Colombia terminó 2025 con una diferencia negativa de 10.883 millones de dólares en su balanza de pagos, dado que fueron más las divisas que ingresaron al país que las que salieron por todo concepto. Esa diferencia se conoce como el déficit de cuenta corriente, el cual, con esa cifra, llegó al 2,4 % del PIB, un dato superior en 0,7 puntos porcentuales al registrado en 2023.
Según el Banco de la República, ese hueco de 10.883 millones de dólares se originó en el hecho de que las importaciones superaron a las exportaciones en 14.832 millones de dólares, una cifra que, de nuevo, es superior a la de 2024, cuando el déficit comercial fue de 9.156 millones de dólares.

Si bien el año pasado crecieron las exportaciones de café, productos industriales —especialmente químicos y alimentos— y oro, las menores ventas de petróleo crudo y carbón frenaron el desempeño de las exportaciones. Eso permitió que el impulso de las importaciones fuera mayor. Del exterior se trajeron principalmente bienes de consumo e insumos para la industria.
Un informe del Banco de Bogotá señala que el país está viviendo una reconfiguración de su canasta exportadora, la cual cada vez depende más de las remesas, el turismo y el café que del petróleo y el carbón, algo sin precedentes recientes. “Las ventas externas de petróleo totalizaron 12.369 millones de dólares, su nivel más bajo desde 2020; la entrada de remesas sumó 13.098 millones, un máximo histórico. A su vez, las exportaciones de turismo fueron de 9.427 millones de dólares, superando las ventas de carbón (4.898 millones), que, de hecho, también fueron superadas por las ventas de café (5.788 millones de dólares)”, explican en la entidad financiera.
Los economistas del Banco de Bogotá también señalan que la reconfiguración de la canasta exportadora se ha dado a costa del debilitamiento de un sector clave para la economía, como lo es el mineroenergético. “Como resultado, las exportaciones de bienes completaron tres años estables sobre 50.000 millones de dólares, mientras las importaciones continuaron en ascenso. De allí el deterioro de la posición externa del país”, insisten.
Además de las remesas, el déficit de cuenta corriente fue financiado en 2025 con la inversión extranjera directa, concepto por el cual ingresaron al país 11.469 millones de dólares, principalmente para servicios financieros y empresariales, minería y petróleo, industria manufacturera, comercio y hoteles, electricidad, transporte y comunicaciones, entre otros.

Si bien esos 11.469 millones de dólares equivalen al 2,5 % del PIB anual, también son un 16,2 % menos de lo que ingresó en 2024 por inversión extranjera directa.
Para María Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara Colombo Americana, AmCham Colombia, el comportamiento de la inversión extranjera implica que se está enfriando el voto de confianza en Colombia.
“Esto no es solo una cifra: son menos oportunidades. La caída es fuerte en sectores que más empleo generan: financieros/empresariales -15 % (bajó de 4.246 millones de dólares en 2024 a 3.613 millones en 2025) y comercio/hoteles -42,3 % (1.104 millones). En una región que compite por el mismo capital, la confianza se mide en dólares que entran: el costo lo pagan los ciudadanos con menos empleo, menor crecimiento y menos recursos sociales”, advirtió la dirigente gremial.
Desde Credicorp Capital agregan que el déficit de cuenta corriente se ampliaría en 2026 a un 3,1 % del PIB, debido al actual deterioro fiscal. Por eso, consideran que es un indicador que se debe monitorear de cerca debido a sus posibles repercusiones en las cuentas externas y porque es una variable de interés clave para los inversionistas.
