En un giro poco habitual dentro del sector empresarial colombiano, Alquería decidió medir algo que rara vez aparece en los balances corporativos: la pobreza en su propia cadena de valor.

La compañía láctea puso cifras a las condiciones de vida de quienes hacen posible su operación, desde productores hasta recicladores, con resultados que evidencian avances, pero también profundas brechas.
El análisis, basado en la Encuesta de Hogares Alquería (EHA 2025) y con metodologías comparables a las del DANE, permite entender cómo se distribuyen las condiciones económicas dentro del negocio.
Uno de los datos más destacados se encuentra en los productores de leche. En este grupo, la pobreza monetaria alcanza el 30,1%, una cifra inferior al 44% registrado en la ruralidad colombiana.
Esta diferencia equivale a cerca de 1.000 personas que hoy están por encima de la línea de pobreza frente al promedio del campo. Además, el 69,9% de estos productores logra cubrir una canasta básica mensual, lo que evidencia una mejora en la capacidad de generación de ingresos.
No obstante, las brechas estructurales persisten. La pobreza multidimensional en este grupo se ubica en 7,4%, lo que refleja carencias en aspectos como vivienda, acceso a agua y saneamiento. Es decir, aunque los ingresos mejoran, no necesariamente se traduce en mejores condiciones de vida.

El contraste más fuerte aparece en los recicladores. Allí, el 82% vive en pobreza monetaria y el 64,4% en pobreza extrema, lo que los convierte en el eslabón más vulnerable dentro de la cadena. Este grupo evidencia que la integración productiva no siempre garantiza inclusión económica real.

En el caso de los distribuidores, la pobreza monetaria es significativamente menor, con un 10%, aunque el panorama no es completamente favorable. El índice de confianza económica se ubica en 41,5 sobre 100, lo que refleja incertidumbre sobre la estabilidad de sus ingresos.
Entre los colaboradores de la compañía, el 19,2% se encuentra en condición de pobreza, una cifra que pone sobre la mesa una discusión relevante: el empleo formal no siempre es suficiente para garantizar bienestar.
La dimensión del impacto es considerable. Actualmente, 6.411 productores hacen parte de la cadena de valor de Alquería, que durante el último año realizó compras de leche por más de 740.805 millones de pesos.
Además, la compañía destinó más de 50 mil millones de pesos a inversión social y ambiental en 2025, consolidando una estrategia que busca ir más allá del negocio.
Este ejercicio marca un cambio en la forma en que las empresas entienden su rol. Más allá de ventas o participación de mercado, la medición de condiciones de vida introduce una nueva variable en la discusión empresarial.

En un país donde la pobreza sigue siendo uno de los principales retos, este tipo de iniciativas abren una pregunta de fondo: hasta qué punto el sector privado puede convertirse en un actor clave en la reducción de las brechas sociales.
Porque, al final, el crecimiento no solo se mide en cifras financieras, sino en la capacidad de transformar realidades.
