Con una recompensa de 100 millones de pesos, equipos multidisciplinarios y especializados de investigación judicial de la Policía y la Fiscalía, las autoridades tratan de cerrar el cerco a los asesinos del precandidato a la Alcaldía de Cúcuta Miguel Castellanos Serrano.
El político nacido en Toledo, Norte de Santander, fue baleado en la noche de ayer lunes, 26 de octubre, en el Anillo vial Occidental, en el barrio El Pórtico.
Fuentes consultadas por SEMANA aseguraron que el exsecretario de Gobierno de Cúcuta, que ya aparecía en el partidor de las elecciones del próximo año a la Alcaldía de esa ciudad, fue víctima de un plan criminal por medio del cual los delincuentes simularon un accidente.

Todo ocurrió en esa vía caracterizada por ser oscura, ubicada a apenas 300 metros de su casa y a 500 metros del Batallón de Cúcuta, cuando Castellanos regresaba de recoger a su hijo de 12 años de un centro educativo.
Según testimonios recogidos por las autoridades, Castellanos bajó de su camioneta blindada, en la que iba con su hijo, al ver que el vehículo había sido chocado.
En ese momento, fue baleado. Las autoridades están tratando de establecer qué pasó en esos instantes, qué material audiovisual pueden lograr para que los investigadores judiciales identifiquen el recorrido de los sicarios, quiénes participaron y cuál fue su ruta de escape.

Además, las condiciones en que Castellanos le pidió a su escolta antes de ir a recoger a su hijo que se marchara, que se fuera para su casa, a pesar de haber recibido amenazas en el pasado de peligrosas bandas como los Ak-47, el Tren de Aragua y la Familia P.
En su función de secretario de Gobierno, consideran algunas personas en la Alcaldía de Cúcuta, Castellanos trató de recuperar la seguridad que tiene agobiados a los habitantes de esa ciudad fronteriza, también de garantizar una buena gestión del espacio público en zonas conflictivas y, quizá eso, levantó ampolla en esas bandas que nutren sus rentas ilegales con el narcomenudeo y, principalmente, la extorsión.

Sin embargo, los investigadores tendrán que establecer si esas amenazas están directamente relacionadas con el crimen o más bien los graves señalamientos que había en su contra y eran indagados por las autoridades.
SEMANA reveló en febrero de 2025 que un agente encubierto mencionó al político santandereano con el escándalo de corrupción de Papá Pitufo, el zar del contrabando, y lo acusó de recibir presuntas coimas durante su paso por la Policía Fiscal y Aduanera (Polfa) en la ciudad de Cartagena.
“Él decía que venía pagándoles a Jaramillo y al mayor Castellanos entre 140 y 180 millones de pesos quincenales, ya que él saca cacharro, saca mucho (inaudible), y bueno, no recuerdo qué otras cosas en este momento. En cuanto al cigarrillo, hay una cosa que lo tiene inconforme porque él le pagaba a Jaramillo y al mayor Miguel Castellanos, (y es) que él les pagaba 18 millones de pesos por contenedor y que desde que llegó el capitán, el capitán se le para en la raya de que son 28 millones. Por eso él está esperando que en cualquier momento al capitán lo cambie”, aseguró en su momento el agente encubierto.

El alcalde de Cúcuta, Jorge Acevedo, se pronunció minutos después del asesinato de Castellanos, al finalizar un consejo de seguridad en el que participaron la Policía, el Ejército y la Fiscalía.
En su declaración, recordó los 100 millones de pesos que se ofrecieron para dar con los responsables del crimen de Castellanos, pero sumó el asesinato de una mujer identificada como Julieth Tapias, baleada también ayer en Cúcuta.
El presidente de la República, Abelardo De La Espriella, rechazó el asesinato y ordenó capturar a los responsables.

Por su parte, el ministro de Defensa, Jorge Eduardo Mora, dijo: “Los vamos a buscar, los vamos a encontrar y tendrán que responder ante la justicia. No habrá tregua frente a quienes atentan contra la vida de los colombianos. Mi solidaridad con su familia y seres queridos”.
Castellanos era hermano del exsenador Jairo Castellanos, hoy en un centro médico tras haber sido intervenido quirúrgicamente por un problema cardiaco, y de Leandro Castellanos, exfutbolista y hoy concejal de Bogotá.