En los últimos años, la percepción social sobre las razas de perros de “cara chata” —esos animales con hocico corto y aspecto simpático— ha cambiado radicalmente. Lo que hasta hace poco era considerado un rasgo estético entrañable, ahora aparece como un factor de riesgo serio para la salud de miles de mascotas en el mundo.
Sin embargo, una investigación difundida en la revista científica PLOS One identificó 12 razas de perros con riesgo de padecer el Síndrome Obstructivo de las Vías Aéreas del Braquicéfalo (BOAS, por sus siglas en inglés). El hallazgo indica que la afección no se limita a razas tradicionalmente asociadas, como los populares bulldogs o carlinos, sino que afecta a un espectro mucho más amplio de lo que se creía.

El estudio, encabezado por la Facultad de Veterinaria de la University of Cambridge con la participación de expertos internacionales, explica que se trata de un trastorno crónico que genera respiración ruidosa y dificultosa, afecta la calidad del descanso y restringe la actividad física, además de reducir la tolerancia de los perros al calor y a situaciones de estrés. En los casos más severos, la enfermedad compromete de manera significativa el bienestar y la calidad de vida del animal.
Entre los factores que agravan el problema se encuentran el sobrepeso, la estrechez de las fosas nasales y una conformación facial excesivamente aplanada. Asimismo, características físicas extremas, como colas muy cortas o enroscadas, podrían estar vinculadas con alteraciones anatómicas adicionales que repercuten en la función respiratoria.

¿Cuáles son las razas con más riesgos?
Los datos muestran que las tasas más elevadas de afectación se concentran en el pekinés y el chin japonés, donde más del 80 % de los perros examinados presentó signos compatibles con el trastorno, con cifras cercanas al 89 % y 82 %, respectivamente.
Estos niveles son comparables a los observados en razas braquicéfalas ampliamente conocidas por sus problemas respiratorios. En un nivel intermedio de riesgo se ubican el King Charles spaniel, el Shih Tzu, el Griffon bruxellois, el Boston terrier y el Dogue de Bordeaux, con entre la mitad y tres cuartas partes de los ejemplares evaluados mostrando manifestaciones clínicas.

El análisis también incluyó otras razas clasificadas con riesgo leve, como el Staffordshire bull terrier, el Cavalier King Charles spaniel, el Chihuahua, el bóxer y el affenpinscher, en las que la respiración ruidosa era frecuente, aunque solo una minoría de casos alcanzaba gravedad clínica relevante.
En contraste, los investigadores no identificaron cuadros clínicamente significativos entre los ejemplares de pomerania ni de maltés analizados, lo que sugiere diferencias marcadas en la susceptibilidad entre razas.

Los investigadores subrayan que variables como la forma del cráneo, el grosor del cuello, el peso corporal o el tamaño de las fosas nasales solo explican parcialmente la aparición del problema. Hasta ahora, la valoración clínica directa de la respiración continúa siendo el criterio más confiable para decidir qué perros requieren tratamiento veterinario o deberían excluirse de programas de cría.
Asimismo, los expertos destacan que cada raza presenta un nivel de riesgo propio, por lo que no existen soluciones universales. Para criadores, jueces de exposiciones y futuros dueños, comprender estas diferencias resulta clave para evitar la reproducción de rasgos perjudiciales y favorecer decisiones que prioricen el bienestar y la salud de los animales.
