Myriam Arango no duda en aceptar la entrevista. Con su cabello blanco bien puesto, chaqueta azul con el rayito amarillo que identifica la campaña presidencial de su hijo, Juan Daniel Oviedo, habló por primera vez sobre su vida y los secretos del “bebé” de su familia, como llama a la fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia. Es apática con la política. No es de izquierda ni de derecha, pero le está tocando vivirla. “¿Por qué?”, pregunta. Quiere seguir viviendo en el anonimato y con la libertad que siempre ha tenido, así su hijo obtenga el cargo de vicepresidente. Tiene 75 años y sigue trabajando. Viaja una o dos semanas a Estados Unidos, compra y vende ropa. Así se ha ganado la vida desde hace décadas y promete seguirlo haciendo. “Le cambiará la vida”, le dijo SEMANA sobre si su hijo llega a la vicepresidencia. “No quiero ni imaginarlo”, respondió tajantemente.

SEMANA: ¿Estuvo molesta durante varios meses con Juan Daniel Oviedo durante su campaña?
Myriam Arango: Claro. Creo que cuatro o cinco meses. Soy una persona dura. Lo que no me gusta, no me gusta. Si tengo que despedir a una persona de mi corazón, lo hago muy rápido. No sufro por nada. Al papá de Juan Daniel lo lloré mes y medio, y hasta luego, nunca más. Y la política para mí no ha sido importante. No crean que digo: “Ay, qué dicha, anhelo ser fulana”. Nada. Acompaño a Juan Daniel y, en lo que pueda ayudar, lo hago, pero me distancié muchísimo porque no me sentía contenta de verlo metido en la política.

SEMANA: ¿Por qué?
M.A.: ¿Le parece fácil la política? Escuchar a los seres humanos decir las bestialidades que dicen, las ofensas. Él fue un niño consentido, yo lo puse en un pedestal. Nosotros nos arreglábamos impecablemente porque venía Juan Daniel al apartamento. A las niñas (sobrinas de él) les decíamos que, por favor, había que aprender a comer porque venía el tío. Para nosotros, el rey. Y verlo ahora en política, difícil.
SEMANA: Estuvo molesta porque él hipotecó el apartamento para hacer política.
M.A.: ¿Le parece poco? Metido en la política y lo que trabajó, ahorró. Y ver que él hipotecó su propiedad para la campaña. En la campaña a la alcaldía él quedó debiendo, y los bancos cobran hasta el saludo.
SEMANA: Pero usted lo ayudó económicamente.
M.A.: No, pero con qué si no tengo plata. Yo vivo. Nada más. Cuando me enteré de que hipotecó su apartamento, casi me da un infarto. Lógico, el apartamento es de él, pero a mí sí me dolió mucho. Pero fui cediendo. Cuando uno tiene esos disgustos, uno es el que se enferma y se hace daño. Él tomó esa decisión, ¿qué hacemos? En una llamada, él me dijo: “Mamá, dejemos de pelear”. Y yo le respondí: “Es que no peleo, pero, bueno, sigamos”.
SEMANA: ¿Juan Daniel a quién salió político?
M.A.: A nadie. No sé de dónde cogió ese virus. Es un virus, la política es como una enfermedad. Ni por parte del papá de él ni de mi familia. Le caminé mucho Bogotá en su candidatura a la alcaldía, lo ayudé a recoger firmas, lo ayudo en lo que pueda, pero que yo esté feliz, rozagante, no. No puedo decir mentiras.

SEMANA: Su hijo puede ser el próximo vicepresidente de Colombia.
M.A.: Si es para él lo mejor, lo acompañaré.
SEMANA: Y su vida va a cambiar.
M.A.: No, por eso quiero irme a vivir a un pueblo.
SEMANA: El país la vio abrazarlo y a él llorar en su pecho el 8 de marzo tras conocer los resultados. ¿Qué ocurrió?
M.A.: Uno conoce muy bien a los hijos. Estaba en la casa de campaña, en Bogotá, viendo los resultados este 8 de marzo y vi que hablaba, pero en su cara le notaba que quería llorar. Y dije: “No, que no se vaya a derrumbar solo hablando”. Fui y lo abracé. Allí le dije: “Mi amor, para mí eres el gran ganador; llora, que eso es de machos. Date cuenta de que para subir al cielo hay muchos escalones, y sin esto (plata), como lo has hecho tú, hay que subir bien duro los escalones. Llora, porque llorar es de machos”. Y ya.

SEMANA: ¿Le gusta Paloma Valencia?
M.A.: Soy imparcial. Me gusta Juan Daniel Oviedo. Sé que él ha estado cercano al Centro Democrático con María del Rosario Guerra, los respeto a todos, pero no puedo decir si me gusta o no. No soy política, no me gusta ni la entiendo.
SEMANA: ¿Qué piensa de Álvaro Uribe?
M.A.: Se le agradece, porque en una época uno podía salir a la calle.
SEMANA: ¿Es de izquierda?
M.A.: Ni de izquierda ni de derecha. Mi santo padre, Plutarco Arango, fue liberal a morir. Y el papá de Juan Daniel era conservador. Para mí, el día de votación era casi una tragedia. Mi papá, a las seis de la mañana, me pedía el café y me invitaba a votar. Y mi esposo me decía: “Cuidadito”. En otra oportunidad les dije a ambos: “No vuelvo a votar por nadie”. Y volví a votar por Juan Daniel.

SEMANA: ¿Y Juan Daniel salió de centro?
M.A.: A lo mejor de ver pelear al liberal y al conservador en su casa.
SEMANA: ¿Ya empezaron sus amigas a escribirle y anunciarle el apoyo a su hijo?
M.A.: Del domingo al lunes, cuando me desperté y vi mi teléfono, había como 200 mensajes felicitándome, gente de Estados Unidos que votó. Yo, reitero, lo acompañaré hasta el último momento.
SEMANA: ¿Cómo lo llama?
M.A.: Juan Daniel.
SEMANA: ¿Y él a usted?
M.A.: Cucha. Últimamente, con la cabeza blanca, me llama cucha. ¿Qué hago?

SEMANA: ¿Qué tal es como hijo?
M.A.: Excelente. Como hijo, como hermano y como tío. Cuando lo necesitan, está presente. Él no es de llamar todo el tiempo a preguntar, porque vive muy ocupado, ahora más en la política, pero vive pendiente. Nosotros estamos atentos para servirle.
SEMANA: ¿Qué es lo más doloroso que han dicho contra su hijo?
M.A.: Lo de ser gay. Cuando recogimos firmas para la alcaldía de Bogotá, lo viví. Ayudé mucho en ese proceso. En Unicentro, por ejemplo, cuando me pedían firmas, respondía: “Gracias, muy amable”. Y seguía. En el caso de Juan Daniel, lo contrario. Empezaban y se desgranaban con unas palabras que me partían el alma. Yo me pregunto: ¿por qué los seres humanos somos tan crueles? Uno dice no. Si a mí no me gusta el gay, no lo trato, digo que no votaré por él y listo. No es obligación aceptar a nadie. Pero tampoco hacerle daño y ofender. Mire, la noche del domingo 8 de marzo recibí una llamada de una persona que formó parte de la campaña de Juan Daniel que me decía que le recomendara que no fuera fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia. Yo le respondí: “Él verá qué hace y dónde está. Yo lo apoyo”. Yo, si acaso, le digo a Juan Daniel: “Mire, el zapato está roto o esa camisa no le sale con el pantalón”. ¿Cómo le voy a decir a una persona con la trayectoria y el profesionalismo de él que haga o no eso? Absurdo.

SEMANA: Como mamá, ¿cómo enfrentó la condición sexual de su hijo?
M.A.: Es que yo vine a saber eso cuando él estaba haciendo el doctorado en el exterior. Vivía trabajando y nunca me fijé en eso. Lloré y me levanté, la vida continúa. Eso no me afecta en nada. Eso ni se habla. Y por qué, y qué pasó, y cómo fue. No. Eso, creo, nacen. Punto. No es una enfermedad. Nada.
SEMANA: ¿Es cierto que lo hizo regresar a Colombia cuando él vivía en el exterior?
M.A.: Sí, él se graduó con honores, le hicieron una oferta muy buena en el exterior, él se había ganado una beca muy buena, todo se lo pagaban, pero las becas tienen unos compromisos: regresar a Colombia e implementar su conocimiento. Él me dijo: “Tengo una oferta buenísima y en un año puedo pagar la beca con todo lo que puedan cobrar”. Y yo respondí que no. A mí me duele mucho la ingratitud, y nosotros los colombianos sí que somos ingratos. Usted viene a Colombia, trabaja y devuelve lo que le dieron. Después se va y hace su vida. Y mire, está en política de fórmula vicepresidencial.

SEMANA: ¿Quiere que su hijo sea alcalde de Bogotá?
M.A.: Sí, me gustaría. Acá en Bogotá lo quieren mucho.
SEMANA: Más que ser vicepresidente.
M.A.: Hasta de pronto, sí. Igual, él tiene tiempo y está joven.
SEMANA: ¿Lo regaña mucho?
M.A.: Sí, yo peleo mucho con él y me aguanta. Seguro nos parecemos mucho.

SEMANA: De madre administradora y padre piloto comercial, ¿quién fue más exigente con Juan Daniel?
M.A.: Daniel no fue exigente porque no hubo necesidad de serlo. Todos mis hijos fueron muy inteligentes y buenos estudiantes. Nunca me tocó ni con Margarita, Roberto o Juan Daniel, mis hijos, preguntarles si habían hecho la tarea. Margarita es licenciada en preescolar y sigue estudiando y estudiando. Va a morir estudiando. Roberto es piloto comercial, administrador de empresas y diseñador gráfico (son hermanos medios de Juan Daniel Oviedo). Juan Daniel, a lo mejor, se concentró en estudiar y en perfeccionarse por el problema de su caída cuando tenía 3 años y por ver mi relación de pareja. Él fue víctima de bullying desde niño por su voz. Nació con dos problemas de dos fístulas, por eso perdió el oído. Se le hizo su primera cirugía, pero las adenoides se operaron y volvieron y le salieron, y volvieron y lo operaron. Y ya con su caída se le afectó más la voz, pero yo la escucho perfecta. Y le digo una cosa: el francés se le escucha excelente. El mejor francés, el de él con su voz, pero como aquí en Colombia criticamos todo. En el Dane, cuando él fue director, la gente vivía más pendiente de su voz que de los datos que entregaba. Acá nos fijamos más en cómo está vestida la gente y cómo habla, y no en qué tan inteligente y capaz es.
SEMANA: Cuando veía los debates en televisión, ¿qué pensaba?
M.A.: Casi no los veo porque me estreso. Y en este momento estoy pensando en mi salud porque, si a mí me llegara a pasar algo, él se afectaría mucho. Lo sé. He tenido dos episodios y me estoy cuidando. Si me voy a amargar viéndolo, no lo veo. Tengo la seguridad de que lo hace bien.
SEMANA: Oviedo tiene una gran personalidad. ¿A quién la heredó?
M.A.: A mí. Lo eduqué así. Siempre le dije: tiene que decir la verdad y de frente.

SEMANA: ¿A qué santo lo encomienda?
M.A.: Mire. San Miguel Arcángel, él lo protege. Siempre tengo encendido el velón. Y oro. El atentado contra Miguel Uribe me pareció terrible, pero Juan Daniel está protegido (por Dios). Uno se va cuando Dios lo considera, es como si estuviera escrito; de resto, no. Miguel dio su vida y nos enseñó; seguro nos llevará al cambio. Encomiendo todos los días a Juan Daniel, porque es un hombre que no tiene miedo.

SEMANA: Si le pido que me diga quién es usted, ¿qué me responde?
M.A.: Una mamá educadora, como miles en Colombia, trabajadora, quien les enseñó a sus hijos lo mejor de la vida y lo que pude recibir de mi papá. Quedé huérfana de 8 años y siempre estuve con mi padre. Cuando conocí al papá de Juan Daniel, venía con una maleta de tres personas: mi papá y dos hijos. “Si usted me quiere a mí, quiere la maleta de tres”, le dije. Elevé a mi papá; Juan Daniel dice que fue carpintero, pero lo llamo ebanista porque hacía unos muebles muy lindos. Tenía valores y se los transmití a mis hijos.
