Está a la cabeza de la FIFA desde hace diez años. Gianni Infantino ha multiplicado proyectos que resuenan en el mundo y han causado revuelo en diferentes confederaciones. El anuncio de abrir los eventos de la entidad mundial a la inversión privada (FFE), fue el detonante definitivo que esperaban sus opositores para comenzar una seria campaña para las elecciones del 2027, no sin antes exponer las debilidades del ítalo-suizo.


El proyecto de FIFA Forward Enterprise finalmente fue abortado por el mismo Infantino, viendo la avalancha de críticas que cayeron por sus frías intenciones de atraer a inversores privados, lo que supondría un riesgo de gobernanza de la entidad. El que el dirigente podría haberse quemado antes de tiempo, más que la UEFA aprovechó para ganarse una porción de las votaciones.
Pareciendo como intocable, el dirigente de 56 años de edad, está ahora en el punto de mira de la UEFA, la confederación europea que consideró su proyecto como “mal hecho”. La entidad europea se considera la más fuerte en el mundo y su voz hace eco en los pasillos de la FIFA. El FFE no fue más que un agite de las aguas que anuncia una guerra fría por el máximo trono.
Su reelección corre peligro
Y ya hay aires que lo hacen palpable. Por ejemplo, a comienzos de semana, la federación galesa y sueca anunciaron que no apoyarán a Infantino en las próximas elecciones a la presidencia de la FIFA, que se celebrarán en Marruecos el próximo mes de marzo y para las que es el único candidato por el momento.

Eso en Europa está cambiando el rumbo y la UEFA comienza la carrera por atraer votantes en otras confederaciones. Precisamente, su presidente, el esloveno Aleksander Ceferin, toma fuerza como el nuevo candidato y el llamado a destronar a Gianni Infantino del máximo lugar de la FIFA. Las intenciones de atraer privados no fue bien visto en el mundo y podría ser su bandera de campaña.

Unos posicionamientos inéditos e inimaginables que hacen de esto un verdadero mano a mano. Hace menos de dos semanas, terminó el Mundial 2026 que ganó España con nuevo formato y 48 equipos participantes. Esto parecía haber reforzado el dominio de Infantino en el fútbol mundial, pero el mismo Ceferin no se dejó ver por Norteamérica en muestra de rechazo con algunos puntos.
Los excesos castigan a Infantino
“Restaurar la imagen de la FIFA” y “hacer que el fútbol sea realmente mundial”: la ambición del ítalo-suizo queda resumida en esas dos frases, por las que pretendía convertirse en un garante de la integridad y de la igualdad de oportunidades en el deporte más popular del mundo, casi por encima de todo.
Sin los escándalos que hicieron caer a finales de 2015 a su predecesor Joseph Blatter y al expresidente de la UEFA, Michel Platini, quien parecía tener asegurado suceder a Blatter, pocos expertos habrían apostado por este jurista sin pasado deportivo para dirigir la instancia con sede en Zúrich.

De moverse en las sombras a perder miedo a los focos, rozando la extravagancia, ya sea despejando las críticas sobre Derechos Humanos antes del Mundial 2022 en Qatar, evocando haber sido “discriminado” en la infancia por ser italiano en el cantón suizo de Valais, o diciendo haberse “inspirado”, durante la apretada campaña electoral de la FIFA 2016, “por la manera en la que Ruanda volvió a levantarse” del genocidio de 1994.
El pasado mes de diciembre, en el sorteo del Mundial, sustituyó incluso a la fundación Nobel sacándose de la galera un Premio de la paz de la FIFA con el que ganar puntos ante Donald Trump.
Sus vínculos con el mandatario estadounidense han sido criticados, especialmente luego de que la FIFA levantase la suspensión al atacante Folarin Balogun en octavos de final del Mundial 2026, una medida en la que Trump presumió de haber intervenido.
El populismo ahora parece hacerle daño
Pese a ello, Infantino no pareció debilitarse y tomó más fuerza que le dieron confianza en sus ambiciosos proyectos. Ni siquiera las otras polémicas surgidas a lo largo del Mundial 2026, como la imposición de las pausas de hidratación, con gran impacto económico para los anunciantes en la televisión.
Pero el anuncio de querer abrir las puertas a inversores privados parece haber sido un punto de inflexión muy fuerte que amenaza ahora con hacer caer a quien parecía intocable hasta no hace mucho. Todo su castillo se está viendo derrumbado por una jugada excelsa que pinchó su globo totalmente inflado y confiado.
La oposición no ha cesado de crecer, incluso en su círculo íntimo, como demostró la dimisión de su consejero principal, Carlos Cordeiro.
Ceferin vs. Infantino
De otra parte, la UEFA recurrió a su arma definitiva ya mencionada: una amenaza para boicotear el próximo mundial. Tiene nombre y apellido. El esloveno Aleksander Ceferin.
El dirigente mantiene unas frías relaciones con Infantino y calificó de “populista” la manera en la que el patrón de la FIFA presumió de su proyecto de Mundial cada dos años en 2021, idea que fue abandonada pocos meses más tarde de forma contundente.
Este es uno de los pocos proyectos a los que Infantino ha renunciado del todo, después de haber logrado ampliar el Mundial de 32 a 48 equipos, no en 2022 como deseaba, pero sí durante la edición 2026.
Por si fuera poco, Gianni pretende ir más allá, aumentando a 64 selecciones para 2030, donde todo estaba encaminado hasta hace días, pero eso ahora también puede irse por el abismo.
Otra cosa por sumar, el año pasado inauguró su ansiado Mundial de Clubes de 32 equipos, por primera vez en la historia, que ganó el Chelsea de Londres. La ecuación es simple. Las competiciones ampliadas permiten que la FIFA aumente considerablemente sus ingresos.
Y en su voluntad por “hacer que el fútbol sea realmente mundial”, Infantino redistribuye una fuente de esos ingresos a las federaciones nacionales, especialmente a las más pobres, otra forma de consolidar su puesto en la cabeza de la FIFA.

Queda sólo por saber si esos apoyos bastarán para que mantenga su puesto, ya que Infantino nunca jamás ha parecido tan debilitado en el trono del fútbol mundial.
