Entrevista

Julio Borges, expresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, habla en SEMANA y asegura que “Delcy Rodríguez no representa una ruptura”

El expresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Julio Borges, habló en SEMANA sobre el estado actual en el vecino país tras la caída del dictador Nicolás Maduro y el Gobierno interno.

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31 de enero de 2026, 3:58 a. m.
“El desafío de esta hora es evitar dos trampas: la pérdida de foco democrático y el reciclaje”, dice Julio Borges.
“El desafío de esta hora es evitar dos trampas: la pérdida de foco democrático y el reciclaje”, dice Julio Borges. Foto: Getty Images for Concordia Summit

SEMANA: ¿Cómo ve la actualidad política en Venezuela?

Julio Borges: La veo como un momento bisagra: el cierre de un ciclo de poder sostenido por la intimidación, la corrupción, el crimen, la mentira y la impunidad, y la apertura –todavía frágil– de una oportunidad histórica para recuperar la república. Durante años se quiso imponer la idea de que Venezuela era un país condenado a la resignación, y que la ciudadanía debía elegir entre el silencio o la persecución. Esa lógica se está rompiendo. Quiero subrayar algo esencial: si Venezuela llega hasta aquí, no es por un regalo de la historia ni por un milagro. Llega por el mérito del pueblo venezolano. Por 25 años de resistencia moral, de sufrimiento sin rendición, de millones de personas que sostuvieron a sus familias en medio del colapso, que denunciaron abusos, que se organizaron, que votaron cuando el voto parecía inútil, y que no dejaron que la dictadura les robara la dignidad.

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SEMANA: ¿Cómo ve ese camino a la democracia?

J.B.: También hay que hablar con realismo: la salida de un dictador no garantiza automáticamente un sistema democrático. El desafío de esta hora es evitar dos trampas: la pérdida de foco democrático y el reciclaje. La pérdida de foco democrático es quedarse en la transformación económica sin tener claro que el fin principal es la construcción de una democracia plena. El reciclaje implica que el viejo aparato se reacomoda con otro rostro, ofreciendo “estabilidad” a cambio de impunidad. Por eso lo que viene es decisivo: convertir esta coyuntura en un proceso ordenado, institucional y verificable que devuelva libertades, restablezca la legalidad y lleve al país a elecciones limpias. Si lo hacemos bien, Venezuela entra en un nuevo capítulo. Si lo hacemos mal, el país puede quedar atrapado en una transición falsa.

“El que ha escogido el camino a la violencia es Maduro, nosotros escogimos el camino a los votos, como el 28 de julio”.
Delcy Rodríguez no representa una ruptura con el sistema que destruyó a Venezuela; representa una continuidad. Foto: AFP

SEMANA: ¿Qué piensa de la labor que ha tomado Delcy Rodríguez?

J.B.: Delcy Rodríguez no representa una ruptura con el sistema que destruyó a Venezuela; representa una continuidad. Forma parte del núcleo que administró el poder, la persecución y la propaganda durante años. Por eso, cualquier intento de presentarse como “solución” o “normalización” debe ser mirado con máxima cautela. Dicho esto, es evidente que se intenta proyectar una imagen de gestión y estabilización. Mi posición es clara: Venezuela no necesita un cambio de gerente dentro del mismo modelo. Necesita un cambio de reglas y de instituciones de modo radical. La estabilización económica tiene que venir acompañada de democratización real, o si no termina siendo una forma de prolongar la dictadura: se “abre” lo suficiente para respirar, pero se mantiene la estructura de impunidad y represión. La transición democrática exige algo distinto: libertades, justicia, reinstitucionalización y elecciones limpias. Eso no se logra con cosmética política.

SEMANA: ¿Ve encaminada la transición democrática en Venezuela?

J.B.: La democracia está encaminada en la medida en que veamos hechos verificables, no discursos. La transición real se mide por indicadores concretos: liberación total de presos políticos, fin de la persecución, garantías para el regreso seguro de exiliados, desmantelamiento de estructuras armadas irregulares, libertad de prensa, internet sin bloqueos y una renovación institucional y electoral. Si estos pasos empiezan a ocurrir, Venezuela podrá entrar en un ciclo de reconstrucción democrática. Si se sustituyen por “anuncios” sin cumplimiento, o por un relevo interno del mismo aparato, entonces estaremos ante un reciclaje.

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SEMANA: ¿Cómo ve la gira que ha hecho María Corina Machado en Estados Unidos para reunirse con Donald Trump y Marco Rubio?

J.B.: La veo como un esfuerzo por asegurar respaldo internacional en un momento en el que ese respaldo puede ser decisivo para evitar el cierre autoritario de esta coyuntura. Washington influye en sanciones, en cooperación, en garantías de seguridad y en el marco de verificación. Ignorar esa realidad sería ingenuo. Dicho esto, también hay un punto de fondo: la transición tiene que depender de un compromiso verificable con libertades, justicia y elecciones limpias. Toda interlocución internacional es útil si aterriza en resultados concretos: presos libres, fin de la persecución, desarme de grupos irregulares y un cronograma electoral serio. Venezuela no puede ser espectadora de un juego a dos bandas. El papel de la oposición democrática es meter al país en el centro del proceso, con unidad, con propuesta institucional y con capacidad de organizar la transición desde adentro, no solo de gestionarla desde afuera.

abogado venezolano
Julio Borges dice que la entrega del Premio Nobel por parte de María Corina Machado a Donald Trump es entendida como un gesto hecho de buena fe para expresar gratitud por el apoyo que Venezuela ha recibido en este tramo decisivo. Foto: Guilermo Torres- Semana

SEMANA: ¿Cree que fue correcto haber entregado la medalla del Premio Nobel de Paz?

J.B.: Lo entendemos como un gesto hecho de buena fe para expresar gratitud por el apoyo que Venezuela ha recibido en este tramo decisivo. Fue un acto desprendido de María Corina. Pero hay algo que no debemos perder de vista, y para mí es muy importante: ella también dedicó ese Nobel al pueblo venezolano, porque el verdadero héroe de esta historia es un pueblo que lleva 25 años resistiendo, sufriendo y luchando sin doblegarse: familias partidas por el exilio, presos, asesinados, torturados, perseguidos, jóvenes en la calle, madres sosteniendo hogares, ciudadanos defendiendo la verdad cuando decirla costaba caro. Esa resistencia moral es la que hizo posible este cambio.

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SEMANA: ¿Qué labor puede tener el resto de la oposición, incluyendo exiliados, en este proceso de transición?

J.B.: Una labor enorme y, en muchos sentidos, decisiva. ¡La más importante es poder regresar ya! Porque la transición se sostiene construyendo músculo democrático dentro del país y fuera de él. Ese músculo se llama instituciones, partidos, sociedad civil organizada y ciudadanía activa. El resto de la oposición tiene la responsabilidad de convertir este momento en un proyecto nacional: ayudar a darle certeza al venezolano común sobre lo que viene, defender una ruta institucional y evitar que el país caiga en un limbo donde manden las mafias o donde el poder se recicle con nuevas máscaras. Hoy la meta inmediata es fortalecer tres pilares a la vez: el primero, instituciones públicas con justicia independiente, administración profesional, contraloría real, seguridad ciudadana y un árbitro electoral confiable. Sin instituciones, la transición se vuelve improvisación y el autoritarismo encuentra cómo regresar. Luego son los partidos políticos; no como maquinarias de reparto, sino como instrumentos democráticos capaces de representar, organizar, formar liderazgos, competir con reglas y sostener gobernabilidad. Si los partidos quedan débiles, la política se personaliza y la democracia pierde defensas. Y la sociedad civil con gremios, universidades, organizaciones de derechos humanos, iglesias, empresariado, sindicatos, movimientos comunitarios. Una transición sin sociedad civil fuerte es una transición vulnerable.

Los exiliados, además, somos un puente extraordinario para movilizar apoyo internacional con condiciones democráticas claras, para apoyar técnica y profesionalmente la reconstrucción, para defender el voto en el exterior y para facilitar el regreso de talento y de inversión productiva. El trabajo de toda la oposición es ayudar a que este momento no sea un episodio, sino un nuevo comienzo institucional. La transición se gana cuando el ciudadano deja de sentirse rehén y vuelve a sentirse dueño de su país.