Viajar por Colombia es para muchos uno de los mayores placeres, y Boyacá es uno de los destinos imperdibles cuando se piensa en unos días de descanso. Ir a esta región es adentrarse en uno de los lugares más auténticos y culturalmente ricos del país, donde la historia y la tradición siguen vivas en cada rincón.
Destinos como Villa de Leyva destacan por su arquitectura blanca, calles empedradas y una de las plazas más grandes de América Latina, lo que convierte a la región en un atractivo permanente tanto para turistas nacionales como foráneos.
Más allá de su valor histórico, Boyacá ofrece una riqueza natural que sorprende por su diversidad. Desde los paisajes de páramo hasta cuerpos de agua como el Lago de Tota, hacen parte de sus encantos, a lo que se suma una deliciosa gastronomía basada en productos locales como la papa, el maíz y la trucha.
Una de esas delicias que con frecuencia se prueba en este destino es la mazamorra chiquita, y uno de los lugares donde este alimento es imperdible es Monguí, el cual hace parte de la Red Turística de Pueblos Patrimonio.

Según el sitio web de esta red, este municipio es ideal para deleitarse con este plato típico de la región cundiboyacense, que se caracteriza por ser una preparación a base de agua, maíz, habas, papas, cilantro, ajo y, como proteína, costilla de cerdo o espinazo, entre otros ingredientes.
Sin embargo, no es la única delicia gastronómica para probar allí. También se consumen mutes de maíz, trigo, cebada y mazorca, mazamorras agrias y dulces, así como cuchucos de trigo y cebada, changua, ajiaco y el típico cocido boyacense. De igual forma, hay colaciones de maíz, bizcochuelos y envueltos de mazorca.

¿Qué se puede hacer en este destino?
Lo mejor de una visita a Monguí es que, además de degustar su rica gastronomía, se pueden conocer lugares que resultan de interés para los viajeros. Uno de los planes imperdibles es la visita a las fábricas de balones, donde se aprecia su elaboración e historia, pues es un arte que ha pasado de generación en generación.

La plaza principal de este pueblo, como sucede en la mayoría de los municipios del país, es centro de las actividades cotidianas de sus habitantes y es uno de los sitios imperdibles, pues allí se aprecia la arquitectura colonial que traslada al pasado mientras se camina por sus calles empedradas.
En el centro del pueblo se encuentra una pila de agua que recuerda cuando en el pasado las personas acudían a ella para abastecerse del líquido y, en contraste, cuatro monumentos de estos tiempos, elaborados en piedra, que ilustran las actividades del municipio: una mujer cosedora de balones, el minero del carbón, el balón de futbol y el busto del padre Alonso Ojeda, párroco distinguido por liderar actividades en pro del bienestar de la población.
