La tecnología 5G utiliza radiación electromagnética no ionizante, la misma categoría que emplean la radio, la televisión, el Wi-Fi y las redes móviles anteriores (2G, 3G y 4G).
El 5G es mucho más que una versión más rápida del 4G. Con velocidades hasta 100 veces superiores a las de las redes actuales, es una tecnología transformadora diseñada para satisfacer la creciente demanda de datos y conectividad en nuestro mundo cada vez más digital.
La revista Wired publicó un reciente estudio donde analizan los niveles de radiación electromagnética (RF-EMF) asociados con la red 5G y lo comparó con exposiciones cotidianas.

Las pruebas se hicieron basándose principalmente en los primeros resultados del Proyecto Goliat, una investigación europea diseñada para medir cuantitativamente la exposición real de las personas a campos electromagnéticos debido a las telecomunicaciones inalámbricas, especialmente 5G.
El Proyecto Goliat, el cual inició en 2022 y que ha sido financiado con más de 9 millones de euros, tiene como objetivo medir y monitorear la exposición a RF-EMF, para evaluar posibles efectos biológicos y neuropsicológicos y comprender cómo percibe la sociedad los riesgos de estas tecnologías, según narra Wired.

El equipo liderado por Mónica Guxens desarrolló un protocolo novedoso para medir la exposición en escenarios cotidianos, tanto en zonas urbanas como rurales, con especial atención al uso de smartphones y al efecto de las antenas 5G y 4G.
“Los niveles más elevados se registraron en las zonas comerciales urbanas y en el transporte público, pero seguían estando más de cien veces por debajo de los valores orientativos internacionales”, dijo el investigador del Instituto Suizo de Salud Pública y Tropical y coautor del estudio, Martin Röösli.
Una de las conclusiones interesantes del estudio es que la exposición a radiación de teléfonos móviles y estaciones base 5G no es mayor en zonas urbanas que en rurales, e incluso puede ser paradójicamente mayor en lugares con menor densidad de antenas.

Esto se debe a que, en áreas rurales donde la señal es más débil, el smartphone necesita usar más energía para conectarse, lo que incrementa las emisiones del propio dispositivo, lo que genera niveles de exposición más altos para el usuario en comparación con zonas urbanas densamente equipadas con estaciones base.
El artículo de WIRED pudo establecer que la radicación 5G medida en contextos reales es baja y está muy por debajo de los límites científicos internacionales, incluso en escenarios intensivos de uso.
El estudio también destaca que la principal fuente de exposición para una persona es el propio smartphone, especialmente cuando transmite datos, más que las antenas 5G en sí.

Cabe resaltar que los campos electromagnéticos (CEM) nos rodean, y provienen tanto de fuentes naturales como artificiales.
Por otro lado, abarcan desde la radiación no ionizante de baja energía, cuyas dosis bajas generalmente se consideran inofensivas, hasta la radiación ionizante de alta energía, que puede causar daños celulares y en el ADN.










