valle del cauca

Exrecluso que estuvo en el pabellón 8 de la cárcel de Tuluá cuenta cómo era el lugar: “Un laberinto sin salida”

Los cadáveres de las víctimas se mantienen en las instalaciones de Medicina Legal en la ciudad de Cali mientras los familiares los esperan en Tuluá.


Sigue la conmoción en el Valle del Cauca luego de la tragedia que les cobró la vida a 51 personas que estaban privadas de la libertad al interior del pabellón ocho de la cárcel de Tuluá este martes 28 de junio. A las afueras del penal han llegado varios ciudadanos a mostrar solidaridad con los familiares que están esperando los cadáveres de las víctimas.

Un hombre que estuvo detenido en ese sitio arribó a la zona a acompañar a sus conocidos y a dar cuenta de los pasillos oscuros que fueron testigos de la tragedia que empezó a la 1:30 a. m. con la riña de dos bandos del penal y que se agravó con la incineración de una colchoneta cuyas llamas se llevaron todo lo que encontraron a su paso.

Eso es horrible, una situación muy difícil para el ser humano vivir de esa manera. Antes no se quemó toda esa pobre gente porque es un callejón sin salida. No hay ventanas ni por dónde salirse”, dijo el sujeto que vivió durante cinco meses en la cárcel de Tuluá.

Cuando habló del piso de sindicados, se le escuchó el desprecio y malestar que le genera el espacio donde convivió con más de 190 personas. Todos estaban arrumados, unos encima de otros, porque las celdas no están adaptadas para que vivan en las condiciones dignas.

La cara del pabellón es una reja que está asegurada con candados y que se abre cada vez que llega alguien nuevo o cuando tienen la posibilidad de salir a tomar el sol en el patio del plantel. Detrás de esa puerta hay un pasillo que se extiende varios metros donde están las camas improvisadas.

Cuando caminaba por ese corredor donde el calor y sofoco se sienten a cualquier hora del día, el hombre veía la ropa colgada y cobijas puestas sobre las varillas de mental que improvisaban cortinas para frenar la luz del sol y poder dormir.

Al final del “camino sin salida” estaban los baños donde llegaron todos los reclusos en la madrugada de este martes a esquivar las llamas del fuego. Según las marcas que hay en el interior, un par de ellos utilizaron el agua de los inodoros para reducir el fuego que no se pudo controlar a tiempo.

“En ese pabellón todo es inflamable. En un incendio, ¿para dónde pega uno? Para el baño, pero allá tanta gente no cabe. No hay por dónde salir. No tiene ventanas ni absolutamente nada para salir”, detalló el hombre que fue en busca de información de dos conocidos del barrio Farfán que estaban siendo procesados por hurto y murieron en medio del incidente.

De acuerdo con la información del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec), hace más de 50 años ese pabellón estaba de pie por lo que no estaba actualizado con las normas indispensables para prevenir emergencias, como sí lo están otros espacios de la cárcel.

Cuando las llamas tomaron fuerza, los guardias que estaban de turno solo tomaron los extintores móviles para apagar el fuego y no los sistemas de contraincendios. Esa carencia ha sido criticada por las familias que anticiparon acciones judiciales contra el Inpec por presuntas irregularidades en la reacción.

Uno de ellos aseguró que, desde adentro de la cárcel de Tuluá, le dijeron que el intento de motín y respectivo incendio inició a las 12:30 a. m., sin embargo, los guardias habrían llegado una hora y media después, supuestamente, porque estaban disfrutando del concierto de cierre en el marco de la 65 Feria de Tuluá.

“Me dijeron que no había guardianes del Inpec, que llegaron a las 2:00 a. m. del concierto, a esa hora habrían dejado entrar a los bomberos”, contó.

De otro lado, un ciudadano, quien quiso omitir su nombre, dijo que a las 10:00 p. m. del 27 de junio, su suegra recibió una lamentable llamada. “Le dijeron que habían apuñalado a mi cuñado, eso quiere decir que la situación empezó más temprano”, afirmó el hombre.