SEMANA: ¿Cómo reaccionó cuando Abelardo De La Espriella le confirmó que sería candidato presidencial?
Abelardo Gabriel De La EspriellaJuris: No fue fácil. Le dije: “La historia del mundo demuestra que los redentores terminan crucificados y el Camellón de los Mártires, en Cartagena, no soporta un mártir más”. Desde Jesucristo hasta hoy, todas las personas que han querido redimir a sus pueblos han terminado traicionadas. La gente que aplaude después termina silbando a quien los sacó del atolladero. En Colombia hay prueba de eso: Simón Bolívar, Rafael Núñez, Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán, Álvaro Gómez y recientemente nuestro último mártir Miguel Uribe Turbay.

SEMANA: ¿Le preocupa la vida de su hijo?
A.E.: Me preocupa muchísimo. Me produce mucha angustia, pero él escogió ese camino y él es un hombre, como lo reconoce, que no siente miedo. Está dispuesto a arriesgarse en beneficio de Colombia. Estamos preparados para todo. Estamos asumiendo el riesgo nuestro. Aquí nadie se arruga.
SEMANA: ¿Les cambió la vida tras la aspiración presidencial de Abelardo?
A.E.: Nos cambió totalmente. Somos personas descomplicadas, sencillas, íbamos al mercado público todos los fines de semana y nos da mucha pena hacerlo con escoltas. En nuestro medio no es bien visto andar con guardaespaldas. Esto es una limitante horrible. No podemos ir al monte, que me encanta tanto; iba a revisar constantemente los animalitos que tenemos. Soy criador de burros catalanes y pintos, los terneros, el ganado de lechería. No se puede hacer eso. Tenemos que cuidarnos para evitar problemas.

SEMANA: ¿Cuál fue su principal enseñanza a Abelardo De La Espriella?
A.E.: Conozco a Abelardo, yo sí lo crie y bien criado. Le di ejemplos de dignidad, de decoro, de lucha y valentía. Le enseñé que la patria está por encima de todo, que el Estado y sus bienes son sagrados y que el gobernante puede meter la pata, pero jamás la mano.
SEMANA: ¿A quién se parece Abelardo De La Espriella?
A.E.: A su abuelo paterno. También se llamaba Abelardo De La Espriella Yepes, luchador político en su juventud, jefe de propaganda y agitación del movimiento gaitanista. Y yo fui también fundador del movimiento de Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara Bonilla. Eso lo lleva en las venas. Cuando Abelardo tenía 7 años, yo tenía un Suzuki SJ410, en el que cabíamos todos los galanistas. Grabé un casete con los discursos de Galán, y Abelardo se los aprendió y se los recitaba a mis amigos viejos, que lo aplaudían. Qué ironía que hoy se está enfrentando a las mismas maquinarias a las que se enfrentó Luis Carlos Galán. Abelardo decía: “Galán ha demostrado que sí es posible derrotar las maquinarias (…) Ni un paso atrás”.

SEMANA: Es amigo personal de Álvaro Uribe. ¿Cómo está esa amistad hoy?
A.E.: Intacta. Es increíble cómo una persona como Abelardo, que no ha sido un activista político, haya tenido ese éxito en su trasegar electoral en solo 11 meses.
SEMANA: ¿Se imaginó que sería el padre del candidato que se convirtió en presidente?
A.E.: Sí. Desde que Abelardo tenía 15 años estaba descollando en el colegio como líder. Tenía un programa en Telecaribe, en el noticiero juvenil, un programa de radio en la Voz de Montería. Tenía un periodiquillo de tres páginas, que se llamaba Inquietudes juveniles. Hizo teatro, yo le regalé una cámara y hacía cortometrajes. En una ocasión abrí la nevera y se había acabado la salsa de tomate que había comprado el día anterior. Averigüé y la utilizó para adornar las escenas que grababa con sus vecinos. A Abelardo le encantaba andar con gente mayor y mis amigos me decían que él sería presidente de Colombia. Era muy inquieto.

SEMANA: ¿Es cierto que Abelardo De La Espriella por poco no nace?
A.E.: Fuimos a recibir una finca en La Mojana sucreña a finales de diciembre de 1977. Nos embarcamos en una lancha. María Eugenia, su mamá, estaba embarazada, tenía unos cuatro meses y la lancha se hundió. Ella iba sentada en un mecedor pequeño y quedó aprisionada, y yo hundido tratando de sacarla hasta que pude hacerlo. Me la quitaron de los brazos unos lancheros que nos auxiliaron. Me sacaron sin conocimiento y me revivieron en la playa. Yo le iba a poner a Abelardo Sinuhe, un personaje del escritor Mika Waltari, que narraba la historia de un hombre salvado de las aguas. Pero le pusimos Abelardo, como su papá, y como su abuelo. Por cierto, mis dos hijos se llaman Abelardo.
SEMANA: Muchos Abelardos en la familia.
A.E.: Tengo dos hijos varones y una mujer. Ellos se llaman Abelardos, y ella, María del Mar, todos abogados. El mayor es Abelardo Tercero y el candidato presidencial es Abelardo Gabriel.

SEMANA: ¿Es católico?
A.E.: Claro, muy católico.
SEMANA: ¿Y cómo le pareció hace unos años cuando Abelardo De La Espriella se declaró ateo?
A.E.: No me sorprendió, son cosas de juventud, de muchachos. Antes la gente decía: “Quien no es comunista a los 20 años no tiene corazón y si lo es a los 60 es tarado”. Él tuvo un proceso de conversión. Cree en Dios y es practicante. Le cuento otra anécdota de Abelardo. Cuando era niño, lo llevábamos en la mañana a un colegio y en la tarde a otro para cansarlo. Tenía mucha energía. Lo mismo que ahora. No pudieron derrotarlo porque él no duerme pensando obsesivamente en la presidencia.

SEMANA: ¿Cómo es Abelardo, el nuevo presidente, como hijo?
A.E.: Extraordinario. Me dio covid, me entubaron en Montería y todo al que entubaban en la pandemia se moría. Abelardo se vino de Miami directo a rescatarme. No dejaban aterrizar el avión, y el presidente Iván Duque ordenó que vinieran unos funcionarios de Cartagena a sellar los pasaportes de la tripulación. Él se presentó en la clínica y le dijo al médico que me llevara a Barranquilla. Me sacaron en un coma inducido en un avión ambulancia. Allá paralizaron el tráfico para que ese carro llegara rápido porque tenía 3 por ciento de posibilidades de vida. En la Clínica Portoazul, en Barranquilla, me salvaron. Quedé sin caminar y me tocó aprender. Le debo mi vida al apoyo que me brindó mi hijo.

SEMANA: ¿Todavía lo regaña?
A.E.: Sí, claro, peleamos permanentemente porque, como nos parecemos tanto, hay una confrontación total. Él tiene sus toques conservadores y yo soy totalmente y filosóficamente liberal. No soy de derecha, pero sus cosas buenas las acepto. Me encanta la seguridad, no me gusta la estatización.
SEMANA: ¿A Abelardo siempre le han gustado los lujos?
A.E.: Le gustan las cosas buenas. Nosotros les hemos enseñado eso, a que les guste lo bueno, no para arrinconar a nadie. El estado de vida de cada quien es posible de acuerdo con sus ingresos. Y si los tiene que viva bien, se vista bien y ande bien.
