El 2026 comenzó marcado por uno de los mayores enigmas astronómicos de 2025: 3I/ATLAS. Aunque la NASA lo catalogó como un cometa natural, para algunos esta explicación resulta insuficiente. Sus características particulares y ciertos aspectos de su comportamiento han llevado a algunos expertos a plantear la posibilidad de que se trate de tecnología avanzada.
Uno de los científicos que más ha insistido en no descartar esta hipótesis es Avi Loeb, astrofísico conocido por defender la necesidad de considerar escenarios no convencionales, especialmente tras la aparición de este tercer objeto interestelar.
“Tan pronto como se descubrió que el objeto interestelar 3I/ATLAS seguía una trayectoria casi alineada con el plano orbital de los planetas alrededor del Sol, insté a los responsables políticos a elaborar planes de contingencia para un ‘cisne negro’”, escribió en su blog personal en Medium.

En medio de los numerosos estudios realizados, se consideró poco probable que 3I/ATLAS fuera una nave extraterrestre. Sin embargo, las posibles consecuencias sociales de que contuviera tecnología avanzada serían significativas. Por ello, Loeb sostiene que resulta razonable recopilar la mayor cantidad de datos posibles para descartar anomalías que lo diferencien de un cometa natural.

El tema ganó mayor atención mediática el 19 de diciembre de 2025, cuando el presidente ruso, Vladímir Putin, fue consultado públicamente sobre el objeto. Según la fuente citada, aseguró que se trataba de un cometa natural de origen externo al Sistema Solar, sin riesgo para la Tierra y que pronto abandonaría sus cercanías.
No obstante, pese a la versión oficial, observaciones recientes detectaron anomalías llamativas, como la presencia de tres chorros simétricos alrededor de su núcleo, visibles en imágenes captadas por el Telescopio Espacial Hubble el 14 de enero de 2026.
Así, aunque algunas de las anomalías de 3I/ATLAS podrían explicarse por causas naturales, otras lo convierten en un objeto altamente inusual entre los cometas conocidos. El descubrimiento de más objetos interestelares en la próxima década permitirá evaluar cuán excepcionales fueron 1I/‘Oumuamua y 3I/ATLAS.

Entre las anomalías orbitales que despiertan sospechas destaca la inusual cercanía de su paso por Júpiter. Su distancia perijove casi coincide con el radio de Hill del planeta, lo que algunos interpretan como un posible escenario para desplegar dispositivos tecnológicos cerca de los puntos de Lagrange, donde el consumo de combustible sería mínimo.
A esto se suma que, el 22 de enero, el objeto se alineará casi perfectamente con el eje Sol-Tierra, con su anticola apuntando hacia nuestro planeta. Además, su dirección de llegada coincide con la de la histórica señal de radio “¡Wow!”, una coincidencia estadísticamente poco probable que refuerza la percepción de un comportamiento atípico.

Por otro lado, su núcleo es más masivo y se desplaza a mayor velocidad que 1I/‘Oumuamua y 2I/Borisov, lo que sugiere que no fue expulsado al azar desde el espacio interestelar, sino que podría haber tenido como destino el sistema solar interior.
Asimismo, presenta una polarización negativa extrema nunca antes observada en cometas, posiblemente relacionada con su extraña anticola. Cerca del perihelio, también destacó por brillar más rápidamente que cualquier cometa conocido y por exhibir un color más azul que el del Sol.
