Una historia ha llamado la atención por las particulares circunstancias en las que fue enterrado un hombre hace aproximadamente 3.700 años. Sus restos fueron hallados bajo el suelo de una gran sala de La Almoloya, uno de los principales asentamientos de la cultura de El Argar, en la actual región española de Murcia.

Lo que más sorprendió a los arqueólogos fue la forma en la que encontraron el cuerpo: su rostro quedó a apenas un centímetro del pavimento, justo en una zona de tránsito, y entre sus dientes encontraron una piedra. Los investigadores bautizaron al individuo como “el enemigo” debido a las particularidades de su enterramiento.
Ahora, un estudio publicado en Ilu. Revista de Ciencias de las Religiones, plantea que la ubicación del cuerpo pudo responder a una práctica ritual. Su autor, Marco Mazón Gomariz, propone que el entierro habría tenido como propósito humillar al fallecido y neutralizar simbólicamente aquello que representaba.

Según esta interpretación, la disposición de los restos podría haber formado parte de un ritual mágico de aniquilación, dirigido a ejercer una forma de dominio simbólico sobre el individuo incluso después de su muerte. Sin embargo, el estudio presenta esta explicación como una “hipótesis plausible”, no como una conclusión definitiva.
Una gran sala de rituales
La Almoloya estuvo habitada aproximadamente entre el 2200 y el 1550 a. C. y se consolidó como uno de los principales centros políticos de la cultura de El Argar, en el sureste de la península ibérica. Entre sus construcciones destaca una sala de unos 70 metros cuadrados, equipada con bancos, un podio y un gran hogar. Según el equipo de la Universitat Autònoma de Barcelona, este espacio habría funcionado como un lugar de reuniones o audiencias en el que podían congregarse decenas de personas.

En ese lugar fueron encontrados los restos de AY5, un hombre de aproximadamente 40 años que medía cerca de 1,63 metros. Su enterramiento se diferenciaba de las prácticas funerarias habituales de la cultura argárica, ya que no estaba acompañado de ajuar funerario ni había sido depositado en una urna o cista, estructuras utilizadas para algunos entierros de la época.
Hasta el momento, no se han identificado lesiones en los huesos que permitan establecer cómo murió el hombre. Algunas formas de ejecución, como el estrangulamiento, pueden no dejar señales evidentes en el esqueleto.

También se contempla la posibilidad de que el cadáver hubiera permanecido en otro lugar antes de ser trasladado a La Almoloya. Sin embargo, la disposición de los restos continúa siendo inusual, incluso en un asentamiento donde los entierros bajo las viviendas formaban parte de las costumbres funerarias.
