En medio del colapso de una ciudad y de un país entero, una mujer común empieza una lucha por tratar de sobrevivir. Dirigida por las cineastas latinoamericanas Mariana Rondón y Marité Ugás, Aún es de noche en Caracas sigue la vida de Adelaida, interpretada por la colombiana Natalia Reyes. Tras enterrar a su madre, regresa a un apartamento que ha sido tomado por una milicia violenta, lo que la obliga a arriesgarlo todo, incluso su identidad, para sobrevivir en una Caracas que se desmorona política, económica y moralmente.
A su lado, el venezolano Edgar Ramírez participa como actor y productor, apostando por un proyecto que traduce la tragedia contemporánea de Venezuela a un lenguaje cinematográfico de suspenso y de horror profundamente humano.

La película, adaptación de la novela La hija de la española, de la escritora venezolana Karina Sainz Borgo, desarrolla temas como la violencia, la escasez y el autoritarismo.
Aún es de noche en Caracas tuvo su estreno internacional en la edición número 82 del Festival Internacional de Cine de Venecia, como parte de la programación oficial de la Biennale Cinema 2025, en la sección Venezia Spotlight, lo que la consolidó como una de las miradas más potentes y actuales sobre la crisis venezolana y, al mismo tiempo, sobre la fragilidad de las democracias en cualquier latitud. SEMANA conversó con Natalia Reyes y Edgar Ramírez a propósito del estreno de la película en Colombia este 5 de febrero.


SEMANA: ¿Por qué es importante seguir apostándole a este tipo de proyectos en el cine?
Natalia Reyes: Es una realidad que los libros de historia, los noticieros y el periodismo se encargan de contarnos los grandes contextos y los hechos; pero creo que la función del cine y del arte es, precisamente, individualizar, personalizar y humanizar: hacer tangible, hacer carne y hueso, hacer voz y hacer imagen de estas cosas que pasan y que afectan realmente a los seres humanos que se levantan, que se enferman, que tienen hambre, que buscan medicinas, que quieren expresarse, que quieren salir y que no están de acuerdo.
Yo creo que esa es la importancia de la película: le estamos contando, a través de la historia de Adelaida —que es muy local, muy puntual y específica—, un sentimiento y una realidad muy relevante y muy humana, y, sobre todo, que nos puede pasar a todos en cualquier momento. Creo que esta película ha conmovido desde que se presentó en Venecia, Toronto y México, en todos los países en los que hemos estado, porque realmente demuestra que todos estamos en una delgada línea en la que, en cualquier momento, llega un gobierno autoritario, sea de izquierda o de derecha, y cambia completamente tu vida.

Edgar Ramírez: Sí, estoy de acuerdo. Esta es la historia de una mujer que, en medio de una ciudad completamente en llamas, una ciudad que se está cayendo a pedazos, donde no hay luz, no hay agua, no hay comida ni medicinas, la gente está hambrienta, enferma y desesperada, sale a las calles a protestar masivamente, y la dictadura despliega las fuerzas armadas, los grupos de choque y los grupos paramilitares para aplastar brutalmente las protestas. Hay muchos muertos, especialmente estudiantes menores de edad; hay mucha gente presa y torturada; la ciudad está absolutamente colapsada.
Esta mujer está enterrando a su madre, quien acaba de morir de un cáncer muy largo, para el cual tuvo que hacer gestiones terribles para conseguir las medicinas: medicinas que estaban vencidas y completamente contrabandeadas. Regresa del cementerio a su casa y se da cuenta de que un grupo armado afín a la dictadura ha confiscado su hogar, ha invadido su apartamento, y ahora le toca esconderse dentro de su propio edificio y comenzar a tomar decisiones muy difíciles, prácticamente imposibles, incluso usurpar la identidad de una de sus vecinas muertas para poder escapar de aquel horror y salvar su vida.

Yo a esta historia que te acabo de contar le quito la palabra Caracas y le quito la palabra Venezuela, y puedo estar hablando de una historia que pudo haber sucedido en Alemania en los años treinta, en Irán en los años setenta, en Bosnia-Herzegovina en los años noventa, en muchos países de Centroamérica en los años ochenta o en Ucrania a partir de febrero de 2022. Hay demasiados lugares en el mundo donde esta historia pudo haber sucedido, y eso es justamente lo que nos impulsó a hacer esta película: como venezolano, poder hablar de la tragedia y de la devastación que han tenido lugar en mi país en los últimos veinticinco años, pero de una manera completamente universal.
Este es un thriller de supervivencia y de horror, con la diferencia de que el monstruo no está debajo de la cama, no es un espectro que atraviesa paredes ni un ente sobrenatural. El monstruo es el soldado que se supone que está para protegerte y ahora te ha hecho su enemigo: te dispara porque sales a protestar por tus derechos a la calle, te encarcela y te tortura. El monstruo es el empleado público que se supone que debe servirte y trafica con tu dolor: te extorsiona, trafica con tus medicinas, con tus documentos y con tu comida. El monstruo es el vecino que se ve, lamentablemente, forzado a delatarte y a traicionarte con tal de poder sobrevivir y salvar su propia vida.
De este modo, vemos cómo este thriller de supervivencia, este thriller de horror, está conformado por víctimas que también se convierten en victimarios y que terminan descubriendo que muchos victimarios también son víctimas de otro monstruo, que es, básicamente, el drama central de los regímenes totalitarios, los cuales terminan destruyendo por completo el tejido social.
SEMANA: Hablemos sobre los retos para lograr esta película, desde las grabaciones en México hasta los acentos...
Edgar Ramírez: Obviamente, fue una película imposible de filmar en Venezuela. De hecho, las pocas secuencias que pudimos filmar allá fueron hechas de manera clandestina, básicamente creamos un guion falso para poder obtener los permisos para poder filmar allí. Es una secuencia muy importante que se filma allí, pero habrá sido como un 5% de la película, 5 o 2% que logramos filmar allá, en una semana de muchísima tensión porque, obviamente, lo estamos haciendo de manera prácticamente clandestina.
Y con relación a México, los jefes de producción de esta película, de los departamentos, son mexicanos, esta película cuenta con una gran cantidad de talento mexicano que se puso al servicio de esta historia, lo cual para nosotros va a ser siempre motivo de un enorme agradecimiento, porque México, al igual que la mayor parte de los países de América Latina, no está corto a una enorme cantidad de talento mexicano que estuvo dispuesto a ponerse al servicio de esta historia urgente que sucede en otro lugar para filmarla en México.

SEMANA: Natalia ¿qué significó para usted este reto actoral y qué sensación le deja como colombiana interpretar este tipo de papeles?
Natalia Reyes: Lo del acento obviamente es el primer reto, el poder honrar con mi trabajo, con mi voz, con mi cuerpo, esa historia de una mujer venezolana que realmente representa a millones de mujeres que han pasado por esto y no solo en Venezuela, sino alrededor de Latinoamérica. Y creo que obviamente se trataba de eso, de también mostrar un poco lo que nos sucede a las mujeres también en medio del conflicto, cómo somos al final siempre las que de alguna manera llevamos una carga adicional, porque somos las encargadas además de la supervivencia de los demás también, del cuidado de los demás.
Lo bonito de la película es precisamente esa gran unión latinoamericana que logramos, que es el resultado de una película que se rueda en México con una actriz colombiana, con el resto de actores venezolanos, con una directora venezolana, otra peruana, realmente esta película está hecha de voluntades latinoamericanas y creo que es divino.
Edgar por ejemplo tiene una carrera maravillosa en Estados Unidos, en Hollywood, unos proyectos espectaculares y realmente el empecinarse en contar esta historia tan personal, tan delicada, tan fácilmente politizable, es un riesgo, es una valentía, es un hecho para aplaudir y yo no solo lo aplaudo, sino que me voy de cabeza a donde él me diga y digo: “Claro que sí, claro que hay que contar esta historia, claro que quiero que también Colombia la vea, claro que quiero que como latinoamericanos podamos contar estas historias, que creo que no hay algo que resuene con nuestros corazones más que estas historias.
Lo maravilloso también de este momento del mundo es que no solo la pudimos rodar, no solo se está estrenando este 5 de febrero en Colombia y el resto de Latinoamérica, sino que sabemos que también va a llegar de muchas maneras a todos los venezolanos y a los 8 millones de venezolanos que están afuera.

SEMANA: Tras la captura de Nicolás Maduro, ¿creen que Aún es de noche en Venezuela?
Edgar Ramírez: Yo quiero creer que estamos en el punto más oscuro de la noche, que por lo general es justo antes del amanecer. Hasta que cada preso político en Venezuela no sea liberado en plena libertad y hasta que esta ley que ha sido recientemente anunciada, de amnistía para todos los presos políticos desde 1999 hasta ahora, con libertad plena, o sea, sin medidas cautelares y sin medidas de presentación especial y con un levantamiento de todos los cargos, hasta que eso no suceda, aún será de noche.

Pero por ahora, creo que la manera más clara y el indicador más claro de que en Venezuela está sucediendo una transición es que todos los presos políticos, sean puestos en libertad plena, sin medidas cautelares, de nuevo, y con completo levantamiento de cargos.
Natalia Reyes: Secundo absolutamente lo que dice Edgar: libertad para los presos políticos y vigilancia. Siento que necesitamos estar muy vigilantes como humanos, como compatriotas, como hermanos, como latinoamericanos, con los ojos abiertos a que esto no solo les está pasando a ellos, nos está pasando a todos y tenemos que darnos la mano, no estar solos. Creo que esta sensación de unidad es la que necesitamos.