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- Foto: SEMANA y API

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La aplanadora de Gustavo Petro en el Congreso: así fue la reconciliación con los partidos tradicionales

El Gobierno se aseguró las mayorías en medio de acuerdos programáticos pero especialmente burocráticos.

En apenas 48 horas, el presidente Gustavo Petro logró calmar la rebeldía de los partidos tradicionales que habían amenazado con abandonar la coalición de gobierno, lo que evidentemente ponía contra las cuerdas al Ejecutivo en su afán por tramitar las reformas con las que espera iniciar el cambio.

En medio de una agitada agenda, Petro logró que tres fuerzas claves para sus aspiraciones se declararan finalmente de Gobierno: el Partido Liberal, el Partido Conservador y La U.

Para lograr esta hazaña fueron claves tres grandes movidas: las llamadas directas del ministro del Interior, Alfonso Prada, a figuras claves de las bancadas, la disposición del ministro de Hacienda a permitir cierto margen para que los partidos le ‘metan la mano’ a la reforma tributaria y la promesa del presidente Petro de una mejor representación burocrática para estas fuerzas en su equipo de gobierno.

El primero en anunciar su declaratoria de Gobierno fue el Partido Liberal, que era justo el que más se había mostrado rebelde en los últimos días. Después de la ‘luna de miel’ entre César Gaviria y Gustavo Petro, con viaje a Italia incluido, se dio una fuerte insatisfacción del líder del liberalismo por la “falta de cumplimiento de los compromisos acordados”.

El Partido Liberal tiene dos ministerios y se supone que es la asignación más generosa entre los demás partidos adherentes. Sin embargo, en la bancada no es un secreto que el ministro de Justicia, Néstor Osuna, y la ministra de Vivienda, Catalina Velasco, no vienen de las entrañas del partido.

Para conjurar esta crisis, fue clave una cena que se dio el martes entre la bancada y el ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, en la que el ‘plato principal’ fue la reforma tributaria y los reparos al proyecto.

El diálogo entre la bancada y Ocampo fue cordial, ya que es cercano a la familia Gaviria, pues fue ministro de Agricultura del expresidente.

Este encuentro fue clave porque permitió que la bancada se sintiera escuchada, que se sintiera parte del Gobierno, algo que había reclamado en los últimos días.

Pero también fue el momento para poner sobre la mesa varios temas que le preocupan a los liberales de esta reforma, como la eliminación de los incentivos tributarios para los cafeteros, el desmonte de los subsidios a la gasolina en las zonas de frontera y las modificaciones en los subsidios de vivienda.

Frente a estos puntos, según le confirmaron un representante del ala oficialista del partido y uno del ala petrista, el ministro Ocampo les dijo que va a ceder en cuanto al tema de los cafeteros y los subsidios a la gasolina y que el de vivienda se va a revisar.

Esto, de entrada, implica que el Gobierno tendrá que bajar un poco su meta de recaudo con la tributaria, que está en 25 billones de pesos, o hacer maromas para buscar nuevas fuentes de recursos.

En medio de la discusión, también se habló tangencialmente sobre el proyecto de presupuesto, en el que, según los congresistas, el ministro se mostró conciliador y dispuestos a llegar a consensos.

En este sentido, la idea de los liberales es lograr un aumento en la apropiación de los Ministerios de Justicia y de Vivienda, que son los que les pertenecen a ellos, para allí poder reforzar la representación que necesitan, sin perjuicio de que se puedan abrir otros espacios.

Con este panorama sobre la mesa, los liberales tuvieron reunión de bancada el miércoles y decidieron oficializar su ingreso a la bancada de gobierno.

Los conservadores

El asunto con el Partido Conservador fue, si se quiere, más de trámite. Durante el lunes y el martes, el presidente de la colectividad, el senador Carlos Trujillo, llamó a los congresistas uno a uno para conocer sus posiciones.

En la conversación, Trujillo les hizo saber que, entre los partidos tradicionales, los conservadores son hasta el momento los más consentidos por el gobierno Petro.

Contrario a los liberales y La U, que tuvieron que aceptar cuotas que no son totalmente de sus entrañas, el Partido Conservador tiene ministerio propio, en cabeza del ministro de Transporte, Guillermo Reyes. Y un viceministerio con Carlos Eduardo Enríquez Caicedo, hijo de la representante conservadora de Nariño Ruth Caicedo y del fallecido senador Eduardo Enríquez Maya.

Es decir, tiene el manejo de la infraestructura vial, una de las más apetecidas en materia de contratación, y de entidades como Invias y la Superintendencia de Transporte.

Con el convencimiento de la mayor parte de la bancada, el directorio nacional se reunió el miércoles en la mañana en el Club de Banqueros y se hizo oficial su ingreso a la bancada de Petro.

Un caso similar ocurrió en La U, donde la directora de la colectividad, Dilian Francisca Toro, representó un papel clave.

Durante un desayuno que ella misma encabezó, no solo se dispuso a escuchar una a una de las necesidades de cada congresista de la bancada sino que se llevó un as bajo la manga: la ministra de las TIC, Sandra Urrutia.

Tal como se había acordado con Petro, el Ministerio de las TIC iba a ser para La U, y a pesar de que se demoró, el jefe de Estado cumplió al nombrar a una persona de este grupo político.

Urrutia, durante el encuentro, les aseguró a los congresistas que ella se sentía representación de ese partido y se mostró dispuesta a escuchar. Eso cayó bien en la bancada, que no tardó en anunciar que serán de gobierno.

De esta manera, el presidente Petro, entre acuerdo programáticos, pero también burocráticos, logró consolidar por ahora una sólida coalición que le asegura 75 votos de 108 en el Senado y 140 de 187 en la Cámara. Esto da tranquilidad al Gobierno, aunque con el apetito burocrático de los partidos, nada es seguro.