Colombia es un destino ideal para conocer gracias a su diversidad natural, cultural y gastronómica. Los viajeros tienen la posibilidad de recorrer playas en el Caribe y el Pacífico, montañas andinas, selvas amazónicas, desiertos, pueblos patrimoniales y ciudades vibrantes, cada una con una identidad propia.

A esto se suma la calidez de su gente, la riqueza de sus tradiciones, su variada oferta culinaria y una amplia oferta de experiencias que van desde el turismo de naturaleza y aventura hasta el avistamiento de aves, el turismo cultural y el descanso.
En ese mar de posibilidades están los pueblos coloniales o patrimoniales que son reconocidos por su belleza, por sus encantos arquitectónicos y naturales que complementan la experiencia.
Uno de ellos tiene un nombre particular y podría pensarse que se encuentra en alguna de las costas del país, pero no es así; de hecho, está bastante alejado de las mismas.

Se trata de Playa de Belén, ubicado a unos 200 kilómetros al noroccidente de Cúcuta, un lindo lugar que hace parte de la Red de Pueblos Patrimonio de Colombia y que cautiva a sus visitantes por la armonía de su arquitectura colonial, reflejada en sus casas de fachadas blancas, calles empedradas, faroles y materas de barro que conservan el encanto de antaño y lo convierten en uno de los destinos más atractivos de Norte de Santander.

La arquitectura se reconoce por el uso de tapia pisada, cubiertas de caña brava, tejas españolas, amplios aleros, zócalos en rojo colonial y puertas y ventanas de madera, elementos que preservan su identidad histórica.
Información de la red de Pueblos Patrimonio indica que es apodado ‘Pesebre viviente’ y su paisaje, sumado a la riqueza cultural y natural de sus alrededores, lo ha consolidado como un destino ideal para quienes buscan historia, tradición y escenarios únicos en el nororiente colombiano.

El encanto de Los Estoraques
Es un destino con diversidad de atractivos. Uno de los principales es el Área Natural Única Los Estoraques, un paisaje de imponentes formaciones rocosas esculpidas durante miles de años por la acción del viento, el agua y el sol, considerado uno de los escenarios naturales más sorprendentes del país.
Se dice que recorrer Playa de Belén es adentrarse en un mágico rincón donde el tiempo parece haberse detenido. Su centro histórico está conformado por apenas tres calles: la del Comercio o Belén de Jesús, la del Medio y la de Atrás o de San Diego, suficientes para descubrir el encanto de este destino patrimonial.

A este patrimonio se suma el trabajo agrícola de sus habitantes, quienes, mediante sistemas de riego heredados de generaciones anteriores, lograron convertir terrenos áridos en tierras fértiles que hoy exhiben cultivos de cebolla, fríjol, tomate, limón y otros productos que hacen de La Playa de Belén una importante despensa agrícola de Colombia.
