Las inundaciones provocadas por el frente frío que azotó a varios departamentos en Colombia, como Córdoba, donde incluso animales silvestres como un puma y un tigrillo fueron rescatados del agua, también causaron graves estragos en Antioquia.
Ejemplo de ello son los daños en los puentes de Mulatos, que comunicaba a Necoclí con San Juan de Urabá, y uno que permitía el flujo vehicular entre San Juan de Urabá y Arboletes.
Por eso, la Unidad para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) anunció que instalará uno de esos puentes modulares para reemplazar el de Mulatos y que Invías tendrá a cargo una segunda estructura, entre San Juan de Urabá y Arboletes.

“Nuestra prioridad es restablecer la conectividad y garantizar que la asistencia humanitaria llegue. Por eso gestionamos dos puentes estratégicos para Antioquia y activamos vuelos humanitarios para apoyar al departamento en la distribución de asistencia humanitaria en las zonas rurales aisladas”, afirmó el director de la UNGRD, Carlos Carrillo.
Para este fin, indicaron, se han destinado más de mil millones de pesos en vuelos humanitarios para transportar kits de la Gobernación de Antioquia a las comunidades que se encuentran aisladas.
Adicionalmente, dijeron desde la UNGRD, que la entidad “mantiene asistencia técnica permanente en territorio y ha participado en los Puestos de Mando Unificado (PMU) y Salas de Crisis, fortaleciendo la coordinación institucional entre el departamento y el Gobierno nacional tras la declaratoria de emergencia”.

A causa de las emergencias, unas 7.500 familias han resultado damnificadas en esa zona del departamento, según cifras oficiales, lo que ha activado los sistemas de emergencia de la Gobernación de Antioquia, que a comienzos de mes anunció el envío de asistencia humanitaria.
La probabilidad de una crisis sanitaria en Urabá, tras las inundaciones de este febrero, es inminente y alta, de acuerdo con las autoridades regionales. La zona se encuentra en alerta naranja hospitalaria, declarada por la Gobernación de Antioquia.

Algunos informes de vigilancia de los organismos públicos encargados señalan los riesgos de “aguas tóxicas” por la descomposición de animales, pues se estima la muerte de al menos 1.200 reses, así como una probable proliferación de dengue una vez bajen los niveles del agua.
Al mismo tiempo, se ha advertido sobre los peligros para las personas, quienes pueden contraer bacterias, debido a que el movimiento de los sedimentos ha levantado esporas del suelo que aumentan los brotes de enfermedades como ántrax y clostridiosis.
