La seguridad en Bogotá presenta un fenómeno que parece contradictorio. Aunque los ciudadanos empiezan a sentirse más tranquilos en su entorno inmediato, como los barrios, continúan percibiendo la ciudad en general como un espacio inseguro.
Sin embargo, aunque la percepción negativa aún alcanza el 66 por ciento, lo cierto es que también ha mostrado una reducción respecto a la medición anterior.

Así lo reveló la Encuesta de Percepción y Victimización 2025, de la Cámara de Comercio de Bogotá, que evidencia mejoras en la experiencia cotidiana, especialmente en los barrios, y señales de mayor confianza hacia las autoridades, aunque el miedo general sigue siendo alto.
Durante 2025, la victimización disminuyó levemente: el 14,6 por ciento de las mujeres y el 16 por ciento de los hombres encuestados afirmaron haber sido víctimas de algún delito, lo que representa una reducción de 0,6 puntos porcentuales respecto al año anterior.
Sin embargo, esa mejora no se traduce en tranquilidad colectiva ya que, según esa misma medición, el 66,2 por ciento de los ciudadanos considera que la inseguridad aumentó en el último año.

El desfase entre realidad y percepción se explica, en parte, porque el delito sigue siendo visible. El 44,3 por ciento de los bogotanos que participaron en la medición aseguró haber sido testigo de un crimen sin ser víctima directa. Es decir, aunque menos personas sufren delitos, casi la mitad los presencia o los escucha cerca, lo que mantiene la sensación de riesgo.
El hurto a personas continúa siendo el principal problema de seguridad, apareciendo en el 74,7 por ciento de los casos reportados, muy por encima de otros delitos como vandalismo, robo de bicicletas o lesiones personales. Según la medición, la delincuencia cotidiana sigue marcando la experiencia urbana.

Pero el cambio más importante aparece en el territorio cercano. El 43,6 por ciento de los encuestados considera seguro su barrio, el nivel más alto de los últimos años. La mejora es fuerte en ambos sexos; por ejemplo, entre mujeres la percepción de seguridad en su barrio pasó de 29,5 por ciento a 40,4 por ciento, y entre hombres de 34,3 por ciento a 47,1 por ciento.
El dato es clave. Mientras los bogotanos sienten que la ciudad es peligrosa, reafirman que su cuadra (barrio) ya no lo es tanto. En estudios urbanos, este comportamiento suele ser el primer indicador de recuperación de la seguridad.

Otro signo relevante es el aumento de la denuncia. La tasa ponderada llegó al 45,6 por ciento, uno de los registros más altos de la serie histórica. En extorsión, incluso, más de la mitad de las víctimas acudió a las autoridades.
De acuerdo con las autoridades y con la misma encuesta, el incremento en la práctica de la denuncia implica confianza institucional. La gente solo reporta delitos cuando cree que la autoridad puede responder.
La convivencia también mejora. Solo el 23,9 por ciento de los ciudadanos reportó haber enfrentado situaciones que afectaron la vida vecinal, la cifra más baja desde 2022. Disminuyeron riñas, conflictos entre vecinos e invasión del espacio público, problemas que suelen impactar más la percepción diaria que los delitos graves.

Pese a estos avances, la percepción negativa se mantiene alimentada por la información que circula. Las redes sociales se han convertido en la principal fuente para formarse opinión sobre seguridad, con un 61,4 por ciento de menciones, por encima de noticieros o de la experiencia personal. Además, el 28,5 por ciento afirma ver contenido violento con frecuencia en internet.
El resultado es una ciudad que comienza a mejorar en la experiencia directa, pero no en la sensación colectiva. La seguridad avanza desde el barrio hacia la ciudad, mientras que la percepción lo hace más lentamente que la realidad. En Bogotá, según los resultados de esta medición, al menos por ahora, el miedo todavía habita más en la pantalla que en la esquina.










