Después de varios años difíciles para el consumo de leche y derivados en Colombia, el sector lácteo empezó a mostrar señales de recuperación. Sin embargo, detrás de ese repunte persiste uno de los problemas estructurales más complejos de esta cadena: la alta informalidad, que sigue absorbiendo cerca de la mitad de la producción nacional y limita la competitividad, la trazabilidad y la posibilidad de conquistar mercados externos.
Ana María Gómez, presidenta de Asoleche, gremio de los industriales lácteos, explicó que en Colombia hay dos cifras clave para entender el verdadero tamaño del sector: la producción total y el acopio formal. La primera corresponde a la leche que se estima que producen las vacas en el país; la segunda, a la que entra al circuito formal, es comprada por la industria y se registra ante el Ministerio de Agricultura bajo el precio oficial.

Según Gómez, la producción total de leche en 2025 estuvo alrededor de 8.400 millones de litros, con un crecimiento cercano al 9 % frente a 2024. No obstante, el acopio formal llegó a unos 3.500 millones de litros y creció apenas el 2,7 %. Esa brecha evidencia que buena parte del aumento de la producción terminó en canales informales.
“El sector lácteo colombiano lamentablemente presenta unos índices de informalidad altísimos”, reiteró la dirigente gremial. Esa situación, agregó, no solo afecta a la industria formal, sino también a los productores, pues quienes venden por fuera del sistema regulado pueden recibir menores precios y quedan al margen de prácticas de inocuidad, higiene, trazabilidad y formalización laboral.
Para Asoleche, el problema no debe leerse únicamente como una decisión deliberada de incumplir la ley. Gómez advierte que muchos pequeños productores permanecen en la informalidad porque no encuentran suficientes incentivos para dar el salto al sistema formal. Formalizarse puede significar recibir un mejor precio por la leche, pero también implica asumir costos laborales, cumplir requisitos sanitarios y adaptarse a reglas que no siempre son fáciles para productores pequeños o dispersos en regiones apartadas.

Sube el consumo, pero…
La recuperación del consumo aparece como una noticia positiva en medio de ese panorama. En 2025, el consumo de leche y derivados creció el 3,5 %, la mejor cifra de los últimos cuatro años, después de caídas que llegaron a ser del 6 % y el 9 %. En lo corrido de 2026, la tendencia se mantiene, aunque de forma más moderada, con un crecimiento cercano al 0,5 % y una expectativa de cerrar el año alrededor del 4 %.
La explicación para las dificultades que enfrenta el consumo de leche no está solo en el bolsillo de los hogares. Aunque el encarecimiento de los alimentos sí golpeó la demanda, Asoleche encontró, a partir de un estudio realizado con el Ministerio de Agricultura, que uno de los factores que más incidió en la reducción del consumo fue la influencia de recomendaciones de redes sociales y de personal médico que sugieren eliminar lácteos sin que medie necesariamente un diagnóstico clínico.

Gómez sostiene que esa tendencia afectó la percepción de los consumidores sobre la leche, en especial por mensajes asociados a diferentes enfermedades que son atribuidas a una supuesta intolerancia a la lactosa sin hacer ningún tipo de examen que lo corrobore. Por eso, parte de la estrategia del sector ha estado orientada a recuperar la confianza del consumidor y a insistir en el papel nutricional de los lácteos dentro de una dieta balanceada.
La innovación también ha ayudado. En los últimos años, la industria ha ampliado su portafolio con yogures griegos, kéfires, quesos especializados y productos asociados con el bienestar y la nutrición. Esa diversificación ha permitido conectar con nuevos hábitos de consumo, especialmente en segmentos urbanos que buscan alimentos funcionales, prácticos y con mayor contenido proteico.

Desempeño regional
El sector lácteo no opera de forma homogénea en todo el país. Antioquia se mantiene como el mayor productor de leche de Colombia y, además, presenta niveles de formalidad cercanos al 94 %, una cifra excepcional frente al promedio nacional. Para Gómez, ese departamento es una referencia por su capacidad de articular producción, procesamiento formal y desarrollo empresarial.
En contraste, regiones como Arauca, Casanare, Meta, Caquetá y otros departamentos de la Orinoquía tienen una producción importante, pero con bajos niveles de registro formal. El caso de Arauca resulta ilustrativo: Asoleche estima que allí se produce cerca de un millón de litros diarios, pero solo se reporta formalmente una fracción mínima. Esa diferencia muestra una oportunidad enorme para el desarrollo regional, especialmente por su cercanía con Venezuela y el potencial de abastecer nuevos mercados.

La informalidad también se expresa en el destino de la leche. En zonas apartadas, buena parte de la producción que no entra al acopio formal termina convertida en quesos artesanales. Esto ocurre porque la leche es un producto altamente perecedero. Transformarla en queso permite conservarla por más tiempo, pero también dificulta medir con precisión el verdadero consumo y la calidad sanitaria de esos productos.
De ahí que uno de los grandes desafíos del sector sea mejorar la información. Asoleche creó el Observatorio Colombiano de la Industria Láctea, Ocilac, con el fin de producir datos sobre precios, volúmenes, costos de insumos, transporte, competitividad regional y condiciones de la cadena. La herramienta busca ayudar a productores, industriales y autoridades a tomar mejores decisiones.

El reto de fondo es convertir la producción regional en una cadena más formal, competitiva y con mayor valor agregado. Para ello, Gómez considera clave mejorar la calidad composicional de la leche, elevar la productividad de los pequeños productores, fortalecer la trazabilidad, reducir la informalidad y diseñar modelos de negocio sostenibles para iniciativas como pulverizadoras o plantas de transformación.
El sector lácteo representa alrededor del 12 % del PIB agropecuario y genera cerca de 200.000 empleos directos. En Asoleche también se alistan para realizar el Congreso Internacional de la Industria Láctea, del 8 al 10 de julio de 2026, en Plaza Mayor, Medellín. Lo harán en asocio con la Federación Panamericana de la Lechería, un gremio que agrupa a representantes del sector lácteo desde Canadá hasta Argentina.
Bajo el lema “El futuro se escribe con leche”, el Congreso pondrá en el centro de la conversación el papel de los lácteos en la nutrición humana y su contribución a sistemas alimentarios más sostenibles, accesibles y saludables.
