Ciencia

Ainhoa Rubio, ganadora del premio L’Oréal-UNESCO en Colombia, busca descontaminar el agua con residuos de palma de aceite

La científica española Ainhoa Rubio, ganadora de la edición 2026 de L’Oréal-Unesco Para las Mujeres en la Ciencia en Colombia, conversó con SEMANA sobre cómo convertir los residuos de la palma de aceite en biocarbón para tratar aguas contaminadas, los alcances de su proyecto, los desafíos para llevarlo a la industria y las condiciones que necesita la investigación científica en el país.

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31 de octubre de 2026 a las 12:54 a. m.
 VID- CIENTIFICA AIHNOA RUBIO Ciencia para limpiar el agua
VID- CIENTIFICA AIHNOA RUBIO Ciencia para limpiar el agua Foto: SEMANA

Ainhoa Rubio es una científica española vinculada a un proyecto de investigación que busca aprovechar los residuos agroindustriales para desarrollar alternativas de descontaminación del agua.

En colaboración con otras investigadoras de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Antioquia y empresas del Urabá antioqueño, estudia cómo transformar los residuos del cultivo y procesamiento de la palma de aceite en materiales de valor agregado, particularmente biocarbón. Su trabajo fue reconocido en la edición 2026 del programa L’Oréal-Unesco Para las Mujeres en la Ciencia en Colombia, una distinción que le permitirá recibir 10.000 dólares para avanzar en el desarrollo de su investigación.

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El potencial de lo que se descarta

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La tusa o raquis, la fibra y el cuesco de la palma de aceite forman parte de los residuos sólidos que deja esta actividad agroindustrial. Su aprovechamiento, sin embargo, no consiste simplemente en encontrarles un uso alternativo: requiere comprender sus propiedades, establecer cómo transformarlos y determinar si el resultado es técnica, económica y ambientalmente viable.

Ese es uno de los desafíos que aborda la investigación de Ainhoa Rubio. Su propuesta parte de una pregunta: ¿es posible convertir materiales que representan un reto de gestión de residuos en recursos útiles para otros procesos productivos?

“El mayor obstáculo científico y tecnológico a la hora de dar un valor agregado a todo tipo de residuos es la variabilidad en la composición de estos y la complejidad de transformarlos en materias primas con propiedades uniformes, estables y económicamente viables. Aunque estos residuos pueden ser aprovechados, es necesario desarrollar procesos que permitan valorizarlos de manera eficiente, reducir los costos de transformación a gran escala y garantizar la calidad del producto final”, explica Rubio a SEMANA.

La científica española Ainhoa Rubio, ganadora de la edición 2026 de L’Oréal-Unesco Para las Mujeres en la Ciencia en Colombia, conversó con SEMANA sobre cómo convertir los residuos de la palma de aceite en biocarbón para tratar aguas contaminadas
La científica española Ainhoa Rubio, ganadora de la edición 2026 de L’Oréal-Unesco Para las Mujeres en la Ciencia en Colombia, conversó con SEMANA sobre cómo convertir los residuos de la palma de aceite en biocarbón para tratar aguas contaminadas Foto: L’Oréal-Unesco Para las Mujeres en la Ciencia en Colombia

La respuesta exige estudiar cada material y las condiciones bajo las cuales puede transformarse. En el caso de los residuos de la palma de aceite, la investigación busca identificar sus características y establecer las condiciones operacionales que favorecen la obtención de productos aprovechables. Uno de ellos es el biocarbón, un material que, dependiendo de sus propiedades y de los tratamientos que reciba, puede emplearse en aplicaciones ambientales.

Los resultados preliminares ofrecen una primera señal de su potencial. Rubio afirma que el biocarbón obtenido en el marco del proyecto ha mostrado capacidad para eliminar altas concentraciones de materia orgánica y turbidez de las aguas residuales generadas durante el proceso de extrusión de la palma de aceite.

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El alcance de este resultado debe entenderse en su etapa actual: se trata de una investigación en desarrollo, cuyos hallazgos todavía deben estudiarse para establecer su desempeño y sus posibilidades de aplicación a mayor escala. No significa que exista ya una solución industrial lista para implementarse, pero sí que hay una alternativa que merece seguir investigándose.

La apuesta consiste en cambiar la relación entre producción y desecho. En un modelo lineal, los materiales que quedan después de un proceso industrial pueden convertirse en un problema de manejo ambiental. En uno circular, en cambio, se estudian alternativas para reincorporarlos a nuevas cadenas de valor. La diferencia no está únicamente en reducir lo que se desecha, sino en desarrollar procesos que permitan aprovecharlo con criterios verificables de sostenibilidad.

De los resultados de laboratorio a la industria

La científica española Ainhoa Rubio, ganadora de la edición 2026 de L’Oréal-Unesco Para las Mujeres en la Ciencia en Colombia, conversó con SEMANA sobre cómo convertir los residuos de la palma de aceite en biocarbón para tratar aguas contaminadas
una distinción que le permitirá recibir 10.000 dólares para avanzar en el desarrollo de su investigación. Foto: L’Oréal-Unesco Para las Mujeres en la Ciencia en Colombia

Uno de los mayores retos de la investigación aplicada consiste en superar la distancia entre un resultado obtenido en condiciones controladas y una tecnología que pueda funcionar de manera confiable en un entorno industrial. Que un material presente resultados prometedores en el laboratorio no significa que pueda incorporarse de inmediato a una planta de tratamiento de aguas residuales o de producción de agua potable.

“Demostrar que el biocarbón funciona en condiciones controladas o a escala de laboratorio no significa necesariamente que pueda implementarse directamente en plantas de tratamiento de aguas residuales o de producción de agua potable. Para establecer su viabilidad a gran escala, es necesario determinar de manera conjunta su desempeño técnico, incluyendo el análisis del número de ciclos de uso del biocarbón sin pérdida significativa de eficiencia, su rentabilidad económica, su impacto ambiental y ciclo de vida, y las dificultades asociadas con su producción a mayor escala”, explica Rubio.

El conocimiento generado podría ser útil para investigar residuos de otras actividades agrícolas, forestales, pecuarias e incluso domésticas. La cascarilla de arroz, la borra del café, el aserrín y los restos vegetales son ejemplos de materias primas que pueden estudiarse para producir materiales porosos con aplicaciones ambientales. No obstante, cada una requiere una evaluación particular y, cuando sea necesario, modificaciones que permitan adaptar las propiedades del biocarbón al contaminante que se busca retener o degradar.

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Por eso, el objetivo no es replicar sin cambios una experiencia desarrollada en Urabá, sino producir conocimiento que pueda ajustarse a las condiciones de otras regiones e industrias. “Más que replicar directamente los resultados en lugares diferentes a la región de Urabá, buscamos generar conocimiento que pueda adaptarse a diferentes contextos regionales, nacionales y de índole internacional”, sostiene.

El reconocimiento recibido en la edición 2026 de L’Oréal-Unesco Para las Mujeres en la Ciencia en Colombia llega en esta etapa del proyecto. La iniciativa fue seleccionada entre 92 postulaciones de Colombia, Ecuador y Perú y recibió 10.000 dólares para avanzar en su desarrollo. En Colombia, el programa cuenta con el apoyo de la Universidad del Rosario.

Para Rubio, el valor de esta distinción no se limita al aporte económico. También puede contribuir a dar visibilidad al trabajo, facilitar la formación de estudiantes y abrir posibilidades de colaboración con otros equipos e instituciones. Sin embargo, advierte que el efecto de un reconocimiento solo puede medirse con el tiempo y que este no reemplaza las condiciones materiales que requiere la investigación.

“Creo que este reconocimiento abrirá puertas, pero su verdadero impacto depende de lo que suceda en el tiempo; puede dar mayor visibilidad al proyecto, contribuir a la vinculación y formación de estudiantes de pregrado y posgrado, facilitar alianzas con otros grupos de investigación e instituciones y generar nuevas oportunidades de financiación, al tiempo que promueve mi crecimiento profesional y personal”, afirma.

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La financiación sostenida, la infraestructura, el tiempo y la conformación de equipos interdisciplinarios son, en su opinión, elementos fundamentales para que los proyectos científicos puedan avanzar. Los resultados no siempre son inmediatos, y convertir una investigación prometedora en una alternativa aplicable exige continuidad, validación y colaboración.

Desde esa perspectiva, el respaldo a las mujeres científicas no debería agotarse en la visibilidad que ofrecen los premios. También implica crear condiciones para que sus investigaciones se consoliden y para que más mujeres accedan a espacios de liderazgo en la ciencia.

Rubio destaca el trabajo de las investigadoras colombianas y la capacidad de los grupos científicos que desarrollan proyectos relacionados con la valorización de residuos agroindustriales y la economía circular. “La investigación requiere de financiación sostenida, equipos interdisciplinarios equitativos, infraestructura y tiempo para desarrollar proyectos cuyos resultados no siempre son inmediatos. Desde Colombia, el reto es convertir estos reconocimientos en oportunidades concretas que fortalezcan nuestros grupos de investigación, promuevan la colaboración y permitan que más mujeres accedan a espacios de liderazgo científico”, concluye.