Una discusión con varios policías y con una monja en el Santuario Madre Santificadora del Alto de la Virgen en Guarne, Antioquia, pusieron a varios colombianos a hablar del padre Julián David Maldonado Montoya.
El encontronazo, grabado por varios feligreses, fue divulgado por el mismo sacerdote en su cuenta de Facebook, donde acumula más de 20 mil seguidores.
“Denuncia Pública contra las Monjas del Alto de la Virgen de Guarne. Este es el ejemplo de las señoras monjas. Por estas razones es que la gente ya no cree y menos en la Iglesia ROMANA”, escribió.

Su reacción llevó a que la Confesión Religiosa Prelatura Apostólica Verbum Domini, comunidad religiosa católica independiente de la que el padre hace parte, le abriera un proceso disciplinario que le podría dejar fuera del ministerio sacerdotal.
“Al presbítero Julián Maldonado, como a todos los presbíteros de nuestra comunidad, se les ha indicado reiteradamente, desde esta Prelatura, no celebrar en lugares que no le pertenecen, presentarse como lo que somos, Iglesia Católica Independiente, no en comunión con Roma y, en caso de espacios públicos, verificar previamente las autorizaciones, solicitar los permisos respectivos”, dijo esa comunidad por medio de un comunicado.
Es decir, consideran que el padre Julián David se equivocó al ir a oficiar una eucaristía a un lugar en el que funciona otra iglesia y sin la autorización debida.
En diálogo con SEMANA, monseñor Hernán Andrés Marín Agudelo, arzobispo primado de la Prelatura Apostólica Verbum Domini, dijo que a pesar de que le sugirieron pedir excusas, “aceptó, pero hizo todo lo contrario”.
Aunque no solo eso. En su cuenta de Facebook, el religioso ha publicado varios videos relacionados con el escándalo y en una transmisión en vivo contó parte de su pasado.
“Llegó el momento de que muchas personas conozcan la historia del padre Julián”, dijo antes de despacharse en una transmisión de más de una hora.
En esta contó de su cercanía con la Iglesia católica apostólica romana desde que tenía cinco años, que fue acólito en su pueblo, Hispania, un municipio que está a 93 kilómetros de Medellín y donde el comercio se mueve fuertemente por el café.

También su deseo de ser un “gran líder de su pueblo”, que se postuló a ser personero de la institución educativa Aura María Valencia, y, según dijo, lo logró.
Recordó su gusto por el fútbol, pues es seguidor de Atlético Nacional, y sus fallidos intentos en la carrera eclesiástica en la Iglesia católica romana.
De lo que no habló fue de su fallida aspiración como parte del Comité Curricular del programa de Teología en la Universidad Católica Luis Amigó, en Medellín, donde está a punto de graduarse. En una elección realizada en 2022, el religioso solo obtuvo seis votos de los 4240 depositados por la comunidad educativa y tuvo que resignarse a ocupar la casilla de suplente.
Pero no fue la única elección en la que participó. El sacerdote, en 2023, quiso ser alcalde de Hispania, se presentó en las elecciones territoriales y ocupó el cuarto lugar entre seis aspirantes.
SEMANA encontró en las bases de datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil que el padre, entonces candidato por el Polo Democrático, logró 106 votos de los 3.624 que se depositaron en esa ocasión en las urnas, mientras que el alcalde Orlando Arturo Marín Atehortúa logró 1.518.
Este medio intentó comunicarse con el sacerdote, inicialmente recibió una respuesta, pero después fue imposible continuar el contacto. Por eso, está sin responder si denunció en Fiscalía los episodios de acoso sexual a los que atribuye su salida del seminario en el que inició su formación como párroco y que lo han llevado a despotricar de la iglesia de Roma. En caso de no haberlo hecho, por qué lo omitió.
Por ahora, solo hay certeza de que su tiempo en la capilla Nuestra Señora de Guadalupe en el barrio Robledo El Diamante, en Medellín, pende de un hilo.

No haber tenido en cuenta la advertencia de abstenerse de armar un escándalo lo tiene bajo investigación y lo podría hacer expulsar de la Confesión Religiosa Prelatura Apostólica Verbum Domini, comunidad en la que los sacerdotes son reconocidos por las autoridades colombianas, que cuenta con varias iglesias en el país y en la cual cada uno se libra su camino, incluso, a diferencia de la iglesia romana, si es casado.
