La gastronomía se ha consolidado como uno de los grandes atractivos turísticos en Colombia, y Boyacá es una de esas regiones en las que sus preparaciones típicas son imperdibles.

Cada uno de los platos elaborados en esta zona del país refleja la historia, las tradiciones campesinas y la riqueza agrícola de sus municipios, pues están ligados a los productos que se cultivan en sus tierras como la papa, el maíz, las habas y las arvejas, además de lácteos, carnes y trucha, entre otros.
Esta variedad de ingredientes ha dado origen a una cocina tradicional que conserva recetas que han sido transmitidas de generación en generación y que forman parte de la identidad cultural del departamento.
Entre sus preparaciones más representativas se encuentran el cocido boyacense, la arepa, las empanadas, la changua y el cuchuco de trigo con espinazo, entre muchas otras.

Los amasijos, almojábanas, mantecadas y bizcochos hacen parte de la larga lista de productos imperdibles para degustar en un viaje por esta región y uno de los mejores destinos para probarlos es Saboyá, un municipio ubicado a solo dos horas de Tunja y que encanta con atractivos naturales, perfectos para quienes aman las actividades al aire libre.

El Sistema de Información Turística de Boyacá (Situr) indica que esta oferta se complementa con la llamada arepa cariseca, de trigo y de maíz; el famoso refuerzo que es pan horneado en leña y que en la mitad tiene queso campesino y un trozo de bocadillo, además de la mazamorra de dulce y el queso de hoja.
Otros encantos de Saboyá
Además de su rica gastronomía, en Saboyá los viajeros tienen la posibilidad de vivir otra serie de experiencias. Una de ellas es la ruta de la miel y el polen, así como visitar las cabañas de la vereda Velandia, que evocan un pequeño pueblo boyacense, y los paisajes de páramo, donde habita una nueva especie de frailejón.

La oferta también incluye el glamping Base Lunar, un espacio para contemplar las estrellas, descansar en un pequeño jacuzzi junto al bosque y disfrutar de la tranquilidad del entorno natural.
El recorrido, que se caracteriza por ser tranquilo, se complementa con experiencias que despiertan los sentidos, como el aroma del café preparado en olla de barro sobre leña y el sonido del agua que cae por las cascadas La Chorrera de Garavito, con una altura cercana a los diez metros.

Otro sitio de interés es la Cueva del Mohán, un lugar rodeado de leyendas que, según la tradición local, habría servido de refugio a los indígenas durante la época de la conquista española.
