El 1 de mayo, Barranquilla fue escenario de una multitudinaria celebración que reunió a más de 30.000 personas en torno a la música, pero también a una narrativa empresarial disruptiva en el país. El concierto encabezado por J Balvin marcó el lanzamiento en vivo de El Sabor de Creer, la nueva campaña de Grupo Nutresa, una iniciativa que busca instalar un mensaje de optimismo en la vida cotidiana de los colombianos.


La noche, cargada de energía desde las 8 de la noche, dejó ver a un público diverso: familias completas, jóvenes seguidores del artista y asistentes atraídos por la magnitud del evento. En tarima, J Balvin ofreció un repertorio que incluyó algunos de los temas más representativos de su carrera, entre ellos Mi Gente, canción que fue adaptada especialmente para la campaña y que funcionó como hilo conductor del mensaje. El show del paisa fue un homenaje completo a la historia del reguetón con clásicos del género así como con un repertorio de invitados que acompañaron las casi cinco horas de espectáculo.


Llane, exintegrante de Piso 21, Yandel, Juan Duque, Migue Bueno, Vaech, Tito el Bambino, Totoy el frío, Rayo y Toby y Hamilton fueron algunos de los más de 20 invitados con los que contó el concierto de J Balvin.
Como voz oficial del video de la campaña de Nutresa, J Balvin aseguró en medio del concierto, “un pequeño gesto cotidiano tiene el poder de devolvernos la fe. Por eso me emociona ser la voz que comparte el propósito de esta campaña”.


Detrás del concierto hubo una estrategia que, por su escala, no tiene precedentes dentro de la compañía. Se trata de la primera campaña multimarca de esta magnitud en más de 100 años de historia de Nutresa, en la que 17 de sus marcas más icónicas se articulan bajo un mismo mensaje. Más de 25 presentaciones de productos cambiarán temporalmente su empaque para incluir frases asociadas al concepto de “creer”.


El despliegue no fue menor. La compañía ha intervenido más de 30 millones de empaques que circularán en todo el país, en una apuesta que también representa la inversión en medios más grande en la historia del grupo.
En palabras de Jaime Gilinski, CEO de la organización, el objetivo es trascender la lógica comercial: “Nuestra historia de más de un siglo nos ha enseñado que el ingrediente principal del progreso es la fe en nosotros mismos. Hoy, nuestras marcas se visten de mensajes positivos para recordarnos que el sabor que nos une es el de creer”.


La elección de J Balvin como figura central de la campaña responde a esa intención de conectar con un relato de alcance global. Su trayectoria, que ha llevado el reguetón colombiano a escenarios internacionales, encarna la idea de que el talento local puede competir en las grandes ligas.
En ese sentido, su participación no se limita al concierto en Barranquilla, también es la voz del video oficial de la campaña, una producción que implicó más de 80 horas de rodaje, cinco unidades trabajando en simultáneo y un equipo humano que incluyó decenas de modelos, extras y locaciones en distintas regiones.

Para María Elisa Botero, CMO de la compañía, el valor de la iniciativa radica en su capacidad de insertarse en la cotidianidad. “Nuestras marcas son parte de la cultura de las familias colombianas. Hoy, al cambiar millones de empaques, convertimos productos de todos los días en un mensaje de optimismo que llegará a cada rincón del país”, afirmó.

Ese alcance cotidiano se sustenta en cifras contundentes: las marcas de Nutresa acompañan a 8 de cada 10 hogares colombianos al año. En un solo día, por ejemplo, se consumen millones de productos que forman parte de la rutina nacional: desde tazas de café hasta galletas, chocolates o alimentos procesados. Esa presencia masiva es, precisamente, el vehículo para amplificar el mensaje de la campaña.
El contexto tampoco es casual. La estrategia se proyecta hacia eventos de alta carga emocional como el Mundial de 2026, entendido por la compañía como una oportunidad cultural para reforzar la conexión entre marcas y consumidores. En ese escenario, el “sabor de creer” busca posicionarse como un relato colectivo que trascienda el consumo.

El concierto en Barranquilla, que contó con la presencia de invitados del sector empresarial, aliados estratégicos y figuras públicas, funcionó como punto de partida de esa narrativa. Más allá de la puesta en escena, con activaciones y experiencias de marca, lo que se evidenció fue un intento por construir un discurso empresarial más cercano a lo simbólico que a lo transaccional.
Al cierre de la noche, con miles de asistentes coreando las canciones de J Balvin, el mensaje parecía claro: en un país que ha sorteado históricamente con muchas dificultades, apostar por el optimismo también puede convertirse en una estrategia de negocio. Una que, al menos por ahora, logró convocar a decenas de miles de personas alrededor de una idea sencilla, pero poderosa: creer.
