SEMANA: Esta semana, el mundo casi que estuvo ad portas de una tercera guerra mundial cuando el presidente Trump anunció que “toda una civilización” sería destruida. ¿Cómo se llegó a esa situación?
Camilo Reyes: Es el resultado de un deterioro del multilateralismo, cuyo momento estelar se produjo a partir de 1945, después de la Segunda Guerra Mundial, con la creación del sistema de las Naciones Unidas y de otros sistemas.

Todo este marco le generó a la humanidad una estabilidad relativa por más de 70 años. Y es el deterioro reciente del multilateralismo lo que está abriendo una especie de caos en el ámbito de las relaciones internacionales. Parecería que echamos para atrás y que hay como una aceptación de que cualquier decisión, cualquier prioridad, cualquier preferencia es válida por encima de esas normas que se crearon con tanto esfuerzo y con tanta paciencia y determinación.
No va a ser fácil reconstruir lo que ahora se está destruyendo y estamos viendo unas expresiones en la política exterior gravísimas.
SEMANA: ¿A qué se refiere?
C.R.: A que se creó la idea de que se pueden violar las normas internacionales. Estoy hablando en términos muy generales, pero, por ejemplo, hemos visto el desmonte de los regímenes que se fueron construyendo para la preservación de la naturaleza o el mismo sistema de las Naciones Unidas.
O, por ejemplo, un sistema como el TNP, el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, que, para decirlo en términos muy coloquiales, es un bien público global. Es valiosísimo y, si se rompe, va a tener consecuencias desastrosas para la humanidad.
Los que hemos estudiado esos sistemas hemos aprendido: es muy difícil construirlos, es relativamente fácil destruirlos y, en el actual escenario internacional, es realmente casi que imposible pensar en que se pueden reemplazar.

SEMANA: Es claro que el presidente Trump es el protagonista de este desmonte del multilateralismo. Por cuenta de ello, Estados Unidos ha actuado en países como Venezuela y ahora en Irán. ¿Por qué Irán es hoy el objetivo de la Casa Blanca?
C.R.: Primer elemento: la capacidad militar de dos países enemigos. Israel, por múltiples razones históricas, religiosas, culturales y territoriales, es un enemigo de Irán. Israel tiene bomba atómica, ese es el conocimiento popular de la realidad y, en cambio, su enemigo, Irán, por múltiples razones difíciles de explicar, no tiene bomba atómica.
Israel ha manifestado en más de una ocasión que sería su deseo que Irán desapareciera. Irán ha contestado algo muy parecido. Entonces, el objeto de la existencia es lograr la victoria sobre el enemigo.
Irán siempre ha sostenido que, para tener un equilibrio en la región y el respeto a la existencia de los dos países, Israel debería cumplir con el desarme nuclear. Ahí tenemos, digamos, un primer elemento sumamente complejo, porque Irán, sin justificación, asegura que también tiene derecho a tener armas nucleares.

SEMANA: ¿Qué otros elementos hay?
C.R.: El segundo factor es que la primera potencia mundial es la principal aliada de Israel. Entonces, Irán siente de su lado que hay dos factores que lo ponen en franquísima desventaja frente a su principal enemigo. Y lo repito, es muy largo de explicar, pero es una enemistad que tiene razones históricas, territoriales y religiosas, tal vez las más agresivas.
A eso hay que agregarle que el mundo, en un esfuerzo monumental que fue reconocido con un Premio Nobel de la Paz, logró construir el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. Se negoció en 1968 y entró en vigor en 1970, hoy tiene 184 países firmantes y resulta que Israel no forma parte de ese tratado, mientras que Irán sí.
Con esos elementos principales, uno puede entender por qué esa contradicción se vuelve tan aguda y, desafortunadamente, estalla una guerra anunciada. Hoy tenemos un resultado terrible desde el punto de vista humanitario: una guerra en la cual un país amenaza con aniquilar una civilización entera, como la persa.
SEMANA: ¿Cómo lee la situación de esta semana?
C.R.: Cuando se lanzó la guerra, el Gobierno de Estados Unidos, el pasado 28 de febrero, dijo que sus objetivos principales eran destruir la capacidad militar de Irán, porque consideraba que había una amenaza para sus intereses, incluyendo su capacidad misilística.
Después, que necesitaba anular en forma segura y definitiva la posibilidad de que se construyeran armas nucleares, cuya materia prima es el uranio enriquecido. Se sabía que Irán ya estaba en poder de aproximadamente 900 libras de uranio enriquecido, con las que se pueden hacer bombas atómicas.

Luego, se dijo que el último propósito era lograr un cambio de régimen en Irán, porque fue de conocimiento público el tipo de represión que se estaba dando en este país en las manifestaciones.
Desafortunadamente, lo que se puede constatar hoy día es que estamos en guerra, hecha excepción de una tregua que parece estar hoy en altísimo riesgo.
SEMANA: ¿Por qué la tregua es tan débil?
C.R.: Porque hay un desacuerdo sobre si esta incluye al Líbano. Entonces, los iraníes están diciendo que la tregua sí incluía al Líbano, y resulta que Estados Unidos está diciendo que no lo incluía.
¿Por qué? Porque Israel, el principal aliado de Estados Unidos, como país bajo el régimen del señor Netanyahu, bombardeó en las últimas horas al Líbano y generó 250 muertos civiles, con el propósito, hay que decirlo, de perseguir a un grupo respaldado por Irán que es terrorista, que se llama Hezbolá.

SEMANA: ¿Cuál puede ser el desenlace de esto? ¿Una guerra de enormes proporciones?
C.R.: Sí. Yo, desafortunadamente, soy muy escéptico en relación con la posibilidad de que, en realidad, en dos semanas se encuentre una verdadera solución. Lo que me temo, y lo temo para la humanidad en términos generales, es que, incluso si esa conflagración no llega a ser lo que imaginamos como una tercera guerra mundial, sí va a generar muchísimas víctimas.
No solo porque muy probablemente algunos países recurran al terrorismo, que está basado en la victimización de civiles, esa es la esencia del terrorismo, sino porque, si no se encuentra una solución en estas dos semanas, esa guerra va a tener una expresión terrorista muy prolongada en el tiempo.
SEMANA: ¿Qué pasaría?
C.R.: Va a afectar no solo durante muchos años a muchos países, sino también la posibilidad de que todo el sistema multilateral logre funcionar y crear consensos. Es un deterioro muy agudo de lo que construyó la humanidad durante muchos años, con enorme dificultad. Y esperamos que a nadie se le ocurra utilizar un arma nuclear.
La humanidad tiene el gran reto de que la tregua no se rompa. Hay que decir también que hay siete países más que de alguna manera ya están involucrados. Irán ha encontrado que la utilización de su capacidad militar la ejerce a través de vecinos aliados o amigos de Estados Unidos.

SEMANA: Usted dijo que el tema religioso es el más extremo. ¿Por qué?
C.R.: Irán es un país chiita. El islam está dividido en muchas facciones, pero principalmente entre chiitas y sunitas. La mayoría de los países cercanos a Irán son sunitas, que representan el 85 por ciento del islam, mientras que los chiitas son el 15 por ciento, concentrados en Irán. Ese es otro factor que convierte a Irán en un país aislado, en desventaja, donde la tentación de recurrir a las armas y al terrorismo se multiplica.

SEMANA: ¿Qué efectos habrá en Colombia?
C.R.: Por desgracia, históricamente ha habido razones para preocuparse en América Latina, una zona libre de armas nucleares. Sin embargo, hubo publicaciones, no confirmadas del todo, que sugerían que Irán habría transferido uranio enriquecido al régimen chavista.
Eso muestra cómo el quiebre de los acuerdos internacionales puede tener un costo enorme para regiones enteras y para la humanidad. Pero Colombia también puede verse afectada por esta crisis, por ejemplo, con el cierre del estrecho de Ormuz, que está teniendo consecuencias graves en el mercado energético. En un mundo tan interconectado, es muy difícil aislar un conflicto de sus efectos globales.
