricción Vehicular, fue creado mediante el Decreto 749 de 2019 y su operación comenzó el 22 de septiembre de 2020, cuando la Secretaría Distrital de Movilidad habilitó la plataforma para adquirirlo voluntariamente.

Desde entonces, cualquier propietario de un vehículo particular puede pagar un precio para circular durante los días en que su carro tendría pico y placa. La medida, según la alcaldía, busca frenar el crecimiento del parque automotor y generar recursos adicionales para financiar el Sistema Integrado de Transporte Público (SITP).
Para Ómar Oróstegui, director de GovLab de la Universidad de La Sabana, “el pico y placa ya perdió el impacto con el que fue concebido como una medida de gestión vehicular. Hoy funciona más como un instrumento de recaudo tributario indirecto que como una política efectiva para reducir la congestión”. Y señaló que la estrategia dejó de cumplir el objetivo con el que fue creada hace más de dos décadas.
El cambio en el enfoque de la medida ha hecho que el concejal Emel Rojas se pregunte qué tan efectiva está siendo para descongestionar a la ciudad. Aunque él no está en contravía del recaudo, que es necesario, sí pone la lupa sobre los beneficios en materia de tiempos de viaje, porque, a ciencia cierta, no son menos los carros que están circulando, tampoco más; pero sí todos los posibles al mismo tiempo porque pueden pagar la opción para movilizarse.
Los datos oficiales constatan que el número de permisos adquiridos ha aumentado de manera significativa, especialmente en la modalidad diaria, que concentra la mayor parte de la demanda. Tan solo en las cifras del cierre de diciembre de 2025 se registraron 446.853 permisos diarios adquiridos en un solo mes. La cifra refleja un crecimiento sostenido a través del tiempo del 20 por ciento.

Debido al incremento en la compra de permisos, el pico y placa solidario se ha convertido en una de las fuentes de financiación más relevantes del Fondo de Estabilización Tarifaria (FET). Para este año, las proyecciones oficiales del Distrito estiman que el recaudo por este concepto podría alcanzar 597.827 millones de pesos. Este monto representaría aproximadamente el 18 por ciento del total del FET aprobado para esa vigencia.
Según Oróstegui, el llamado pico y placa solidario se convirtió en una fuente importante de ingresos para el Distrito. “Hoy la ciudad recauda cerca de 500.000 millones de pesos. Ese dinero ayuda a financiar el déficit del transporte público”, indicó.

La Secretaría de Movilidad ha aclarado que el objetivo del pico y placa solidario no es reducir directamente la congestión vehicular. Su propósito es desincentivar la compra de un segundo vehículo.
El crecimiento constante en la compra de permisos ha abierto un debate sobre el papel que cumple el pico y placa solidario dentro de la movilidad. Por un lado, el sistema genera recursos importantes para financiar el transporte público y contribuir a la sostenibilidad del SITP. Por el otro, el aumento en el número de permisos sugiere que cada vez más conductores están dispuestos a pagar para circular.

Oróstegui añadió que esto ha generado incentivos que no necesariamente ayudan a mejorar la movilidad. “El pico y placa terminó incentivando la compra de carros exentos de la medida. Pero esos vehículos siguen ocupando espacio en la vía y contribuyen a la congestión”, dijo.
Además, advirtió que algunas plataformas de transporte están cubriendo el costo del pico y placa solidario a sus conductores para asegurar más servicios. “En esos casos, la empresa paga el permiso mensual a cambio de que el conductor cumpla cierto número de viajes, lo que termina aumentando la presión sobre las vías”, señaló.
Finalmente, recordó que el contexto de la ciudad es muy distinto al de cuando se creó la restricción. “Hace 25 años Bogotá tenía cerca de 500.000 carros. Hoy supera los 2 millones y medio. Con ese crecimiento, el pico y placa perdió la esencia con la que fue concebido y ya no tiene el mismo impacto en la movilidad”, concluyó.
